sábado, 2 de junio de 2007

Ma il duro inverno non dura eterno ¿rinverdiró?

El título de este post no sé si es una broma familiar o responde a algo, mi padre lo repetía en tono guasón para burlarse de quienes necesitaban saber qué temperatura hacía para sentir frío o calor, y de quienes se dejaban influenciar por el clima en sus estados de ánimo. Está claro que era, o aspiraba a ser, un ser excepcional. La mayoría del resto de los mortales nos dejamos influir por miles de cosas, entre otras el clima.


Esta mañana ha amanecido un día claro y cálido, después de muchos días de viento, nubes y fríos. No sé si durará mucho (el tiempo está cada vez más loco), pero ¡es tan agradable el calorcito de sol (aunque tenga efectos nocivos) en la espalda!

Aprovechar el sol para meter las manos en la tierra, arrancar algunas hierbas, transplantar el aloe.... La tierra y los demás seres vivos están siempre ahí, esperándonos. En ellos yo recobro una parte mi naturaleza, que es fácil y cómoda y regenera mis neuronas y mis nervios.

El lunes habrá que volver a otra clase de tareas, mucho menos inmediatas en devolver felicidad. Pero hoy y mañana aún puedo jugar a que soy un ente natural, que disfruta la tierra, el sol o el viento

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