martes, 5 de junio de 2007

Toda la belleza...

Toda la belleza del mundo no me justifica una sola de las injusticias que veo cometer, cómo se perpetran tremendas arbitrariedades, y se deja sin recompensa a la gente que más honrada e inteligentemente trabaja.

No es ninguna novedad, como es bien sabido la historia de la infamia es enorme y tiene capítulos tan terribles que parecen disculpar las pequeñas, las míseras mezquindades de todos los días. Pero ningún campo de concentración hace menos virulenta cualquier injusticia supuestamente menor y aunque existan distintos niveles, la esencia de lo injusto es idéntica en el hecho de no agradecer y compensar el trabajo bien hecho que en otros delitos considerados más graves. Supone que no tenemos en consideración a otro ser humano, que no nos ponemos en su lugar, que no somos capaces de experimentar ninguna empatía hacia él.

Es cansado trabajar, como dice la obra de Pavese Lavorare stanca, pero sobre todo es cansado poner un día detrás de otro, un madrugón junto a otro y sumar rutina tras rutina.

Por eso quiero regalaros unos libros y unas flores
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