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domingo, 1 de febrero de 2009

Nieve, nieve, nieva.


El final del año pasado y la entrada de éste han estado llenos de nieve. Parece como si de golpe hubiéramos entrado de nuevo en la era glaciar, y en cualquier momento pudiéramos ver aparecer mamuts por la A6. Como dice C., estamos necesitando ya una buena "bofetá de calor". Y una dosis importante de luz del sol, porque la nieve, que es hermosa hasta decir basta, implica un cielo cerrado "panza de burra" que nos hace replegarnos mucho en nosotros mismos, en nuestras "casas guaridas", en el silencio que la envuelve.
Esta mañana la nieve está cayendo inmisericorde desde primeras horas y la inicial capita es ahora (dos de la tarde) un manto pesado y gordo que lo envuelve todo. Si en el paseo mañanero el cuerpecillo de Coco (un yorkshire) temblaba cubierto por los copos, ahora tiene bastante posibilidades de quedar sepultado completamente.
Con nieve y en domingo, todo se ralentiza y la vida se queda en suspenso, aunque no pasen quita nieves por esta carretera secundaria no pasa nada, solo que apenas hay tráfico y que se detiene el mismo fluir del tiempo, empantanado en la nieve. Ni siquiera importa mucho que la nevada haya impedido que la señal de televisión llegue, a pesar de la final del Open de Australia.
Mañana será otra cosa, mañana todo tiene que funcionar, y habrá que patinar en la nieve o en l hielo y sacar los coches, y que el tren funcione. Porque habrá que trabajar y no podemos permitirnos otro colapso como el ocurrido ya hace casi un mes, el pasado día 9. Y es cierto que el año que empieza se ve difícil, con dificultades económicas, más el frío (que implica un gasto del que es difícil prescindir, el de la calefacción) y más las disputas políticas sobre la solución de todas las crisis.
Pero como tenemos que seguir adelante en nuestra búsqueda de la felicidad, pues lo haremos disfrutando de lo que podamos: de la nieve cayendo y su hermosura blanca, de la chimenea y la lectura, que además son baratas.

viernes, 19 de diciembre de 2008

Tres libros, tres

Hace mucho que no hablo de lo que leo y hoy, que me he tomado el día para comprar algunos regalos, aprovecho para hablar de los últimos títulos que he leído.
Empiezo con uno de Mankell, La pirámide, que he leído en inglés, y no sé ha sido por leerlo así o por su estructura dividida en varias historias, me ha gustado menos de lo que suele gustarme este autor. También puede ser por saturación, porque ya he leído mucho de este autor y a lo peor empiezo a cansarme.
Después, siguiendo mi vena de exotismo he leído un libro de un senegalés, Abasse Ndione, llamado Ramata, que se supone que es una novela negra (o policíaca) pero que en realidad es una historia sobre el crimen y su castigo, aunque contada de una manera muy ligera. El autor escribe con una sencillez y una sorna que alivia la densidad de los temas y además resulta edificante comprobar que por debajo de los tópicos y clichés, la vida de los seres humanos se parece y casi sólo la pobreza es la responsable de la distancia entre nosotros. Haciendo un resumen brutal, una mujer guapa y rica es reponsable de la muerte de un hombre pobre, pero el destino, o el autor, consiguen que pague su culpa.
El último libro leído es Nuestro hombre en La Habana, de Graham Greene, en una edición muy bonita de Edhasa, de la que incluyo reproducción de la portada. Me lo ha regalado Ch., que es una de esas personas que salvarías de un ataque nuclear, con la que te gusta compartir cada segundo. Es una novela de espías y al mismo tiempo una sátira sobre el mundo de los espías (recuerda a la sátira de los libros de caballería, El Quijote). Es curioso que también el tono está lleno de humor y de sorna, pero el humor del autor senegalés y del inglés Graham Greene son muy distintos. En el africano hay una especie de inmediatez y un modo muy directo de escribir. Ambos libros son muy interesantes y como siempre, los recomiendo vivamente. También la novela de Man
kell, porque seguro que sabiendo más inglés o leyéndola en castellano, te sumerge en el mundo de Valander, en sus dudas sobre el futuro de Suecia, en su debilidad y su fuerza.
Hoy he tenido otra sorpresa, gracias a estar con luz en mi pueblo, Collado: a lo lejos se ven los Siete Picos nevados, Abantos también con un poco de nieve e incluso La Peñota. El cielo es de un azul que hiere y al amanecer la línea de los montes se veía rojiza, hacia frío pero era la belleza del paisaje la cortaba el aliento. Entonces he pensado en M. y R. , de quienes celebramos ayer la inmediata jubilación y he tenido un ataque de envidia, a pesar de lo que me gusta el trabajo que hago. La vida es tan corta y hay tanta hermosura de la que disfrutar...

domingo, 30 de noviembre de 2008

Un poco de nieve y mucho hielo

Este fin de semana ha nevado un poco en Collado, o mejor dicho nevó un poco el viernes por la tarde. El resultado en la mañana del sábado era un manto blanco un tanto engañoso, porque tras su hermoso aspecto se escondía una superficie helada y totalmente resbaladiza.
Eso me ha hecho reflexionar en la buena prensa que tiene la nieve y, por el contrario, la mala imagen que tiene el hielo, que sólo es deseado en forma de cubitos, en un vaso y a ser posible en verano. Me ha venido a la mente la bruja blanca de Narria, que resulta hermosa en la película de Andrew Adamson, pero que representa la gelidez del hielo.
Dos han sido las satisfacciones de este fin de semana, el primero de ellos la vuelta a casa bajo los pequeños copos sobre la tarde ya anochecida, pues resulta muy hermoso el contraste del blanco de estos contra el fondo azul obscuro de la noche. Generalmente también la caída de la nieve crea un silencio y una sensación de paz inmensos, pero el viernes el viento y la sensación de frío tapaban el silencio.
La otra satisfacción ha sido el fuego de la chimenea permanentemente alimentado y los perros tumbados frente a él, aunque ha habido que trabajar un poco ha resultado un fin de semana tranquilo, aunque algo solitario. Pero la soledad es buena de vez en cuando, sobre todo si tienes que trabajar.
(La foto es de la dehesa con nieve, pero mal hecha)