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sábado, 20 de mayo de 2017

Esnifando cielo


Foto de Alejandro Azuar
Foto de Alejandro Azuar
Lo primero es lo primero: el título de esta entrada no es mío, es un graffiti que se puede leer a la salida de Collado Villalba hacia Madrid por la A6, en un banco en altozano. Es tan sugerente que no puedo menos que rendir mi homenaje a su desconocido autor: ¡lo clavaste, autorazo!
Es fácil imaginarte sentado en el banco, con la calma de la tarde o el vigor de la mañana, mirando el cielo y llenando tus pulmones de belleza en estado puro.
Pero a lo mejor es el título de una canción o una película religiosa, da igual.

Porque el cielo se esnifa, nuboso, negro o azul, y entra venas adentro hasta el corazón. Muchas mañanas he respirado cielo azul intenso con la raya blanca del rastro de un avión y el verde brillante de los árboles en primavera enmarcándolo. O entre nubes grises y negras o nieblas repletas de humedad.
O cielos prendidos de fuego cuando cae la tarde y el sol incendia la noche, o azul obscuro, casi negro, cuando el sol ya se ha escondido en las tórridas noches de verano.

Esnifar el cielo es un hallazgo literario que pienso hacer mío. Escribimos aquello que deseamos, muchas veces un mundo de belleza y bondad. Pero también a veces queremos que lo que escribimos sea real, es decir, que contenga además la fealdad y maldad que se hospeda sin remedio en la realidad. Porque queremos reproducir la vida, tanto como dar voz a los sueños.
Esnifar cielo forma parte de ese deseo de materializar los sueños, de pensar un futuro perfecto en el que la naturaleza nos acune y no sea necesario escribir la maldad ni la tristeza para reflejar el mundo real, porque estas hayan desaparecido de la faz de la tierra.



Para Lola S. en su cumple
y para Rosa, Alejandro y Julio

jueves, 14 de agosto de 2014

Sobre el arte y la belleza y todo lo que no es, supuestamente, imprescindible.

Mañana empieza el puente más famoso del verano, el del 15 de este mes tórrido que aquí y ahora no lo es tanto. Mientras, continúo mi navegación, suave y pausada en algún sentido, frenética en otros.
Y os traigo dos libros más que me he leído en estos días, uno corto y otro más largo (195 páginas contra 1143)
El corto es un Sellerio, uno de los libros de esta editorial de Palermo, que cuida tanto la forma como el fondo, con esa factura tan cuidada y sencilla. Se trata de una obra de Marco Malvaldi, autor nacido en Pisa en 1974, que tiene en sus relatos negros bastante ingenio y humor y que ha creado un escenario clásico  - el bar Lume- con sus jubilados investigadores plastas y su dueño Máximo, tan dado a meterse en los líos por culpa de estos.

Pero esta novelita negra es independiente de esta serie y trata de un estudio genético realizado en el pueblo de Montesodi Marítimo para encontrar las causas de la fuerza descomunal de sus vecinos, así como de otros caracteres genéticos, como grandes orejas o dientes separados. Pero en medio de esta invetigación se cruza una gran nevada y un crimen que parecería muerte natural si no fuera por la sabiduría del protagonista, Piergiorgio Pazzi, que junto con Margherita Castelli llevan a cabo la investigación, un genetista y una archivera. La historia es clásicamente bien diseñada y mantiene hábilmente la atención. No sé si Malvaldí está muy traducido al español, pero me temo que no.
El siguiente  libro no sé si considerarlo un bestseller, y tampoco me importa cual sea su consideración. Se trata de la segunda novela de Donna Tart y se llama El juilguero, como el cuadro de Carel Fabritius que se exhibe en el museo Mauritshuis de La Haya. Es en cierto modo una novela de iniciación y también una intriga policíaca, pero es sobre todo una reflexión sobre el bien y el mal y sobre la belleza. Aunque no sé si puedo estar de acuerdo con todas las opiniones que defiende la autora, la historia, a pesar de su difícil verosimilitud,  se sostiene y te mantiene pendiente de las desventuras de su protagonista Theodoro Decker. 
La historia empieza con un atentado en un museo y con la muerte de la madre del protagonista, así como un robo de arte, el de la obra El jilguero, que está siendo exhibida allí en una exposición temporal. De ahí surge todo un río de tristeza y angustia para Theo, que tiene 12 años y es el autor del robo, así como innumerables peripecias, que le llevaran a conocer a uno de los personajes más poliédricos, Boris un polaco-ruso que vive en Las Vegas y que en cierto modo representa el mal, pero que para mí es uno de esos malos intrínsecamente bondadosos y leales. Junto a él, el personaje de Hobie, literal e inequívocamente bondadoso y un sin fin de personajes complejos e interesantes, incluidos el padre de Theo o la señora Barbour. 
En fin, lo que parece más difícil es que la obra tenga un final más o menos feliz, y eso me recuerda a ciertas películas de Almodóvar, aunque sin la vena de locura ochentera.
En fin dos buenas historias y la segunda sobre todo que hace reflexionar sobre lo que la belleza hace en nosotros, como nos da la ilusión de eternidad.
Y Nueva York es otro protagonista con peso en la historia.
Leed El jilguero y hablamos

jueves, 9 de octubre de 2008

Amadís de Gaula y Bebo valdés

Hoy he asistido a una inauguración de una exposición de la B. No sólo no suelo asistir a inauguraciones, sino que raras veces consigo verlas. Pero hoy los astros estaban en conjunción. Además he conseguido aislarme del circo de las vanidades y he saludado a viejos amigos, compañeros ya jubilados o que ya no trabajan aquí.

Pero no ha sido solo eso, es que la exposición me ha atrapado en su magia: los hermosos libros que no he leído pero alrededor de los cuales ha transcurrido parte de mi vida; la recreación de una enorme linterna mágica en cuyo interior podemos meternos y ver imágenes proyectadas de un fragmento del Amadís, con un cielo estrellado que te llena de paz y te impregna de ese mundo soñado...

Y el libro inaudito Islario general de todas las islas, abierto por la página de un mapa detallado y lleno de color. Y la voz de Vargas Llosa hablandode los libros de caballería y de Amadís.

En mi vida llena de tráfico de acciones, reacciones y omisones, esta tarde también ha sido una isla, a pesar de lo poco frecuente que es que me subyugue una exposición de libros.

Por eso he decidido leer ese libro que no he leido, por recuperar el exorcismo de estas dos horas.

En el tren de vuelta a casa la magia se repite: Bebo Valdés toca el piano con un ritmo suave en RNE3, suave, suave. En el mundo es posible aún esta belleza. No os lo perdáis