sábado, 9 de junio de 2007

Vengo del monte

Vengo del monte, de un monte pequeño que está cerca de casa. Hace más de un mes que no subía, ahora que ya no vive aquí mi amiga Montse y además tengo tan poco tiempo. He hecho lo que llamábamos la vuelta larga, que se reduce a una hora y cuarto de paseo, con una subida inicial, un recorrido más llano por la ladera y una subida a una pequeña cumbre y luego ya todo es bajada.
Montse y yo discrepábamos en un aspecto básico, ella decía que es mejor que la gente no conozca los caminos porque si pasa por ellos mucha gente, termina haciendo avenidas asfaltadas. Yo siempre he defendido que es necesario socializar la hermosura y enseñar a la gente a cuidar el monte, que no es sólo no tirar papeles ni desechos, sino también no romper innecesariamente jaras ni arbustos, no dejar demasiadas trazas. No sé si Montse me ha convencido un poco, porque hoy el monte estaba como recién estrenado, con las lluvias y esta primavera flagrante, y el camino lleno de telarañas.
Cuando subí el mes pasado, las reinas del monte eran las peonías, con su planta de verde fresco y sus tallos rojos, con grandes flores rosas. También estaba lleno de orquídeas silvestres, pero estas se ven menos, esconden sus flores atigradas azules y violetas.
Hoy era el triunfo sin paliativos de las jaras, de los cantuesos y del tomillo, de tal modo que más que la foto hoy me haría falta poder transmitiros los aromas del monte.
En la cima de la vuelta larga hay unas rocas en las que nuestros perros se dejaban fotografiar y a las que llamo el paraíso de Musgo y ya bajando y escondido entre encinas y enebros hay un alcornoque, que se distingue por su porte más alargado y al que yo siempre toco la corteza en nombre de las personas que ya no están. Ya va siendo una parada un poco larga.


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