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domingo, 3 de junio de 2018

Nunca es ahora



Nos pasamos la vida demorando lo que queremos hacer. Primero hay que estudiar para labrarse un porvenir, luego hay que hacer currículo, luego hay que criar a los hijos o cuidar a los padres mayores, y luego a tu pareja...

Nunca es el momento, nunca es ahora.
Y cada vez que te saltas esta ley no escrita, la culpa arrasa tu vida.
Y la vida es un segundo, un batir de alas de una mariposa, un guiño de luz en una tarde nubosa, un relámpago en la noche cerrada. Un ahora o nunca.
A veces es el miedo, el vértigo de lo que llamamos desconocido, que debería ser nuestra patria más amada.

Otra un sentido exagerado de la importancia de nuestra responsabilidades.
Pero nuestra responsabilidad mayor es hacer aquello que deseamos, que suele coincidir con lo que nacimos para hacer. Y con el tiempo aprendes de casi nada tiene importancia.


sábado, 20 de mayo de 2017

Esnifando cielo


Foto de Alejandro Azuar
Foto de Alejandro Azuar
Lo primero es lo primero: el título de esta entrada no es mío, es un graffiti que se puede leer a la salida de Collado Villalba hacia Madrid por la A6, en un banco en altozano. Es tan sugerente que no puedo menos que rendir mi homenaje a su desconocido autor: ¡lo clavaste, autorazo!
Es fácil imaginarte sentado en el banco, con la calma de la tarde o el vigor de la mañana, mirando el cielo y llenando tus pulmones de belleza en estado puro.
Pero a lo mejor es el título de una canción o una película religiosa, da igual.

Porque el cielo se esnifa, nuboso, negro o azul, y entra venas adentro hasta el corazón. Muchas mañanas he respirado cielo azul intenso con la raya blanca del rastro de un avión y el verde brillante de los árboles en primavera enmarcándolo. O entre nubes grises y negras o nieblas repletas de humedad.
O cielos prendidos de fuego cuando cae la tarde y el sol incendia la noche, o azul obscuro, casi negro, cuando el sol ya se ha escondido en las tórridas noches de verano.

Esnifar el cielo es un hallazgo literario que pienso hacer mío. Escribimos aquello que deseamos, muchas veces un mundo de belleza y bondad. Pero también a veces queremos que lo que escribimos sea real, es decir, que contenga además la fealdad y maldad que se hospeda sin remedio en la realidad. Porque queremos reproducir la vida, tanto como dar voz a los sueños.
Esnifar cielo forma parte de ese deseo de materializar los sueños, de pensar un futuro perfecto en el que la naturaleza nos acune y no sea necesario escribir la maldad ni la tristeza para reflejar el mundo real, porque estas hayan desaparecido de la faz de la tierra.



Para Lola S. en su cumple
y para Rosa, Alejandro y Julio

domingo, 2 de septiembre de 2012

La vida

Tengo ya dicho muchas veces que no creo que cumplir años aclare nada respecto a lo que es la vida y para qué sirve. Todo lo más los años te sirven para aceptar ese "no saber para qué, ni cómo ni por dónde" e intentar sacarle el mayor provecho a lo que, a estás alturas, tienes claro que es un bien menguante.
La supuesta madurez para mi es una leyenda y me temo que la supuesta serenidad no es más que un apaciguamiento casi fisiológico, de células que con el paso del tiempo, "ya no son lo que eran".
Tengo una amiga, sin embargo, AS, como a ella le gusta abreviarse, que con la caída de los años le ha dado por preguntarse cosas y está en una etapa curiosa de su vida, en cierto modo como una adolescente, sin verdades presupuestas y abierta a toda explicación trascendente. A mi me sorprende, mi poca o mucha inteligencia ha sido siempre práctica, aprendo las cosas haciéndolas y el impulso hacia la acción es mi primer rasgo.
Por eso siento la necesidad de recordarle a A. que vivir es tan hermoso como ella ha descrito en sus poemas, por si esa búsqueda de lo infinito duele, que a mi me parece que debe doler.
Hay mucho dolor sobre la tierra, dolor de carne, sangre, hueso y entraña, mucho más del que debería y creo  que hay que ser cuidadoso con los dolores metafísicos: no digo que no duelan, digo que el fuego quema y el hierro destroza la carne antes que las almas.
En fin, es una manera de decir que en un mundo que arde y se deshace, el dolor propio es en cierto modo secundario.
A,  ahí te dejo tu poema, que es un canto a la vida sin paliativos:


SI VINIERA LA DAMA DE LA MUERTE

Si viniera por mí la oscura dama,
la oscura Dama de la Muerte,

si viniera esta noche,
o alguna noche de éstas
-como vendrá, sin duda, alguna noche-,

saldría a recibirla a los umbrales,
la invitaría a que pasara dentro,
le ofrecería el pan,
la sal, el agua fresca,

y con amor y miedo
pediría a la oscura Madre Muerte
un trocito de tiempo, apenas nada,

tan sólo el necesario
para sentarme a solas
-tal vez en la ventana,
mirando hacia los cielos-
y recogerme un poco,
para maravillarme una vez más.

Para maravillarme de estar viva,
de ser consciente de estar viva,
de ser, sencillamente, y de saberlo.

De hacer parte de un mundo donde hay cosas,
un mundo donde existen

las piedras, las montañas, los caminos,
las nubes de algodón, los arrayanes,
los cines de verano, las leyendas,
las estrellas, la luz, los animales,
los pasteles, las pizzas, los helados,
la gente...

Un mundo donde hay gente, Dios bendito.
¿Será posible que haya gente?
¿Será posible que haya tanta gente,
que yo misma sea gente, que yo sea
una mujer en medio de este mundo?

¿Que haya nacido entre la gente,
que haya corrido libre,
que haya crecido amada,
que haya tenido hombres,
que haya parido hijos,
que haya visto belleza,
que haya llorado a veces?

¿De dónde a mí tanta riqueza?
¿De dónde a mí tanta abundancia?

Sufrimiento, alegría,
abyección, inocencia,
maldad, bondad, justicia,
salud, dolor, olvido…

¿Qué importan los matices
ante el hecho desnudo
de ser, de haber vivido?

Criatura entre criaturas,
pedazo de planeta,
hija de las estrellas,
corazón de los astros,
madre del universo
que habita en mis adentros,

amada de los dioses,
semilla de futuro,
eslabón de cadena,
sede de la consciencia,

nacida de la tierra,
ungida por los cielos,
portal de lo sagrado,
bendita entre benditas

por ser, por haber sido,
y por haber llegado
-una noche de noches-
al punto del encuentro.

Y por seguir viaje
-con amor y con miedo-
a través de la muerte.

viernes, 9 de julio de 2010

FraGILIDAD

Somos ocho. Es decir somos ocho hermanos. Bastante diferentes, bastante poco afines. El año pasado estábamos todos bien, desde V. , la mayor, a S., el "chico".
Este año, parece que un soplo distinto nos ha tocado: J. tiene algún problema con su corazón y V. ha pasado por el quirófano y comienza una lucha que será siempre victoriosa, porque la lucha es siempre la única victoria.
Saber que hay fecha de caducidad en nuestros sueños, todos lo sabemos. Pero que te pongas malo es otra jodida cosa, y que se pongan malos tus hermanos, mucho más.
Y luego están los animales, que son cosa aparte. Soy dueña de mascotas tan reciente como que hace solo 20 años que tengo, pero ya se me han muerto demasiados: un perro y dos gatas. Y he sufrido la ausencia de dos animales que acogí sucesivamente en casa y que por una u otra razón se fueron. Es muy triste lo poco que dura la vida de los perros o los gatos, casi cuando están jugando de cachorros tienen detrás la sombra de la vejez y la muerte. Mucha gente decide por eso apartar este dolor y renunciar a ellos, a las mascotas. Como si se pudiera renunciar a la vida.
Es imposible. La vida lleva ya la fragilidad y la muerte incorporada, como una especie de imperfeción (como en el título de este post, mitad minúsculas y mitad mayúsculas) que la hace realmente perfecta...
Quizás todo esto duele porque te está anunciando tu propia fragilidad, la hora no tanto de la disolución en la nada (eso es bastante aceptable) sino la pérdida de tus sueños y los de las personas que quieres.
Solo hay una forma de luchar contra este sentimiento, y es abrazarse a la vida, a los ocho hermanos y los muchos perros y gatos y vivir cada día no solo como si fuera el último, sino como si fuera nuesto mejor día

sábado, 2 de febrero de 2008

¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

Dice V. que no sabe como ha llegado a una tan ingente cantidad de años. Acaba de cumplir años (muchos, pero menos que yo) y lo lleva regular: uno se pregunta siempre si ha hecho bastante, si lo que ha hecho está bien, etc. Quienes han tenido niños se sienten en cierto modo justificados, como mínimo un niño es una incógnita, una promesa que se cumplirá en el futuro...
Los que como V. y yo no tenemos niños intentamos contabilizar otras tontadas, libros escritos, árboles plantados, amigos o un trabajo bien hecho; pero siempre nos queda el sentimiento de que todo esto son nimiedades frente a rotunda realidad de un hijo.
Yo siempre he sido un mar de dudas, un pregunta filosófica permanente: ¿por qué estoy aquí?. Esto es así desde que era muy pequeña, y no creo que se trate de un rasgo inteligencia profunda, sino más bien de inmadurez. En mi familia tengo fama de sufrir siempre crisis permanentes y desde luego me he pasado muchos años en que me rebelaba contra el hecho de cumplir años, como si estuviera atacada del síndrome de Peter Pan.
Ahora no. Sigo sin saber por qué estoy aquí, pero el hecho es que estoy. No queda mas remedio que jugar nuestros días como lo que son, días únicos, y esperar que el final, el regreso al no ser duela menos que imaginarlo.
O como resumo más coloquialmente: ya que estamos aquí, intentaremos molestar.