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lunes, 8 de diciembre de 2008

Fernando ha llegado

Esta madrugada, con mucha lluvia y poca espera ha llegado Fernando. Como cualquier niño que nace, son un montón de posibilidades las que se hacen posibles y Fernando tiene en su mano un futuro más largo del que tenemos los demás. Como siempre que nace algo, se crean nuevas esperanzas y el futuro parece aquí al lado, al alcance de nuestra mano.
Es muy guapo, con una hermosas manos muy bien hechas, con pequeños deditos perfectos. Según sus padres, mis sobrinos, nació con los ojos abiertos, pero para mi que los tiene entreabiertos, que se aleja lentamente del mundo acolchado del vientre de su madre. Pero ya sonrie y agarra con su mano lo que se le pone a tiro.
Qué tengas una vida hermosa y noble, sobrinonieto y que el mundo que te dejamos se deje aún disfrutar. Bienvenido

sábado, 3 de noviembre de 2007

La rutina

J.L. dice que aunque no le gusta nada la rutina, dado como se han ido desarrollando los acontecimientos últimamente, casi añora que algo de lo que le toque hacer sea rutinario, o por lo menos, lo sepa hacer. Una vez más tiene razón: estamos inmersos en una situación que exige que estemos aprendiendo continuamente, y a veces sientes el vértigo de intentar solucionar siempre nuevos problemas, para los que no tienes un protocolo previo. Pero a pesar del miedo y los nervios lógicos, a mi esta situación me resulta muy estimulante, y la veo, como dice B., como una oportunidad, que lo único que siento es que no haya llegado antes.

Es una oportunidad única, porque no hay tantas bibliotecas con tantos millones de libros u otros materiales, ni de tanto valor, ni tan representativos. También lo es por el estado de la tecnología de los SIGB, suficientemente madura pero en absoluto con sus posibilidades agotadas: hoy día se abre un panorama de evolución casi infinito, en relación con los servicios a través de Internet y aprovechando la web 2.0.

Además, cualquier proceso de automatización hace repensar las tareas y las funciones de las instituciones y habitualmente consigue mejorar la manera en que desarrollan las funciones para las que han sido creadas.

Hace ya 29 años que comencé a trabajar aquí. En tantos años, ha habido mucho de todo: rutina, entusiasmo, desencanto; muchos trabajos como los de Penélope, de tejer y destejer. Pero si miro hacia atrás no puedo dejar de ser optimista, a pesar de que el pesimismo inteligente no oculte su cara amarga. Si alguna vez dije que desgraciadamente mi sueño de trabajar aquí se había cumplido, ahora digo que todavía este sueño es posible, solo hay que trabajarlo.

lunes, 13 de agosto de 2007

Impaciencia de corazón

Hay varias formas de no disfrutar el momento o la vida en general. Una de ella es retrospectiva, es la del que vive siempre dándole vuelta a las cosas pasadas: si hubiera hecho o dicho algo diferente de lo que dije, si hubiera tenido la respuesta oportuna a tiempo, si hubiera estado en el lugar y momento indicado... Todos sufrimos en un determinado momento una crisis de vivencia neurótica del pasado, pero suelen pasarse cuando dormimos, comemos y descansamos bien.
Otra manera de fastidiar el presente muy popular es la vivencia agónica del futuro: soy feliz con mi mascota de 6 meses, pero ya pienso en que algún día enfermará y morirá; empiezo hoy mis vacaciones pero la imagen del día de mi vuelta me las fastidia de antemano. Esta neurosis de combate tiene una variante aún más común: ojalá pase pronto el día del examen fatídico, la visita al hospital, el melancólico mes de diciembre o las odiosas navidades. Con lo cual lo único que conseguimos es que el tiempo vuele sin sentir sobre nuestras aturdidas cabezas y que de pronto nos sintamos muy viejos, después del examen, el hospital, diciembre o las navidades. El tiempo, que ya de por si es como agua inasible, se nos escapa por todos esos agujeros.
Siempre he tenido tendencia a querer quemar rápidamente etapas, aunque últimamente hago ejercicios zen intentando disfrutar un poco del presente. Es cierto que la forma de ser de cada uno termina saliendo por otras rendijas y cabe el peligro de convertirte en un agonías del relax. Pero bueno, estamos en la lucha.
Ah, y os presento a Coco, el cachorro de A. y A. que voy a cuidar (y disfrutar) por unas semanas.