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sábado, 3 de noviembre de 2007

La rutina

J.L. dice que aunque no le gusta nada la rutina, dado como se han ido desarrollando los acontecimientos últimamente, casi añora que algo de lo que le toque hacer sea rutinario, o por lo menos, lo sepa hacer. Una vez más tiene razón: estamos inmersos en una situación que exige que estemos aprendiendo continuamente, y a veces sientes el vértigo de intentar solucionar siempre nuevos problemas, para los que no tienes un protocolo previo. Pero a pesar del miedo y los nervios lógicos, a mi esta situación me resulta muy estimulante, y la veo, como dice B., como una oportunidad, que lo único que siento es que no haya llegado antes.

Es una oportunidad única, porque no hay tantas bibliotecas con tantos millones de libros u otros materiales, ni de tanto valor, ni tan representativos. También lo es por el estado de la tecnología de los SIGB, suficientemente madura pero en absoluto con sus posibilidades agotadas: hoy día se abre un panorama de evolución casi infinito, en relación con los servicios a través de Internet y aprovechando la web 2.0.

Además, cualquier proceso de automatización hace repensar las tareas y las funciones de las instituciones y habitualmente consigue mejorar la manera en que desarrollan las funciones para las que han sido creadas.

Hace ya 29 años que comencé a trabajar aquí. En tantos años, ha habido mucho de todo: rutina, entusiasmo, desencanto; muchos trabajos como los de Penélope, de tejer y destejer. Pero si miro hacia atrás no puedo dejar de ser optimista, a pesar de que el pesimismo inteligente no oculte su cara amarga. Si alguna vez dije que desgraciadamente mi sueño de trabajar aquí se había cumplido, ahora digo que todavía este sueño es posible, solo hay que trabajarlo.

martes, 26 de junio de 2007

Había una vez un SIGB...

Había una vez un SIGB... o mejor había una vez una biblioteca que creó un Sistema Integrado de Gestión Bibliotecaria a medida, en los tiempos en los que los sistemas se hacían a la carta, allá por los 80 en este país.
Este sistema era tipo ladrillo, es decir, muy seguro y coherente y muy poco amigable, o más bien, manifiestamente hostil. Este sistema atravesó dos décadas con su robusta fealdad, sin apenas cambios de embellecimiento y pocos cambios funcionales o estructurales. Dentro de su supuesta hostilidad, este programa tenía muchas funcionalidades que no fueron explotadas inicialmente y fueron siendo descubiertas poco a poco.
El personal de la biblioteca fue llegando a este SIGB progresivamente: algunos departamentos en los primeros años y otros mucho más tarde, como a remolque de las circunstancias. Transcurrida gran parte de su vida útil, muchas de sus funcionalidades habían sido claramente infrautilizadas.
Mientras, en el mundo exterior, los sistemas habían evolucionado muchísimo y ya no se hacían a la carta, sino que la mayoría eran programas comerciales cerrados y usados por grandes grupos de bibliotecas. Su evolución había ido sobre todo hacia la versatilidad y la posibilidad de ser configurados por las bibliotecas, es decir habían perdido en seguridad y coherencia, ganando en agilidad de recuperación y de diseño. Y sobre todo eran sistemas mucho menos hostiles, incluso demasiado amistosos o amigables.
En la susodicha biblioteca ha llegado por fin el momento del cambio y se producen situaciones curiosas: existe un apego desmedido hacia el denostado sistema ladrillo y un enorme afán en explotar todas sus posibilidades ignoradas hasta ahora y un terror pánico hacia el ágil sistema fácil. Se da la paradoja de que en los últimos meses de vida del viejo SIGB se ponen a prueba sus fuerzas diariamente, sobreexplotandolo a marchas forzadas.
Pero los tiempos han cambiado, no se puede pedir a un SIGB lo que se le pedía hace 20 años, y todas las etapas se cierran, igual que se agotan los ciclos de la naturaleza y se nublan las mentes más clarividentes. Queramos o no, solo cabe ir hacia adelante.

martes, 15 de mayo de 2007

¿Cómo medir lo inconmensurable?

Migramos. Nos vamos de un sistema magnífico (quién no lo crea, que busque en la historia de los sistemas de gestión bibliotecaria uno coetáneo de Sirtex que tenga la mismas seguridades y las mismas posibilidades; claro, quién no lo crea y esté aún vivo para aprender, porque lo primero que se nos muere a los adultos de esta especie es, tristemente, el ansia de aprender, o peor, la capacidad de aprender).


Nos vamos y tenemos que llevarnos 20 años de registros, que son 15 millones de ítems. Es decir, la sangre y el sudor de muchos bibliotecarios de hoy y de ayer: mil tradiciones racionales ( y quizás mil más irracionales) para buscar y encontrar todo lo que se necesita para pensar, para soñar, para avanzar...


No hay tiempo para estar triste, es el tiempo de la alegría y del entusiasmo: entre todos tenemos que coger este equipaje y mudarnos, y si la casa es más chica, tendremos que agrandarla, pero si es muy grande nos caben todos los sueños. Este Unicornio será lo que nosotros queramos hacer de él, o un animal mitológico o un bicho de corral.


Las posibilidades están ahí, nosotros seremos los que tendremos que calibrar y pensar hasta dejar esta biblioteca a la altura que se merece, por encima del tiempo y del mar del olvido.