Mostrando entradas con la etiqueta animales. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta animales. Mostrar todas las entradas

sábado, 18 de octubre de 2014

De Excalibur y otras metáforas

Aunque no pertenezco al partido animalista, sí es cierto que tengo un gran amor a los animales, pero creo que la reacción de rebelión contra la muerte de Excalibur me iguala con un montón de ciudadanos sin especial sensibilidad hacia los animales.
Creo que Excalibur es una metáfora de lo que puede suceder con seres inocentes e indefensos ante el poder ciego que intenta justificarse y defenderse. Ante el que ignora sus derechos, no tiene dinero o es pacífico se despiertan los peores instintos de los poderosos y una parte importante de la ciudadanía se ha visto en cierto modo reflejada en esa muerte inane y soberbia. Todos podríamos ser Excalibur, si desaparecieran ciertos controles sociales - de hecho, cuando no existían ¿no está claro que pobres mendigos y minorías han sido "castigados" por males como la peste o las hambrunas? - La ausencia de leyes y mecanismos de defensa del menos fuerte es un horizonte no tan lejano hoy en día; por eso la población ha expresado su rabia ante la muerte de esa mascota.
Ocurre además, que ante los animales yo siento algo que creo que sienten muchos otros humanos, la responsabilidad frente a unos seres más.... inocentes (no me atrevo a hablar de menor o mayor inteligencia). Algo parecido a la responsabilidad del hermano mayor frente a sus hermanos más pequeños. Es seguro que todos encontraran diferencias vitales entre hombres y animales, pero disculpad que yo no me pronuncie en este aspecto. Sólo siento que ellos en cierto modo están a nuestro cargo y debemos demostrar que lo merecemos.
En estos momentos cuesta exponer las propias opiniones, porque hay mucho "opinador" profesional dispuesto a denostar cualquier opinión diferente. Pero no puedo menos que exponerla y cargaré con la cruz que esto conlleve.

sábado, 2 de junio de 2012

Pirracas y el café molido

Mi gata Pirracas se me murió el 2 de marzo pasado y la verdad es que la añoro bastante, a pesar de que tengo otra gata más y dos perros y que no tengo demasiado tiempo para nada que no sea trabajar. 
A pesar de esto, la recuerdo cada vez que, al preparar el desayuno, un poco del café molido cae al suelo. Porque a Pirra le encantaba comérselo, igual que le gustaba acurrucarse en tu regazo, y se negaba a dejarte mover. Su ronroneo era escandaloso y también su mal carácter: no he visto a ningún gato bufar de forma más violenta y convencida. 
Cuando preparaba la tesis en verano, trabajaba en el jardín y metía en una caja los documentos que tenía que revisar, y ese era el sitio elegido para mi gata especial para acurrucarse. Aunque siempre encontraba el sitio más fresco en verano y el más calentito en invierno.



Los gatos son siempre independientes, pero Pirra era dependiente malhumorada, pero nunca quiso mezclarse con los perros, sólo con dos humanos, P. y yo.
Era especial, como lo son todos los animales y, como no, todos los humanos. Eso se nos olvida, lo únicos que son todos los humanos y todos los seres vivos en general y lo que eso significa en cuanto al valor que tiene en el conjunto ese "ser especial". Si fuésemos conscientes de esto, seguro que valoraríamos a todos y cada uno de los pobladores de este viejo mundo.
Y lo peor es que son mayoría los que solo se consideran especiales a si mismos.

sábado, 14 de abril de 2012

A Leopoldina

A Leopoldina, que yace debajo debajo de un roble en un lugar mágico, hija de una madre pasiega y un padre zamorano. A Leopoldina que nació en cuesta y pasó bastante frío, y a quien A. cuidó junto con su vecina y la veterinaria y a la que dio todo el amor de que fue capaz y todos los cuidados. A Leopoldina, a la que su madre no pudo dar todaosu calor y tampoco alimentar.
Vivió solo tres días, mi ahijada, y aunque nosotros imaginamos sus sufrimientos con una perspectiva distinta, es posible que todo haya sido una nebulosa entre el existir y el desaparecer. Su cuerpo negro, suave y blando casi no ha llegado a cobrar realidad. 
La hermosa burrita de morro blanco que iba a apadrinar se ha muerto. No sé si los animales sufren la ausencia y, por tanto, si su madre la echará de menos. Sé que A. sí la añora y la ha llorado extensamente, en un patético coro con la vecina y la veterinaria. Que la magia del lugar donde duermes te acompañe siempre, que te conviertas en el genius loci de esa casa mágica, de esa tierra mágica, que nunca vi, tan cerca del mar, tan cerca de la montaña.

sábado, 29 de septiembre de 2007

El ataque de las vacas salvajes

Últimamente he tomado la costumbre de llevarme las manzanas fallidas de mi manzano a la dehesa del pueblo para dárselas a la vacas o dos caballos que hay, aprovechando el paseo de mi perro Corso. Ayer lo llevé después de tres días de estancia en la playa, con P. y L. y recogí las manzanas que no había podido recoger durante esos tres días.
Cuando llegué, las vacas estaban muy cerca de la entrada y debieron de olerse que traía algo para ellas. Yo pensaba ir dejándoles manzanitas poco a poco, y lancé unas pocas, con cuidado de que mis gestos no fueran tan bruscos como para asustarlas.
Pero dio igual: de inmediato dos vacas sandungueras (según terminología de mi amigo R.) se acercaron a mi perro y a mi con un alegre trote. Como las vacas también tienen cuernos, como los toros, me alarmé ligeramente y como medio de evitar su avance lancé dos nuevas manzanas. Ante el regalo, otras vacas se acercaban alegres, mientras yo lanzaba manzanas defensivas con cierta premura y mi perro daba muestras de cierta inquietud.
Total, que fuimos soltando las manzanas que nos quedaban mientras las vacas nos seguían hasta que se acabaron, y entonces aligeramos el paso Corso y yo y poco a poco fuimos dejándolas atrás, y buscando terreno abierto.
Por cierto,¿por qué será que las vacas negras dan más miedo que las demás?

sábado, 4 de agosto de 2007

Rachas

Parece que hemos empezado una racha mala. No solo es que haya mucho trabajo, es que también se trata de trabajo a "cara de perro". No sé porque se usa esa expresión, porque los perros suelen ponernos a los humanos una cara de lo más agradable.
A lo que íbamos: hemos tenido que enfrentarnos a una compañera que hace tiempo que está haciendo las cosas a su manera y que considera que es la única que respeta la más estricta ortodoxia bibliotecaria. Ha sido desagradable y además va a suponer más trabajo y más incomodidad. A eso se le suma la decepción, ya antigua, de una compañera cuya inteligencia y profesionalidad siempre había respetado. Y el temor a que se haya sentido víctima de un linchamiento, que no es tal. También la certeza de que en el asunto intervienen factores externos, pues no es normal su actitud frente a B., a la que no conoce y a la que lleva eludiendo desde de su llegada a la biblioteca.
Eso, y una puerta rota del jardín, más mi costilla dolorosa, de la que se deriva la imposibilidad de ir al gimnasio, aumentan la sensación de malestar.
Pero siempre tendremos las lecturas. He terminado Casi perfecto de Marina Mayoral, que me ha gustado bastante y ha despertado el deseo de leer más obras suyas. Una de las cosas que más me ha sorprendido ha sido su estilo, que es al mismo tiempo fácil e inquietante, recuerda las dos caras de la moneda de las que hablaba Machado respecto al lenguaje.
Estoy leyendo ahora No digas noche, de Amos Oz y en este caso también lo primero que destaca es su estilo narrativo, lleno de descripciones detalladas y minuciosas. Trata de un modo muy real la relación de una pareja, su tira y afloja entre la autonomía y la dependencia. Me está gustando bastante, aunque como siempre lamento no poderlo leer todo sin traducir, en la lengua original; en este caso sería difícil, porque se escribió en hebreo.
Una historia de un chimpancé adoptado por una familia en África y luego abandonado ha despertado mis sentimientos de compasión hacia los animales, que siempre están ahí. Tampoco ha ayudado mucho a que desaparezcan estos sentimientos la lectura, hace algunos años, de la obra de J.M. Coetzee, Elizabeth Costello, que denuncia nuestra prepotencia de racionales que niegan a los demás animales el pan y la sal y los usan como alimento, entretenimiento y demás, sin consideración hacia su posible "humanidad". Los defensores de los animales somos acusados de ocuparnos menos de los seres humanos que de éstos. En mi opinión, no hay más que una sensibilidad y esta incide sobre todo lo que nos rodea. Por otra parte, la inocencia de los animales, aún en las conductas más salvajes, los hace dignos de respeto y consideración.