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lunes, 7 de noviembre de 2011

Hablará siempre conmigo

Somos siete, éramos ocho. V., la hermana mayor, ya no está. Se fue el sábado cuando a su tozudez y tenacidad proverbial se opuso la realidad médica, tan tozuda ella, cuando le dijeron que ya no se podía luchar más, y que tampoco podían inventar una nueva tortura para su cuerpo devastado. Ella había luchado un año y medio, soñando viajes y reuniones familiares, "soñando quizás con vanidades..."
Su hija M. la ha cuidado, sin concesiones ni vacilaciones, con tierna solicitud y dedicación permanente, como siempre. Desde pequeña, ella estaba en medio de sus hermanos, sus padres y el resto, callada y eficiente. Sin plantearse, en estos tiempos, que sus hermanos compartieran la carga, sin quejarse de nada.
Con V. no era fácil compartir los días, con 500 Km. y otros obstáculos menos tangibles por medio. Pero ahora volvemos a ser yo una niña y ella una adolescente que se conocen y empiezan a contar la una con la otra. O viejas que se cuentan sus cuitas, y que abren un diálogo libre e infinito.
Llevo a todos los que he amado y ya no están a abrazar árboles y a contar estrellas. V., ven conmigo. 

domingo, 20 de diciembre de 2009

La Nochebuena se viene, la Noche buena se va


Creo que ya todo quisqui sabe lo poco familiar que soy, porque entre otras cosas lo he contado aquí varias veces. Pero la Navidad es una ocasión para el recuerdo y es imposible recordar la niñez sin recordar a la familia.  Aunque parecerá raro a los que me conocen, yo he cantado cuando era pequeña villancicos con mis hermanos, mis tíos y mis primos, delante de un nacimiento y con zambombas y almirez y quiero decir que en mi recuerdo creo que no sonaba ni mal, mis tías eran muy profesionales del asunto y lo hacían con mucho sentimiento.
El resto, los más pequeños, desafinábamos como podíamos y preguntábamos el sentido de las letras: ¿Por qué se alquilan en el cielo balcones para un casamiento?, ¿qué quiere decir pero mira como beben los peces en el río? ¿Beben los peces? y otras preguntitas semejantes.
Recuerdo que este villancico del título del post lo entendías muy pronto, no sé si con alguna ayuda o no. Se refiere es que pasan las nochebuenas y hay gente que ya no está ... 
No todos los años falta alguien, pero este 7 de diciembre se ha ido mi tío Aldo, el hermano de mi madre, un hombretón con el que no he tenido mucho trato  (por ejemplo, al pertenecer a la rama italiana de la familia, jamás le he visto cantando villancicos, y en Navidades rara vez nos reuníamos), pero aún así recuerdo su voz llamando Mamma a mi Nonna, mi abuela materna, y su bromas y su sonrisa.
Poco sé de él aparte de los "datos técnicos": una esposa española, mi tía Sole, y cinco hijos, cuatro chicos y una chica. Trabajó, creo, como empresario en Marruecos y vivió entre Málaga y Tetuán. En sus últimos tiempos dicen las crónicas familiares que le gustaba perderse por África, aunque parece algo difícil para una persona ya bastante mayor. De todos modos, sea o no cierta esta leyenda, reconozco que me gusta, le añade misterio a la vida de mi tío, que en mi imaginación infantil era todo un héroe, no sé si por vivir en África o porque le gustaba cazar jabalíes. También era gracioso que fuera el hermano pequeño de mi madre ese señor tan alto y con una estructura ósea tan tremenda.
En fin, todos tendremos un día una biografía tan esquemática como la que doy aquí de mi tío Aldo Piano Bettini, y quizás lo único importante sea que hayamos sido buenas personas y que algún niño nos recuerde con cariño y nos lleve consigo mientras viva.


sábado, 22 de agosto de 2009

Familia

Nunca sabremos a que se debe el prestigio del término o el concepto. Puede entenderse como la agrupación de individuos más primitiva y así sentirse en oposición al concepto de humanidad o incluso cargarse de sentidos peyorativos, como sociedad de apoyo mutuo frente al bien común o el bien de los que no son de la familia, con cierta similitud con la "familia" mafiosa. Se trata de un asunto manipulado por todos con los fines más diversos y cuya fuerza ha sido para mi un misterio. Nunca he sido muy familiar, siempre he discutido el valor de este grupo. Una amiga me dijo hace tiempo que la familia era el grupo en el que uno podía sentirse bien, porque todos conocían tus puntos flacos y tus puntos fuertes. Según esto, no sé si entenderla como una sociedad que tiende al conservacionismo: si todo el mundo sabe ya tus defectos y se aceptan, ¿para qué mejorar?. Con toda seguridad estoy siendo reduccionista y simplificando un problema complejo, pero es que nunca he entendido muy bien ese amor, aunque no por eso he dejado de sentirlo.
Curiosamente, cuando uno es joven tiende a ignorar y menospreciar a la familia y sus componentes, dándole al grupo conscientemente elegido, los amigos, toda la importancia y el valor que en teoría se debería dar a la familia. Con un poco de suerte, eliges a algunos de tus familiares como amigos y vives hacia ellos la misma incondicionalidad que hacía los amigotes.
El tiempo pasa, y poco más o menos cuando uno se ha convertido en todo lo que odiaba, empieza a buscar el refugio de la familia carnal (mientras ha entrado en juego otro elemento perturbador, la llamada familia política, ejercicio impuesto de diplomacia del que es difícil salir bien parado). Entonces uno empieza a encontrar los antiguos defectos familiares como interesantes y deseables. Mientras, y desgraciadamente tus padres han muerto y no pueden disfrutar de esta tardía reconciliación con el núcleo familiar.
Total, que es un lío casi tan grande como existir el entendimiento de los sentimientos que nos embargan con respecto a la familia. Y eso sin entrar en la parte de la familia que supuestamente tú eliges, la pareja y sus adjuntos.