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viernes, 9 de noviembre de 2007

Estar cansado tiene plumas

Estoy cansada. Si, sé que no soy muy original, que medio mundo se arrastra a lo largo de la semana hacia el descanso del sábado y el domingo. Pero lo malo del cansancio es que destapa nuestros demonios y a mi no me gustan mis demonios. Supongo que a nadie.

Y tengo motivos para estar contenta, a mi jefe la han ascendido (creo que realmente lo merece y que va a ser una suerte para todos) y eso supone un apoyo a la tarea que tenemos entre manos, que no es fácil. Somos un grupo de gente que trabajamos bien juntos y estamos haciendo algo importante no solo para nosotros, sino creo que para el bien común.

Pero me cansan los dimes y diretes, la falta de respecto a lo que sabe el otro y la negativa a reconocer lo que no se sabe y la utilización del saber y no saber como forma de opresión. Y entonces me vuelvo brujitecaria o witchlibrarian y eso no me gusta nada y además no me conviene nada, porque ya que no soy rica, ni guapa, ni lista, pero sí simpática, si dejo también de serlo no va a haber quien me soporte...



Pues hala, a descansar: acabo de poner a la Bartoli cantando a María Malibrán, pondré la chimenea, compraré algo rico para comer e intentaré recordar lo que decían que iba a ser la sociedad del ocio. Lo que más relaja es oír música, leer o ver algo hermoso o soñar con viajes.

Que nos queda mucho trabajo por delante, queridos compis, y no podemos perder el tiempo diciendo lo cansados que estamos.

jueves, 14 de junio de 2007

Amigos por siempre

Como los días se me escapan entre los dedos casi sin tiempo para darme cuenta, unos cuantos amigos y familiares me están mandando advertencias: qué si que me pasa, que me he olvidado del mundo, que si los niños de la familia crecen sin que apenas los vea...
No puedo decir que no tengan razón. Y también se la doy a quienes dicen que descuido lo importante por cosas que lo son menos. Mi carácter siempre ha sido incompatible con la tranquilidad y con negarme a aceptar cualquier tarea nueva. Ya desde pequeña era famosa por estar metida en mil hazañas y lo que es peor, agobiada por ello.
Pero la vida es muy corta y yo no me quiero dejar nada pendiente: mi pecado no es el de omisión. Los que me conocéis y me queréis lo sabéis, y deberíais aceptarme como soy. Echo de menos vuestra compañía y las bromas y las risas, que como siempre hemos dicho, son mucho más de media vida.
Además, el cansancio no es un buen compañero: no tienes tiempo para encontrarte con los demás, o tienes tan poco, que la urgencia impide hablar de lo anecdótico, que es a veces lo más importante. Sólo quieres dormir, soñar, leer o andar para renovar las energías psíquicas y en tus sueños te ves junto a tus amigos una tarde, con tiempo y en un lugar tranquilo, sólo hablando y riendo.