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lunes, 12 de marzo de 2018

Berlín, primera mitad del siglo XX

Ahora que conozco un poco Berlín, la novela autobiográfica Tu eres no eres como otras madres, de Angelika Schrobsdorff me ha resultado especialmente gozosa, porque las las grandes avenidas y plazas ya están en esta obra y mucho más, el ambiente estimulante de principios del siglo pasado en esa ciudad, a pesar de la crisis económica y el terrible nacimiento de Tercer Reich. Están también  los alrededores, sus ríos Havel y Spree y Wannsee y toda esa belleza de bosques y agua, mancillada después por terribles eventos (la conferencia de Wannsee, gracias Ch. por contármela).
Y sus personajes, una mujer judía, sus maridos y amantes, sus padres y sus hijos. Y su recorrido vital desde la despreocupación y la libertad a la terrible angustia de la propagación del antisemitismo por Europa y la Segunda Guerra Mundial, vivida por los protagonistas como una liberación. Y la conciencia de haber malgastado la juventud y el sentimiento de culpa de Else sentir que no ha sabido amar a sus hijos ni protegerlos de lo que se les venía encima. Y el sentimiento de Peter de que los sufrimientos de su familia son mínimos comparado con lo que sufrieron otro judíos, menos protegidos que ellos, al fin al cabo medio judíos y de una clase social alta. 
Y el vértigo de ver con que rapidez se puede desencadenar un infierno desde una sociedad culta y educada, y como la libertad es un bien volátil, si no la cuidamos y seguimos acrecentándola. Porque o crece o muere, no hay termino medio.

domingo, 9 de julio de 2017

En dique seco


Fue a mi primer entrenador de atletismo, Javier Santamaría a quién oí por primera vez, hace muuuuchos años la expresión "estar en dique seco", muy náutica. Él se había roto el peroné, creo. Yo estoy con la mano izquierda con injertos y cross finger. Total, haciendo todo con una mano y ejercitando la paciencia, la virtud más extraña a mi temperamento, a pesar de que me encontrado con los mejores médicos y enfermeras... No con la mejor gestión, curiosamente privada
Esto, además de provocar el desafío de hacer de todo con la única mano, me ha hecho leer dos novelas en pocos días.
La primera es Una librería en Berlín, de Françoise Frenkel, las memorias de una judía polaca que abrió una librería francesa en Berlín en los años previos a la segunda Guerra Mundial. Es una biografía de un periodo muy triste contada con bastante humor, dadas las circunstancias, y miles de incidencias desde el éxodo y la cárcel, aliviado todo por una buena situación económica.
La otra novela es de una japonesa, Hiromi Kawakami, El cielo es azul, la tierra es blanca, y su subtítulo es  Una historia de amor, una pista de esta historia dulce y extraña de los extraños amores de Tsukiko Omachi y su maestro Harutsuma Matsumoto, profesor de japonés de su instituto. 
La protagonista es una treintañera gran bebedora de cerveza y sake, y friky, con un carácter adolescente y reservado.
Esta novela me ha impactado, con su supuesta falta de empatía, y la emoción extraña de los dos. Libro raro y de una hermosura distinta y trufado de haikus hermosísimos. Mi dedo anular izquierdo se está regenerando, espero, mientras, disfruto de los libros.


lunes, 19 de junio de 2017

Nunca fui a Pamplona, ni tampoco a Elizondo

Yo parezco de una generación anterior a la mía, apenas he viajado a pesar de lo mucho que me gusta, me entusiasma desde siempre, pero hay infinidad de lugares que siguen formando parte del territorio de mis sueños. Navarra entera, entre ellos. No sé si es falta de iniciativa, de recursos económicos (en muchas épocas así ha sido) o simplemente haberme empeñado en no examinarme del carné de conducir cuando era joven.

El caso es que que esta carencia supone mucha ignorancia, paliada solo por las lecturas, por la imaginación, sumada la de los creadores y la mía propia. Yo soy del sur y conozco mal todo el norte de España; mal, Galicia, Asturias, el País Vasco, y por supuesto, Navarra. No digamos, Pamplona, el valle del Baztán y Elizondo

Desde este triste desconocimiento me he enfrentado a la Trilogía del Baztan, de Dolores Redondo.Y he entrado en ese universo de lluvia, magia y naturaleza poderosa. y un cierto misticismo norteño de resistencia, que tiene su correlato sureño: tanto en el sur como en cualquier parte, la resiliencia, la resistencia ante la adversidad, la conformidad con el destino (que no el conformismo), hacen que nos enfrentemos a la vida, hace posible que nos levantemos después de cada desastre.

Que la novela y sus tres partes son absorbentes y apasionantes, no hay ninguna duda. Desde El guardián invisible, la primera parte de la obra, hasta Ofrenda a la tormenta, la trepidante tercera parte, pasando por Legado en los huesos, las páginas volaron ante mis ojos, como ha ocurrido con miles de personas en medio mundo. Amaia Salazar se nos hace muy próxima, a pesar de su desdichada biografía y aunque hay más asuntos abiertos de los habituales en estas novelas negras en el conjunto de las tres partes, las terribles historias nos atrapan y forman parte de nuestros miedos más atávicos.

En otra dimensión está Patria, de Fernando Aramburu, y a mi me parece una obra profundamente delicada con un tema tan sensible que aún despierta enormes flujos de dolor y de rabia. Esta obra se argumenta sobre la banalidad del mal; de como, sin darnos cuenta, sentimientos pequeños generan enormes males, de cómo es posible hacer una montaña de un grano de arena, y cómo esa montaña va creciendo y creciendo y envenena nuestras vidas durante bastantes décadas. 

Ambas obras son magníficas, cada una con un carácter distinto, pero es hermoso pensar que puedes conocer algo que no has visto, que tus pies no caminaron, que no formó parte de tus genes, gracias al trabajo de unir palabras y sentido, de dar forma a los soñado y lo vivido. Gracias, Dolores, gracias Fernando, cuánto me gustaría trasmitir algo parecido a lo que vosotros me habéis hecho vivir, mas vívidamente que lo que llamamos realidad. 

Si la infancia es nuestra patria más auténtica y certera, los libros son nuestro universo más amado.

martes, 19 de agosto de 2014

Libros para el verano

He terminado dos nuevos libros. Por orden cronológico de lectura, voy hablar primero de Las lágrimas de San Lorenzo, de Julio Llamazares.
Es una narración que aprovecha la ocasión de un recuentro de un padre y un hijo en Ibiza alrededor de la noche de San Lorenzo y con el fin de ver las Perseidas o lágrimas de San Lorenzo, para hacer un recorrido por la historia del padre, y para hacer todo un panegírico del dolor que produce el paso del tiempo. 

En mi opinión, este sentimiento es innegablemente masculino. A riesgo de ser injusta, me parece que estos sentimientos no suelen darse entre las mujeres tan habitualmente. En general, la obra me ha parecido regular, con sentimientos de pérdida un poco manidos, y peor que otras obras de Llamazares. Y su memoria de Ibiza es un poco ingenua e idealizada y no coincide en nada con mis recuerdos de esta isla, vitalistas y energéticos.

La otra obra es mi primera lectura de Sergio Vila-Sanjuán, Estaba en el aire, la historia de un programa radiofónico que existió entre 1960 y 1964 y de la sociedad barcelonesa en esos años, en los que el franquismo parece levantar ligeramente la mano y en los que se produce el primer desarrollo industrial español, representado en esta novela con parte de la historia de SEAT y su fábrica de Barcelona-
Esta primera lectura de Vila-Sanjuán me ha dado una buena impresión, su prosa es de una sencillez magnífica y cuenta muchas cosas interesantes sobre el pasado, que los jóvenes de estos tiempos harían bien en conocer. He conocido a este autor como coordinador de un ciclo de conferencias de la Biblioteca Nacional, titulado El libro como universo, y he podido apreciar su sentido común y su capacidad para "pastorear" a los grandes escritores y personajes incluidos en el ciclo con gran facilidad y efectividad.
Esta primera lectura me ha dejado con ganas de leer más cosas de este autor, que es justamente lo que debe provocar una primera lectura.
Lo demás, esperar un poco temerosamente la llegada del invierno, este nuevo invierno para mi, lleno de libertad y de posibilidades. Espero aprovecharlo plenamente.




jueves, 14 de agosto de 2014

Sobre el arte y la belleza y todo lo que no es, supuestamente, imprescindible.

Mañana empieza el puente más famoso del verano, el del 15 de este mes tórrido que aquí y ahora no lo es tanto. Mientras, continúo mi navegación, suave y pausada en algún sentido, frenética en otros.
Y os traigo dos libros más que me he leído en estos días, uno corto y otro más largo (195 páginas contra 1143)
El corto es un Sellerio, uno de los libros de esta editorial de Palermo, que cuida tanto la forma como el fondo, con esa factura tan cuidada y sencilla. Se trata de una obra de Marco Malvaldi, autor nacido en Pisa en 1974, que tiene en sus relatos negros bastante ingenio y humor y que ha creado un escenario clásico  - el bar Lume- con sus jubilados investigadores plastas y su dueño Máximo, tan dado a meterse en los líos por culpa de estos.

Pero esta novelita negra es independiente de esta serie y trata de un estudio genético realizado en el pueblo de Montesodi Marítimo para encontrar las causas de la fuerza descomunal de sus vecinos, así como de otros caracteres genéticos, como grandes orejas o dientes separados. Pero en medio de esta invetigación se cruza una gran nevada y un crimen que parecería muerte natural si no fuera por la sabiduría del protagonista, Piergiorgio Pazzi, que junto con Margherita Castelli llevan a cabo la investigación, un genetista y una archivera. La historia es clásicamente bien diseñada y mantiene hábilmente la atención. No sé si Malvaldí está muy traducido al español, pero me temo que no.
El siguiente  libro no sé si considerarlo un bestseller, y tampoco me importa cual sea su consideración. Se trata de la segunda novela de Donna Tart y se llama El juilguero, como el cuadro de Carel Fabritius que se exhibe en el museo Mauritshuis de La Haya. Es en cierto modo una novela de iniciación y también una intriga policíaca, pero es sobre todo una reflexión sobre el bien y el mal y sobre la belleza. Aunque no sé si puedo estar de acuerdo con todas las opiniones que defiende la autora, la historia, a pesar de su difícil verosimilitud,  se sostiene y te mantiene pendiente de las desventuras de su protagonista Theodoro Decker. 
La historia empieza con un atentado en un museo y con la muerte de la madre del protagonista, así como un robo de arte, el de la obra El jilguero, que está siendo exhibida allí en una exposición temporal. De ahí surge todo un río de tristeza y angustia para Theo, que tiene 12 años y es el autor del robo, así como innumerables peripecias, que le llevaran a conocer a uno de los personajes más poliédricos, Boris un polaco-ruso que vive en Las Vegas y que en cierto modo representa el mal, pero que para mí es uno de esos malos intrínsecamente bondadosos y leales. Junto a él, el personaje de Hobie, literal e inequívocamente bondadoso y un sin fin de personajes complejos e interesantes, incluidos el padre de Theo o la señora Barbour. 
En fin, lo que parece más difícil es que la obra tenga un final más o menos feliz, y eso me recuerda a ciertas películas de Almodóvar, aunque sin la vena de locura ochentera.
En fin dos buenas historias y la segunda sobre todo que hace reflexionar sobre lo que la belleza hace en nosotros, como nos da la ilusión de eternidad.
Y Nueva York es otro protagonista con peso en la historia.
Leed El jilguero y hablamos

lunes, 4 de agosto de 2014

Algunos libros buenos

Es la época. En agosto casi con toda seguridad las estadísticas de lectura deben superar la de el resto de los meses del año, bien por las vacaciones, bien por la relajación del horario laboral o por trasnochar más debido al calor.
Yo hoy voy a hablar de tres libros, pero alguno lo leí allá por el mes de junio, como El caso Collini, de Ferdinand von Schirach,  que es la historia de una venganza servida fría y sin ninguna necesidad de clemencia ni ningún rechazo de la propia culpa. El autor es un experto conocedor de las leyes y de él he leído también el libro de relatos Crímenes, en el que algunas narraciones los tremendos delitos parecen absolutamente perdonables, pues retratan un ambiente de presión continuada y parecen hacer justificables algunos de ellos. Aún tengo que leer otro titulado Culpa, pero antes tengo otros en cartera (algún Sellerio, una obra de julio Llamazares...). El autor, a pesar de su pericia legal, refleja los abismos personales en los que se cuecen ciertos crímenes y escribe claro y bien.

También J. escribe claro y bien y además resulta muy entretenido, aunque hay en la obra mil tics y expresiones que a los que le conocemos nos identifican sin margen de error al autor.
No sé si le gustará, pero tengo que decir que está obra no habría podido escribirse sin el manga, sin Harry Potter, Ana María Matute, ni sin ciertas películas chinas de fantasmas. Pero en Atropos Carol está también el Ciberespacio y los anti-héroes nacidos ya en los años sesenta del pasado siglo. Y cierta parodia de los góticos y vampiros y mucha peli de monstruos de serie B.
JPF es un periodista, bibliotecario y community manager (fea palabra, ¡pero a ver quién encuentra otra!)
Sólo se le puede acusar de rehuir lo difícil, lo técnicamente complejo. Pero estoy segura de que ese será un mal pasajero. 
Ha escrito un libro electrónico para Kindle y ha hecho una versión de urgencia en papel para los que no lo tenemos, que es la que he leído yo. Se titula El examen final y cuenta la octava convocatoria del examen para obtener el título de parca de una joven de buena familia de Mort, la ciudad de las parcas. Esta joven, llamada Átropos Carolina, descubrirá durante este examen su pasado oculto y el de su familia y luchará con fantasmas terribles y con un mestizo de parca y humano a punto de convertirse en demonio. Su carácter acomplejado, su amor al chocolate y su sentido del humor la ayudaran a recorrer un camino durísimo que incluye etapas extracorpóreas y bastantes sangre y casquería. Y a nosotros nos llevará felices por ese camino hasta un final previsible, aunque no fácil de alcanzar.
J., felicidades por este libro. Es un buen primer libro. 

domingo, 12 de enero de 2014

Intemperie, un mazazo de 223 páginas

Además de Sellerio, hay otras obras dignas de leerse. 
Después del descubrimiento de un nuevo autor de esta editorial, Gianrico Carofiglio, un abogado y autor de Bari, cuya novela Testimonio inconsapevole, un clásico de intriga legal con elementos de novela psicológica, me ha resultado muy amena y fácil de leer, de repente M. me ha recomendado una novela muy corta, concisa y sencillamente espeluznante, Intemperie, una novela de Jesús Carrasco, un autor pacense de 40 años que trabaja además como redactor publicitario.
Este autor ha concitado muy buenas críticas con esta su primera novela, y no me extraña, pues se trata de una obra sorprendente. No repetiré una vez más su carácter atemporal y a-espacial, porque a pesar de ser cierto, no esto para mi lo más importante. Tampoco la parquedad en los diálogos, ni el lenguaje descarnado y lleno de léxico agrícola muy especializado (no acto para urbanitas, dice un crítico).
Lo más espeluznante es que el protagonista no es un adulto, aunque tampoco sabemos su edad se puede aventurar que tiene alrededor de 10 años, y que las cosas que le ocurren y los tragos por los que tiene que pasar son perfectamente creíbles en la España de los años 50 y en miles de países ahora mismo. En un mundo en el que se superprotege a los cachorros humanos aun es posible que un niño tenga que pasar por experiencias como las que se narran en esas 223 páginas. 
Por eso hablé de que la historia era espeluznante. Y además la intriga se mantiene durante toda la narración y los dos personajes, el niño y el viejo, mantienen un duelo de desconfianza y confianza hecho de silencios y gestos.
El autor se considera heredero de los narradores americanos como Carver o Ford, pero yo veo también en él la herencia del realismo español y de la exquisita concisión de Azorin, aunque infinitamente menos serena.
La naturaleza tiene además un papel muy importante en la obra, una naturaleza devastada y desértica, seca hasta la extenuación, en la que los animales acompañan a los personajes y son en muchos casos su justificación.
La obra es perfecta, incluso en su brevedad. Decir que deja la miel en los labios referido a esta historia suena a sacrilegio, pero es cierto que espero la siguiente novela de Jesús Carrasco con mucho interés, tras esta primera sorpresa.

sábado, 28 de diciembre de 2013

Camilleri es más que Montalbano

Hace algún tiempo que Teresa me descubrió la editorial Sellerio de Palermo y me he hecho adicta. Muchos viernes subo la calle Génova hasta la librería Pasajes y compro casi exclusivamente obras de esta editorial: son libros preciosos y muy "cómodos", es decir, bien editados y nada pretenciosos.
Así he descubierto un nuevo autor, Marco Malvaldi y su reata de jubilados aficionados a la investigación criminal, que descubrí en Il re dei giochi y también que entiendo perfectamente el siciliano,no sé si porque tiene infinidad de préstamos españoles o por cualquier otra razón genética.  Lo cierto es que beddreza,
y piciotte son palabras que entiendo sin saber por qué-
También he leído una obra de Andrea Camilleri de la Colección La Memoria que cuenta los 28 día de gobierno de doña Eleonora de Mora, viuda de Viceré de España en Sicilia, Don Ángel de Guzmán y de toda su buena gestión y de las intrigas que se levantaron para intentar que no siguiera destapando vicios y corrupciones. En tan pocos días sufre un motín y muchas aventuras y consigue recuperar mucho dinero robado y usarlo para abaratar el pan y favorecer así a las clases más humildes. Esta castellana bellísima habla un italiano muy gracioso, mezclado de español : Vosotros en el Consiglio os burlaste de un muerto, os profitaste sin dignidad... 
Pero en esos pocos días, esta dama hace La rivoluzione della luna y en su despedida, un poeta di taverna le canta estas estrofas:

'Ntorno a la terra tutta a firriari
ci metti 'a luna vintotto jornati.
Chistu lo sanno i fimmini e lu mari
che cu 'a luna sunno sempri appattati

Giro di luna fu lu regnu tò,
ma fici di la notti jornu chiaru, 
la tò liggi abasttò e assupirchiò
pi fari di duluri menu amaru.

E ora che hai finuto la fatica
donna Lionora, talia nel nostro cori:
dintra ci attrovirai 'na luna nica,
iddra sì tu, ca regni di splindore



Este pasaje suena cantarino, porque este dialecto siciliano es pura musicalidad. 
Y ya, para acercarme al fin de año, estoy leyendo una obra colectiva, Cappodanno in giallo compuesta por narraciones cortas de los investigadores de Camilleri y Malvaldi, y de otros para mi desconocidos: Esmahan Aykol, Gian Mauro Costa, Antonio Manzini y Franceso Recami. 
Me parece una manera magnífica de acabar el año, descubriendo personajes e historias


miércoles, 2 de octubre de 2013

La regina di Pomerania e altre storie de Vigàta

Esta obra contiene ocho narraciones cortas, escritas en dialecto siciliano y llenas de socarronería. El siciliano posee una musicalidad tan esencial que incluso leyéndolo en voz baja se hace presente, y te inunda de lo que entendemos por Sicilia los que nunca estuvimos allí, un sol y una luz exagerados, siglos de historia frente a una belleza  primitiva y llena de fuerza. Esto, evidentemente, es literatura, que es lo único que nos permite conocer mundos sin que la experiencia lo haga posible.
Estas historias pequeñas están llenas de un sentido del humor primitivo y realista que convierte las conductas de los campesinos y no ilustrados en un prodigio de inteligencia práctica, de "furberia" (que diría mi Nonna) y la de los ricos ilustrados en un claro reconocimiento de su desidia y falta de ánimo. Hay historias de pillería, como la que da nombre a la obra, la Reina de Pomerania y su consul en Vigàta, que consigue vender unos miles de perros de Pomerania y organiza el flete de unos barcos cargados de azufre, sal y sulfato rumbo a ninguna parte. O la historia d ela competencia perpetua entre los heladeros de sus playas, Cecè y Michelino, un duelo de ingenio que solo termina con la muerte de Michelino y la retirada de Cecè. O la historia delos zapatos nuevos de Jaquino Sgarciato, de los avatares en la segunda guerra de este y su familia. O la historia del rapto erróneo que abre la obrita
Y también la impresionante historia de L'uovo sbattuto que contrapone la belleza y el carácter primitivo de Manuela al de su amo y amante el marqués Girolamo de la Roncola, sin ánimo ni fuerza ninguna, y también la Lettera anonima o La Seduta spiritica que hablan de generosidad y mezquindad a partes iguales, como es la vida de los humanos, grande y minúscula al mismo tiempo.
Hay otras historias de Camilleri, el Gran Circo Taddei y altre storie de Vigàta que sin duda tendré que leer. Me encanta saber que me queda más que disfrutar con este mundo hermoso de Vigàta. T.,  en cuanto leas este te apuntarás al siguiente, estoy segura.

domingo, 29 de septiembre de 2013

El paraíso humanizado

Llegamos el domingo 22 a Los Escullos, en el Cabo de Gata y hasta el sábado 28, el paraíso ha he estado cumpliendo con su cometido, dando la talla en lo que se espera de un paraíso: sol perpetuo, mar en calma y transparente, silencio y felicidad. Pero a partir del viernes por la noche se pone en marcha una pesadilla renuente, que cambia el gorjeo de los pájaros y el sonido de las esquilas del rebaño de cabras por el ruido más inhumano de electro latino y otras flores de discoteca. La razón, una fiesta de Erasmus que ya nos sacudió el año pasado y que se ve que nos ha tocado en suerte también este año.  Unos 50 jóvenes de ambos sexos dispuestos a divertirse durante todo el fin de semana con las músicas más tontas y los juegos más insulsos. A ello se suma un viento huracanado que silva entre los bungalows por la noche y que durante el día hace difícil permanecer en la playa, no tanto por lo rizado del mar como  por el suplicio de los granos de arena horadando la piel o dejándote ciego. 
Como siempre, la solución para mi han sido los libros. Me he leído, en medio de la furia de la música gritona, El amante lesbiano, de José Luis Sampedro y Lo que el día debe a la noche, de Yasmina Khadra, seudónimo del escritor argelino Mohammed Moulessehoul. 
El de Sampedro se lo había regalado yo a C.N., compañera del la Biblioteca, y me lo ha dejado con la consigna de que se trataba de un libro apasionante. Para mi es un libro extraño que trata sobre el sexo, el género, las preferencias y la dominancia. Es un libro de iniciación que sucede a un viejo en el umbral de la muerte en un territorio de nadie, Las Afueras, donde es posible luchar contra todos lo errores y las imposiciones de la existencia. En este territorio neutral, el protagonista, Mario, se deja guiar por una bereber liberada, Fadira, de retorno a su verdadero ser. La obra se abre con dos citas místicas, una de San Juan de la Cruz (Entremos más adentro en la espesura) y otra de San Agustín (Ama y haz lo que quieras). La primera especialmente tiene para mi el sentido de escudriñar lo racional, descubrir las razones ocultas del universo.
El libro sobre Argelia me ha encantado, emocionado e interesado enormemente. No es solo que hable de la revolución argelina, uno de los últimos hitos de las luchas de liberación coloniales y unos de los primeros estallidos del terrorismo integrista musulmán, es que su lenguaje está muy cerca de mi sensibilidad sureña, de mi manera mestiza de entender la vida. Incluso del fatalismo y del sentido exacerbado del honor. La vida en la colonia de Río Salado parece tan idílica y al mismo tiempo hay tanta corriente de malestar subterránea, tanto rencor escondido que parece lógico el estallido de sangre y muerte que se produjo con la independencia de Argelia. Según Younes, el protagonista, deja claro como respuesta a la razones de los bodegueros colonialistas, se trata del enfrentamiento entre dos formas de vida, dos conceptos de la vida que triunfan en el norte y el sur, uno defendiendo el trabajo como razón suprema y otro la libertad como fin en si mismo...
No tengo las respuestas a esta antítesis, pero la siento en mi, formando parte de mi vida y de mi ser. T, la amiga que me ha dejado el libro de tan hermoso título, un libro en el que ella me comentó que solo por la descripción de un trigal al principio de la obra merecía la pena leer, tiene en la página de guarda final muchas notas manuscritas de su vida y sus viajes. Eso lo hace mil veces hermoso, no solo por el autor, la obra y la esperanza que rezuma, sino por la lectora que lo ha enriquecido con su propia alma.
Afuera sigue soplando el viento desasosegante y enloquecedor y dentro sigue la tormenta del dolor de I. y su locura y nuestro afán por salvarla del abismo. Si el viento sigue asediando el paraíso, no se cuanto podremos aguantar. Me gustaría un poco de sol y mar en calma, que P. disfrutara del recién descubierto buceo y poder volver al Norte con la mochila cargada de Sur. No sé si será posible. Mientras, aún me quedan dos libros más, La regina de Pomerania, de Andrea Camilleri y que ya he mencionado en este blog  y Escribir en Internet, un libro de la Fundación del Español Urgente del BBVA dirigido por Mario Tascón. Ojalá se amanse el dios del viento.

domingo, 25 de agosto de 2013

Varias lecturas y Todo lo que era sólido

Llega el verano y todos recuperamos la lectura. Verdad es que yo nunca lo dejo del todo. Últimamente he leído varios libros regalados o prestados por mi amiga T., una recién jubilada, que trabajaba en una empresa de yates y que se jubiló el pasado día 18 de julio. Que con la jubilación haya tenido algún problema de salud es la consecuencia lógica de unos años muy difíciles, con mucha ineficacia y mucho pelotazo empresarial.
Su empresa o es italiana o ella tenía mucha relación con Italia, el caso es que ella me ha dejado dos libros en italiano, el último una celebración de la editorial Sellerio, de Palermo (una obra traducida de Anatole France, Il procuratore della Giudea). No conocía esa editorial pero es una joya formal e intelectualmente.
Me encanta leer en italiano, me sirve para recuperar recuerdos antiguos, de mi Nonna y de mi madre y también de mi amiga Anna Maria Coccozza, profesora de italiano en la Universidad de Málaga. Pero además, conocer la editorial Sellerio ha supuesto para mi una sorpresa veraniega estupenda. 
El viernes, al salir de la BNE me subí a la librería Pasajes y me compré dos obras de Camilleri en esa editorial, La reina de Pomerania,  de la serie de Moltalbano y La revoluzione de la luna, que narra una historia del siglo XVII, al parecer. Pero además he comprado otra obra, Todo lo que era sólido, de Antonio Muñoz Molina, que ya he leído y que me ha gustado mucho. E.S. me había hablado admirativamente de él y siempre he respetado mucho su opinión
Habla de los años que han propiciado la llegada de esta crisis y es un ensayo, que expresa muchas ideas con las que no estoy de acuerdo. Pero si con las principales: la de que en este país no existe la independencia de criterio y solo se favorece la "disciplina de partido" y la "adhesión incondicional",  sea del signo que sea.Y también la buena prensa que tienen aquí los pillos y sinvergüenzas. 
Esas ideas y la de la que la regeneración nacional solo sera factible si todos hacemos nuestras tareas rutinarias de forma excelente, si nos dedicamos más a lo ordinario que a lo extraordinario y si nuestro funcionariado se profesionaliza y deja de estar sujeto a los avatares políticos, me han impactado con su sencillez y su claridad.
También señala Muñoz Molina que somos un pueblo que no sabe disentir civilizadamente y que nos cuesta especialmente discrepar de las opiniones de nuestros correligionarios. Así cuesta que avancemos como país, sin duda y sobre todos que superemos esas divisiones eternas que solo nos llevan a la ruina y al permanente conflicto.
En resumen, que han sido unas lecturas magníficas y os dejo unas portadas de la editorial  Sellerio, que son prácticamente perfectas.


domingo, 9 de junio de 2013

Señores, ¡He leído un libro!

Si.Y un libro que no tiene nada que ver con el trabajo, que no tenía que leer para saber más, sino que quería leer, una novela negra comprada en el supermercado y terminada gozosamente a las 3 de la madrugada del sábado. Una de esas novelas que los ingleses llaman page-turner. Hace meses que soñaba con caer en la tentación y ha sido magnífico.
Recuerdo que de joven tenía dos sentimientos respecto a la novela negra: un cierto desprecio hacia un género que ingenuamente consideraba menor, y miedo, un rastro de los temores infantiles a la obscuridad y los monstruos que la poblaban.
En estos momentos, me da igual si el género es mayor, menor o ni siquiera existe. Sueño con sumergirme en otras vidas, en historias diferentes a la mía, para mi tan manida. Y el miedo que puede atenazarme es mucho más sutil y a pleno día. He dicho más de una vez que me gusta la novela negra porque, a diferencia de lo que ocurre en la vida real, los asesinatos se descubren y se sabe una verdad, y los crímenes se suelen pagar.
Dejando a un lado el suspense, la novela en cuestión es creo que la quinta de la escritora de Kiruna, Asa Larson y se llama Sacrificio a Mólek. En ella hay crímenes encadenados en busca de una herencia, crímenes que se hacen pasar por accidentes, un ataque de un oso, un atropello, y también un supuesto crimen de un loco. Y niños y perros. Y como siempre la fiscal Rebecka Martinson, la supuestamente frágil mujer que termina metiéndose, como es habitual, en la boca del lobo. 
Ni siquiera el tomar conciencia que ese meterse en la boca del lobo es un recurso estilístico repetitivo de la escritora ha supuesto una rebaja de la emoción de la lectura, a las tantas de la madrugada... ¡Cuántas madrugadas iguales, en la casa de mis padres, estudiante de bachillerato y de universidad! Hubo un tiempo que pensé que quería vivir de noche, o mejor que dormir era una pérdida de tiempo. Claro que tenía muchísimos años menos, y no me levantaba habitualmente a las 5.30. Y pensaba que la vida nos había sido dada para exprimirla como un limón, para llenar "el minuto inolvidable y cierto de sesenta segundos que te lleven al cielo…." O acaso al infierno más cercano.

domingo, 16 de diciembre de 2012

Del silencio que crece

Empecé este blog el 1 de mayo de 2007 y en ese año escribí 78 posts. El año siguiente, año en el que llevamos a cabo una migración del catálogo de la BNE, escribí muchos menos en los 12 meses completos, 44. En 2009 fueron 24, 29 en 2010. El año pasado sólo escribí 18 y este llevo 19.
Con ligeros repuntes, pero en realidad esto es una caída en toda regla. Analizar por qué se ha producido no sirve para mucho, si no es para jugar con las palabras y las razones, quizás los únicos juegos relativamente inocentes que nos quedan.
¿Por qué se ha producido esta sequía que va camino de pertinaz? En primer lugar, por disminución de las lecturas que no son profesionales, ahora leo bastante menos que en el año 2007, y no hay que olvidar que una de las motivaciones de este blog son los libros leídos. 
Otro motivo es el aumento de la responsabilidad en la BNE, que deja menor margen a la opinión libérrima y anárquica y parece poner una lente distorsionadora y deformante a estas humildes opiniones. 
Estas dos razones se unen y son consecuencia y causa de una tercera, la absoluta falta de tiempo para otra cosa que no sea trabajar y dormir. Esta es una realidad que no me gusta, pero que no sé como cambiar.
Para no seguir poniéndome dramática quiero hablaros de dos libros que me ha prestado M., que no tiene tampoco demasiado tiempo, pero que a veces lo encuentra. De ninguno de ellos había oído lo más mínimo, uno ya lo he acabado y el otro, aún no.
El primero es Nos compramos un zoo, de Benjamín Mee y cuenta una historia real de un periodista dedicado a los artículos de bricolaje que decide empeñar el dinero de toda su familia en la compra de un zoo en ruinas. Es una historia curiosa que pone el acento en las cuestiones prácticas, haciéndonos ver que en cualquier sueño hay una dimensión de gestión de recursos que es tan interesante como el sueño en si. Además, este zoo pretende ser una institución conservacionista que se emplea a fondo con las especies en peligro de desaparición. El autor nos narra el año previo a su reapertura al público y los primeros días abierto al público, incluyendo varias escapadas (el tigre, creo y un lobo..) y una sesión de dentista de grandes animales.
El que tengo a medias es El insólito peregrinaje de Harold Fry, de Rachel Joyce y de momento sólo puedo decir que la historia del jubilado que se echa a andar como un suerte de ensalmo para salvar a una vieja amiga enferma de cáncer despierta en mi cierta conmiseración y bastante angustia, pues la improvisación con la que emprende el viaje parece casi suicida. Pero M. dice que el final es sorprendente y además la historia en  sí parece una metáfora de nuestras vidas anodinas, de lo prescindible de éstas, de la tristeza de las relaciones   deterioradas...
En fin, como dije más arriba con el poemilla Lloviembre, aunque los mayas no tengan razón, si que parece que la tristeza y silencio van ganando la partida. Seguro que la forma de vencerlos es la canción tan utilizada últimamente,  Resistiré... O si no, como dice Benedetti, Defender la alegría:


Defender la alegría como una trinchera 

defenderla del escándalo y la rutina 
de la miseria y los miserables 
de las ausencias transitorias 
y las definitivas

defender la alegría como un principio 

defenderla del pasmo y las pesadillas 
de los neutrales y de los neutrones 
de las dulces infamias 
y los graves diagnósticos

defender la alegría como una bandera 

defenderla del rayo y la melancolía 
de los ingenuos y de los canallas 
de la retórica y los paros cardiacos 
de las endemias y las academias

defender la alegría como un destino 

defenderla del fuego y de los bomberos 
de los suicidas y los homicidas 
de las vacaciones y del agobio 
de la obligación de estar alegres

defender la alegría como una certeza 

defenderla del óxido y la roña 
de la famosa pátina del tiempo 
del relente y del oportunismo 
de los proxenetas de la risa

defender la alegría como un derecho 

defenderla de dios y del invierno 
de las mayúsculas y de la muerte 
de los apellidos y las lástimas 
del azar 
                  y también de la alegría



sábado, 20 de octubre de 2012

Libros en vacaciones

Nos fuimos hacia Almeria, al camping Los Escullos cerca de San José el día 28 de septiembre, y a pesar de ir por Murcia apenas nos llovió, cuando llegamos aún pudimos darnos un bañito en la playa de los Arcos. Al día siguiente si que llovió a gusto, pero leer en el bungalow es también una una buena manera de pasar las vacaciones.
Hemos estado allí hasta el lunes 8 de octubre y en general hemos tenido un tiempo magnífico y hemos disfrutado a fondo de las playas (Cala Carbón, la de los Arcos, Monsul, Los Genoveses) y de la comida (vuelvo a recomendaros La Gallineta, en el Pozo de los frailes), así como del relajo de vivir sin preocupaciones.
Así da bastante tiempo a leer, ya antes de salir de Madrid había leído Un ángel impuro, de la serie africana de Mankell, que narra la vida de Hanna, una sueca que camino de Australia se casa y enviuda y recala en Lorenço Marques, como dueña de un gran prostíbulo. La novela, como Los ojos del leopardo o Tea Bag, describe muy bien la tensión entre los africanos y sus colonizadores y el tremendo miedo que subyace debajo de esa agresividad.
Mientras llovía en Los Escullos leí de una recopilación de narraciones cortas de Empar Moliner, de quien no había leído nada y que me gustó bastante, se llama No hay terceras personas, y son relatos que hablan de la miseria intelectual y de la real, de las trampas de nuestra era y de seres humanos que se pelean en un torpe combate contra ellas. Este libro es regalo de F., riojano-catalán- madrileño y compañero de fatigas en la biblioteca. A continuación me "bebí", como me suele suceder con las novelas negras, y especialmente con las de Asa Larson, Cuando acabe tu ira, en la que me ha gustado el vagabundeo postmortem de la asesinada y su relación con la tía abuela, se la dejé después a L. y ella también se enganchó de la historia.
Por último, y por indicación de L., me leí Todas las criaturas grandes y pequeñas, de James Herriot, que al parecer es una novela autobiográfica sobre los inicios de su carrera como veterinario en el condado de Yorky que relata con humor la dureza de la profesión, más allá de idealizaciones literarias.

Tras la vuelta, todavía de vacaciones, he estado en el Hayedo de la Pedrosa, el puerto de La Quesera, y de vuelta hemos descubierto el alto Jarama, con el embalse de el Vado y también la existencia cerca del pueblo de Retiendas de un Monasterio casi derruido, el monasterio de Bonaval, que merecería que algún mecenas se dedicara a recuperarlo.
En esta semana previa a la vuelta a la rutina estoy leyendo una obra de divulgación sobre tipografía Es mi tipo, de Simón Garfield, que me recomendó F.B. y que es una obra muy entretenida y con información muy interesante sobre las fuentes tipográficas, ese mundo desconocido para el común de los mortales antes de la generalización de los ordenadores.
Alterno la lectura de esta obra con Nos compramos un zoo, una sugerencia de mi hermana M., que siempre suele acertar. Es de Benjamín Mee y aún no puedo decir mucho sobre ella, porque no he hecho más que empezarla.
Y bien, en este fin de semana sufro un anticipo del síndrome postvacacional y pienso como contar aquí una historia hilarante que me contó F. mi peluquera, una chica marroquí de "casi 40 años" cuando llegó a España con 20 años. Aunque mejor os lo cuento en directo, intentando copiar sus gestos e imitar su gracioso modo    de hablar el español.

miércoles, 2 de mayo de 2012

El sarcófago de Menkaura

El primero de mayo ha dado un poco más de sí que los días anteriores, a pesar del temible resfriado y los molestos dolores musculares que lo acompañan, pues me ha permitido leer de un tirón la novela de Gonzalo, nuestro compañero de Automatización.
Es una novela muy entretenida en la que se mezclan con bastante acierto realidad y ficción, como Gonzalo pretendía según menciona al final de la obra. Hay mucho de él en esta historia, de su manía obsesiva por la perfección, de su afán de ayudar a todos, y también de su interés por los números y los enigmas. Resulta curioso ver como va entrelazando verdad y ficción y como sus personajes recuerdan a otros de carne y hueso, pero conservan siempre un punto de irrealidad.
Resulta especialmente interesante todo lo que se refiere a la construcción de las pirámide y al desciframiento de claves, así como lo bien informado que está el autor de todo lo que escribe, desde las inmersiones submarinas a la historia de Egipto y a los hallazgos arqueológicos. No es nada que no esté hoy día al alcance de quien quiera buscarlo, lo que resulta encomiable es que alguien tenga todavía deseos de conocer y de saber. Gonzalo es un decidido partidario de la razón y del conocimiento. También aprovecha para romper varias lanzas en favor de la cultura humanística, en favor del patrimonio conjunto de la humanidad, eso que está ahí, tan mezclado con nuestra vida que corre el peligro de desaparecer arrastrado por ella misma.
Es difícil juzgar la obra de alguien a quien conoces y aprecias, pero en el caso de la novela de Gonzalo, es bastante fácil, se trata de una novela muy bien estructurada, que mantiene la atención todo el tiempo y que hace creíble lo que cuenta. Después vendrán otras, y estoy segura que estamos ante un autor de largo aliento. Felicidades, Gonzalo .

martes, 1 de noviembre de 2011

Sin apenas leer

La verdad es que llevo un tiempo en que apenas tengo tiempo de leer, en mis vacaciones en Los Escullos leí Campos de Níjar, que me regalaron mis compañeros de Automatización, y la segunda novela de Kate Morton, la autora de El jardín olvidado, llamada La Casa Riverton. Pero el magnífico paisaje del cabo de gata, esos montes pelados, solo con esparto y colores de piedras volcánicas tampoco ayudaba mucho; solo a la caída de la noche en el porche del bungalow que por ocho días fue nuestra casa con C. y C. dormitando y de vez en cuando saliendo a la carrera detrás de un gato, leíamos o consultábamos Internet.
Pero el resto del tiempo, en vacaciones o yendo a la oficina, he estado tan ocupada trabajando o leyendo documentos técnicos, que la otra lectura, la de inventarse mundos ha quedado relegada totalmente. Y lo noto tanto como la falta de ejercicio. Aunque mi trabajo me encanta y me supone un continuo estímulo, necesito esa dosis de olvido que supone sumergirte en un buen libro. Tengo empezado uno de Tana French, Faithful Place, pero como es en inglés con bastante jerga, me cuesta bastante leer con el cansancio que acumulo. Y además hay siempre otras lecturas.
Además, muchos enfermos en la familia, mucho miedo y gran desconfianza en el futuro, para empezar este mes para mi tan poco estimulante, el noviembre de las pocas horas de luz de la naturaleza durmiente. Aunque este año las plantas, los árboles, los animales están confusos: moscas y hormigas adormiladas, flores extemporáneas... Desconcierto de la vida y la muerte.

Para los que tenéis niños e ipad: The Fantastic Flying Books of Mr Morris Lessmore

domingo, 7 de agosto de 2011

Un rato entre dos nadas

Aquí sigue el viento, sopla que te sopla hasta horadar la roca... Por lo pronto está deshaciendo el verano, los días largos sin chispa de aire son este mes de agosto sólo un recuerdo de otros años. Y las noticias no mejoran: parece que las famosas contradicciones del capitalismo están en este momento poniéndose de relieve y seguimos sin encontrar soluciones, nuevas maneras de inventarnos. Como hay que seguir en este rato corto que es cualquier vida humana, no conozco otro modo que leer: para escapar, para resistir, para sonreír.
Desde mi última entrada he leído más novela negra, una de Padura, la que me faltaba de Mari Jungstedt, Nadie lo ha visto, que creo que es la primera; una de autor alemán que se hace "el turco", Jakob Arjouni, Happy birthday, turco, y por último, una de esas novelas que te llaman desde el mostrador de las librerías, La cena, del holandés Hermann Koch.
La de Leonardo Padura sigue en su línea de recreación de mundos llenos de hermosura y sensualidad y de historias policíacas sin conseguir del todo. En este caso Viento de cuaresma, Padura parece preferir denunciar la degeneración de la generación última de cubanos y la nostalgia de un tiempo más auténtico a la creación de verdaderos personajes y tramas. Como siempre, lo mejor es el universo cerrado de la casa de El Flaco y de su madre Josefina y la descripción de comidas y de mujeres.
Mari Jungstedt entretiene, aunque sus historias se sostienen mal. En esta primera entrega de su trilogía un asesino en serie actúa 25 años después contra una supuesta banda de gamberras maltratadoras de su curso: ¡¡!!. Aún así, la historia se lee bien, lo cual dice mucho de nuestras ganas de huir de la realidad.
Arjouni es diferente, la historia es bastante buena y el personaje tiene un desparpajo que lo hace enfrentarse a las situaciones con mucha soltura, aunque muchas veces paga su temperamento lenguaraz con palizas importantes. De todas formas, creo que quiero leer algún título más del detective Kazankaya, su protagonista.
La última novela leída ha sido la de Koch y como definición habría que decir que es un mazazo a los bienpensantes y liberales de salón. Supuestamente es la historia de una velada en un restaurante de diseño del protagonista y su mujer con su hermano, un candidato a primer ministro, y la mujer de éste. Pero es mucho más, casi un estudio de la violencia y de la clase media y de la enfermedad mental... Pero mejor leedlo y ya me diréis que os parece.
Y bien, mientras pase mi rato, entre la nada que me precedió y la que me seguirá (al menos desde el punto de vista de mi yo subjetivo), voy leyendo historias y me evado de un mundo que no me gusta mucho.

viernes, 1 de julio de 2011

Las torres vigías

Acabo de terminar un libro que me ha resultado un tanto extraño, La torre vigía, de Ana María Matute. Extraño porque en teoría es una fábula pero no tiene el contenido edificante que a menudo suelen tener éstas. Es una fabula, pero esta llena de una extraña violencia fundacional, de una ausencia de sentimientos que se combina con enormes ataques de ira o un extraño amor devorador, el que siente por la ogresa, la mujer del barón de Mohl. Tampoco son edificantes los amores del barón, que encarna para el protagonista una civilización más avanzada, una mayor contención de los instintos primitivos que campean por toda la obra. Se supone que el tiempo en el que se desarrolla es la Edad Media, pero en mi opinión ni el tiempo ni el espacio de esta novelita se pueden definir; se trata de un territorio y un tiempo mítico que existe solo en los cuentos para mayores y en algunas pesadillas.
Para mi, esta obra tiene algo de pesadilla, sobre todo en su parte final, en la que aparece la torre vigía y su extraño vigilante atemporal y cosido de heridas... En la escena final existe una gran confusión, el protagonista acaba con el Mal y con el bien y también muere en la terrible batalla el barón Mohl.
La torres vigías que mejor conozco son la de la costa de la Axarquía de Málaga, que al parecer se crearon como defensa de los moriscos y de los ataques piratas. Son hoy día una ruinas amables que jalonan la costa y que apenas si sirven como referencia en el paisaje de lomas.
Se considera esta novela de la Matute parte de una trilogía, junto con Olvidado Rey Gudú y Aranmanoth; para mí ambas superan la tenebrosa tristeza de esta obra, quizás reflejo de un terrible pozo del que la autora empezaba a salir. Especialmente Olvidado Rey Gudú es hermosa y brillante en su creación de otro mundo, también este mítico, si, pero cuajado de una luz eterna.
Pero nadie puede negarle a la autorala capacidad de crear mundos, eso si que no.

lunes, 16 de mayo de 2011

Gente mayor y transparente

Envejecer, como ya he dicho algunas veces, no equivale necesariamente a adquirir dignidad. Desde luego, tampoco cumplir años ayuda mucho generalmente a conseguir un mejor aspecto.
Aun así, hay personas, en especial mujeres, que con los años adquieren una fragilidad y un aspecto transparente que las hace merecedoras de una ternura especial, diferente a la que despierta, por ejemplo, la infancia.
Puede deberse al cabello blanco y "espumoso" o quizás al tinte especial de la piel de estos mayores, pero sobre todo, es la sensación de liviandad del esqueleto entero, esa mezcla de inestabilidad de volatilidad, de ausencia de peso y de fuerza sobre el suelo.Así he visto yo a Ana María Matute estas semanas pasadas en las celebraciones de su premio Cervantes: blanca, trasparente, flotando en su silla de ruedas. De esta autora tenía sólo el recuerdo de su gran obra Olvidado rey Gudú, que consiguió atraparme a pesar de mi resistencia a la narración fantástica, a los cuentos. A raíz de este premio he leído Aranmanoth, que para mi es el heredero de los cuentos tal y como se contaban antes, cuando todavía había tiempo para esas cosas. Junto con otras obras muy diversas tengo otra obra suya, La torre vigía, que estoy leyendo a salto de mata, entre lecturas técnicas y otras novelas.
La Matute es de una especie de mujeres que ya no se fabrica, pero además es el exponente de un tiempo en que imaginar, leer, escribir, eran parte de nuestra vida mucho más que lo son ahora.
Recuerdo los cuentos que inventaba mi madre o los que incluso escribía mi hermana a mis sobrinos (La "a" perdida era uno contaba la imposibilidad de nombras las cosas más comunes y hermosas debido a la pérdida de dicha vocal); incluso recuerdo algunas sagas inventadas por mi para entretener a mi prima...
Pero no era yo, seguro, esa que usaba su tiempo para divertir a alguien o que dedicaba a sus amigos gran parte de su día y casi todos sus pensamientos. Hoy no tengo una sonrisa ni para los muy amados, y el tiempo es una cosa helada que trascurre con velocidad demoníaca. Leer es la mayor parte de las veces un ejercicio disciplinario no apetecido y escribir es un tormento, el tormento de la palabra huida y el término no hallado y sobre todo de la frase que se queda en suspenso, rompiendo la rotunda redondez de la lógica del discurso.
A veces se diría que esta vida no es una vida digna de tal nombre, sino un ejercicio de esfuerzo baldío "el inútil combate". Pero también a veces la idea y el corazón se juntan y se inventan una realidad más real y más plena que la del mundo real. Y entonces vuelve a ser una hermosa historia.

jueves, 21 de abril de 2011

Sigo aquí y se acerca el día del libro

Desde que no he vuelto por este blog, muchos libros se han cruzado en mi camino. Además, ya estamos cerca de otra conmemoración más del día del libro, el 23 de abril, día de la muerte de Cervantes, de Shakespeare y del Inca Garcilaso de la Vega, que este año además es Sábado Santo y queda un tanto desvaído envuelto en esta lluviosa Semana Santa. Y como corren tiempos duros, este año la fecha está dedicada al derecho de autor.
A mi me gusta el modo catalán de celebrar esta fecha regalando rosas y libros y siempre me acuerdo de la canción de Serrat, Els vells amants:

I per Sant Jordi ell li compra una rosa
embolicada amb paper de plata
I per Sant Jordi ell li compra una rosa
mai no ha oblidat aquesta data...

Pero ahora, primero quiero hablar del último libro de Asa Larson, La senda obscura, que para mí es el más redondo de los tres que he leído de esta autora sueca de novela negra. Aunque aparecen sus dos personajes de las anteriores entregas, la policía Ana María Mella y la atormentada abogada Rebecka Martinsson, los verdaderos personajes son aquí los aristocráticos hermanos Watttrang y su amigo de la infancia, que se traen entre manos negocios lo bastante turbios para producir la muerte de Inna Wattrang y para llevar al sorprendente desenlace final. Aunque hay que afirma que se trata de una novela desigual, cuyo ritmo es interrumpido a menudo con regresos al pasado, a mi me parece una novela mejor que las anteriores y que supera un poco el prejuicio de la religiosidad nórdica extrema.
Después he leído un libro inesperado de un autor que no conocía, Todo eso que tanto nos gusta, de Pedro Zarraluki. Podría definirse como una novela de sentimientos, que no quiere decir sentimental, sino que quiere decir que no se trata de una novela de acción, aunque si que ocurren cosas, sino que el acento está puesto en los sentimientos entre un padre algo decrépito y su hijo, y una madre también muy particular. Y viene a decir que ser viejo no es estar muerto y que también se puede trabajar y gozar después de la jubilación. Y el lugar en el que se desarrolla también ayuda, se trata de un pueblo del Ampurdán, que da vida a hermosos personajes como la criadora ciega de rosas Paquita y su frase magistral "¡Qué trabajen los motores!"
El último que he leído es Riña de gatos de Eduardo Mendoza, que para mi hace mucho que no está a la altura de sus irreverentes primeras novelas. En esta recobra algo de esta al narrar los meses previos al golpe militar del 36 en Madrid, con un ambiente revuelto por las algaradas de los falangistas y de la extrema izquierda. La óptica del personaje principal, un inglés ingenuo y algo tontaina, crítico de arte y apasionado por la obra de Velázquez, convierte alguno de los dramas de la época en una especie de pantomima o en una reducción al absurdo de los personajes más importantes de la época.
En fin, hoy y siempre, libros. Y el día 27,  leemos en público y en voz alta