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sábado, 28 de mayo de 2011

La vida en un semáforo

En medio del tráfico de un sábado de mayo, en el cruce de José Abascal con Castellana, dos chicos se ponen enfrente de los coches y realizan una representación mágica, en la que los gestos y los movimientos y una bola de cristal transparente nos transportan a otra dimensión más amable.
Después, el semáforo se abre y los dos personajes desaparecen y los conductores de los coches apenas pueden responder a esos instantes de tiempo suspendido con unas pocas monedas que ayuden a esas perdonas luminosas.
"Lo hacen por amor al arte", dice P. para consolarme de mi falta de reflejos para buscar esas monedas. No, lo hacen para vivir, para ganarse la vida de este modo nada fácil, a salto de mata.
Los tiempos son difíciles, hay mucha gente haciendo trabajos penosos, duros, o cobrando poco, mal y nunca. Pero en los ojos de estas dos personas había una luz distinta, que jugaba con la de la pequeña bola de cristal. Puedes ganarte el pan con el sudor de tu frente, pero esos tipos del semáforo transmitían su luz a los que miraban y el aire se detenía mientras el semáforo cambiaba a verde.

sábado, 21 de febrero de 2009

La poesía es un arma cargada de futuro

Mi amigo Ricardo, contra su costumbre, ha hablado en su blog de poesía, incluyendo los cuatro primeros versos de un poema muy tierno de Gloria Fuertes, la tierna poeta de los niños del tardofranquismo. Es un síntoma que muchos ahora nos acordemos de la poesía, que no solo es un arma cargada de futuro, sino una fuente de paz en tiempos revueltos. Contra el girigay de la gente vacía, la poesía no sólo nos conforta, sino que nos alimenta y hace que crezcamos por encima de nuestros sueños.

Hace un tiempo que sólo leo dos segundos antes de "doblar" o dormirme, estoy leyendo en inglés My family and others animals de Gerald Durrell. Pero estoy tan cansada que no leo de un tirón desde que terminé una novela muy entretenida sobre el frente de Aragón, El secreto del brigadista, de Andreu Claret Serra. Pero las palabras te atrapan en cualquier sitio: en mi caso viajando en Cercanías, leyendo esos fragmentos literarios que se adhieren a las paredes de tren y viajan con nosotros.

Allí leí hace unos días un poema de Ángel González, del que me quedé , al contrario que Ricardo, con el final, con dos versos de belleza torcida: El éxito/de todos los fracasos. La enloquecida/fuerza del desaliento… Como no he leído mucho a Ángel González, me he dedicado a buscarlo por la red y he encontrado el poema en cuestión, que aquí transcribo completo y que se llama Áspero mundo, y he encontrado varios vídeos del poeta en un blog llamado Tomo la palabra.

Merece la pena oír la voz y ver las fotos o las imágenes grabadas del poeta. Ángel González nos habla de otros tiempos y de otras gentes distintas de las que hoy existen, probablemente como dice el fruto de unos tiempos más duros...


Para que yo me llame Ángel González,
para que mi ser pese sobre el suelo,
fue necesario un ancho espacio
y un largo tiempo:
hombres de todo mar y toda tierra,
fértiles vientres de mujer, y cuerpos
y más cuerpos, fundiéndose incesantes
en otro cuerpo nuevo.
Solsticios y equinocios alumbraron
con su cambiante luz, su vario cielo,
el viaje milenario de mi carne
trepando por los siglos y los huesos.
De su pasaje lento y doloroso
de su huida hasta el fin, sobreviviendo
naufragios, aferrándose
al último suspiro de los muertos,
yo no soy más que el resultado, el fruto,
lo que queda, podrido, entre los restos;
esto que veis aquí,
tan sólo esto:
un escombro tenaz, que se resiste
a su ruina, que lucha contra el viento,
que avanza por caminos que no llevan
a ningún sitio. El éxito
de todos los fracasos. La enloquecida
fuerza del desaliento…

Ángel González, Áspero mundo (1956)

Vivir es un oficio que cuesta aprender, pero no hay duda que las voces de los poetas son una forma de aprender y de soñar lo pasado y lo futuro. Salud y poemas, amigos. Y para seguir soñando y aprendiendo, visitad el post de Kirai Matemáticas y ZEN

sábado, 18 de octubre de 2008

Tiempos difíciles

Esta semana las cosas se han puesto de pico. Además del mucho trabajo presente y futuro, ha saltado una nueva crisis, de esas que se acumulan a los viejos problemas. Además, siempre hay alguien dispuesto a aprovecharlas.
Yo me he enfrentado a ella llena de optimismo, aunque por supuesto con algunos nervios: para mi las crisis son movimientos de conciencia que obligan a repensar lo que hacemos y que en muchas ocasiones se presentan como auténticas oportunidades de mejorar.
Puede ser simplemente que no me gusta la rutina, pero creo que muchos acontecimientos que consideramos negativos son a larga positivos, porque nos ayudan a plantar cara a los problemas y a revisar nuestros puntos de partida.
Al margen de su carácter de estímulo, estas crisis nos desgastan, eso está claro y nos obligan a explicarnos frente a nuestros "clientes". Pero eso tampoco está mal, porque hay un tipo de responsabilidad excesiva y en cierto modo peligrosa, que pretender solucionar a solas todos los problemas. Y eso no solo no es posible sino que no es deseable. Sólo trabajando todos juntos conseguiremos superar los obstáculos.