viernes, 26 de mayo de 2017

Noche primera

Está obscuro como siempre, pero late un pulso diferente, inquieto y nada tranquilizante, y el calor es hoy húmedo y terrible, los otros no se se mueven ni me rozan y hay un olor raro y un líquido rojo lo inunda todo. No sé que ocurre que parece que todo se ha vuelto difícil y angustioso en este lugar antes tan cómodo y acolchado. Me duermo o caigo hacia un vacío de vértigo.
De pronto algo me agarra y la luz entra de golpe por una gran herida y siento a Bala por fuera, la que antes veía por dentro, la que me guardaba del calor y el frío,  y está dormida mientras cierran su herida.
Los otros están quietos, callados, no tienen hambre ni dejan entrar aire en sus pulmones.
Yo sí, yo como y exhalo aire y busco con los ojos cerrados y mi hocico infalible piel y comida para empezar mi tiempo.
Por la rendija de mis ojos cerrados veo luz y hay ruidos extraños, voces y manos que me acarician.

sábado, 20 de mayo de 2017

Esnifando cielo


Foto de Alejandro Azuar
Foto de Alejandro Azuar
Lo primero es lo primero: el título de esta entrada no es mío, es un graffiti que se puede leer a la salida de Collado Villalba hacia Madrid por la A6, en un banco en altozano. Es tan sugerente que no puedo menos que rendir mi homenaje a su desconocido autor: ¡lo clavaste, autorazo!
Es fácil imaginarte sentado en el banco, con la calma de la tarde o el vigor de la mañana, mirando el cielo y llenando tus pulmones de belleza en estado puro.
Pero a lo mejor es el título de una canción o una película religiosa, da igual.

Porque el cielo se esnifa, nuboso, negro o azul, y entra venas adentro hasta el corazón. Muchas mañanas he respirado cielo azul intenso con la raya blanca del rastro de un avión y el verde brillante de los árboles en primavera enmarcándolo. O entre nubes grises y negras o nieblas repletas de humedad.
O cielos prendidos de fuego cuando cae la tarde y el sol incendia la noche, o azul obscuro, casi negro, cuando el sol ya se ha escondido en las tórridas noches de verano.

Esnifar el cielo es un hallazgo literario que pienso hacer mío. Escribimos aquello que deseamos, muchas veces un mundo de belleza y bondad. Pero también a veces queremos que lo que escribimos sea real, es decir, que contenga además la fealdad y maldad que se hospeda sin remedio en la realidad. Porque queremos reproducir la vida, tanto como dar voz a los sueños.
Esnifar cielo forma parte de ese deseo de materializar los sueños, de pensar un futuro perfecto en el que la naturaleza nos acune y no sea necesario escribir la maldad ni la tristeza para reflejar el mundo real, porque estas hayan desaparecido de la faz de la tierra.



Para Lola S. en su cumple
y para Rosa, Alejandro y Julio

domingo, 14 de mayo de 2017

Amigos

Muchos días sin estar por aquí, sí.
El tiempo es un ladrón silencioso que va robando horas, días, amores y alegrías.
Pero luego un día estás con los amigos, y la risa va ganando la partida y vuelve el tiempo de los pies ligeros y del corazón de par en par y todo parece otra vez posible.
La noche vuelve a ser cómplice de palabras llenas de verdad y de sentido y belleza, vuelve el sentimiento de que es posible decir y comprender al otro, de que aún las palabras no están irremisiblemente rotas, que aún es posible entenderos, amigos, latir juntos, cruzar palabras, pensamientos, obras.
Recordad que hubo un tiempo en que hubiéramos querido que todo fuera eterno, sin saber que algún día nos bastaría con una noche como esta, infinita de risas y latidos
Gracias por siempre.

miércoles, 25 de noviembre de 2015

...Que tenemos que hablar de muchas cosas.

Te vi por primera vez en el vestíbulo de mármol de la Biblioteca, puede que en 1988 o 1989. Ya conocía a Montse Ruiz y un día, al coincidir con ella a la salida te conocí, una sonrisa encantadora y una gran personalidad, vestida en blanco y negro;  a menudo Montse Oliván vestía de blanco y negro o de negro total, como una brujita buena.
Luego estuvimos juntas en Clasificación, y después estuvimos años encontrándonos solo en los pasillos y en la cafetería, y cruzando bromas y comentarios sarcásticos (señorita Rottenmeier, la llamaba yo con cierta sorna por su amor a la disciplina). Hasta que últimamente nos tocó compartir un gran desafío, la ley de depósito legal electrónico, un importante cometido del que nos hicimos cargo para conseguir que la era de Internet no supusiera una nueva edad obscura digital.
Montse llevaba mucho lidiando con la redacción de la ley de depósito legal de materiales no digitales, que después de muchos avatares se había aprobado en julio de 2011. Para ello se había constituido un magnífico grupo de trabajo con bibliotecarios de todas las comunidades autónomas.
Montse lideró ese grupo con gran destreza y sobre todo con gran humanidad. Sin la mas mínima ingenuidad, pero con amabilidad y saber hacer consiguió algo que no es común y menos en este país: una colaboración estrecha y una obra de todos y para todos. 
Esta red, y el conocimiento de ella que tenía Montse, ha sido imprescindible para la buena navegación de la ley digital, que contó además con el equipo de la BNE de archivado de la web y con la experiencia catalana y vasca. (Ver PADICAT y ONDARENET)
Montse estuvo siempre ahí, pura energía e inteligencia, previendo los problemas antes de que se plantearan, siempre pendiente de todos y cada unos de los elementos en juego. Feliz y entusiasta siempre.
Ella supo ponerse el mundo por montera cuando hizo falta y ser al mismo tiempo una persona respetada por todos, sin necesidad de mostrar su fuerza y su autoridad porque eran patentes, cariñosa y amable, dispuesta ayudar siempre que era posible. Alguna vez tuvo que luchar también a cara de perro, pero esa no era la verdadera Montse, medio donostiarra medio catalana, feliz con las plantas y con el mar. 
Te has ido de repente, después de cuatro meses de penosa enfermedad, llevada con toda tu paciencia y acompañada de tu amor y tu compañera, la otra Montse. 
Por siempre te guardaremos en la memoria. Compañera