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domingo, 29 de septiembre de 2013

El paraíso humanizado

Llegamos el domingo 22 a Los Escullos, en el Cabo de Gata y hasta el sábado 28, el paraíso ha he estado cumpliendo con su cometido, dando la talla en lo que se espera de un paraíso: sol perpetuo, mar en calma y transparente, silencio y felicidad. Pero a partir del viernes por la noche se pone en marcha una pesadilla renuente, que cambia el gorjeo de los pájaros y el sonido de las esquilas del rebaño de cabras por el ruido más inhumano de electro latino y otras flores de discoteca. La razón, una fiesta de Erasmus que ya nos sacudió el año pasado y que se ve que nos ha tocado en suerte también este año.  Unos 50 jóvenes de ambos sexos dispuestos a divertirse durante todo el fin de semana con las músicas más tontas y los juegos más insulsos. A ello se suma un viento huracanado que silva entre los bungalows por la noche y que durante el día hace difícil permanecer en la playa, no tanto por lo rizado del mar como  por el suplicio de los granos de arena horadando la piel o dejándote ciego. 
Como siempre, la solución para mi han sido los libros. Me he leído, en medio de la furia de la música gritona, El amante lesbiano, de José Luis Sampedro y Lo que el día debe a la noche, de Yasmina Khadra, seudónimo del escritor argelino Mohammed Moulessehoul. 
El de Sampedro se lo había regalado yo a C.N., compañera del la Biblioteca, y me lo ha dejado con la consigna de que se trataba de un libro apasionante. Para mi es un libro extraño que trata sobre el sexo, el género, las preferencias y la dominancia. Es un libro de iniciación que sucede a un viejo en el umbral de la muerte en un territorio de nadie, Las Afueras, donde es posible luchar contra todos lo errores y las imposiciones de la existencia. En este territorio neutral, el protagonista, Mario, se deja guiar por una bereber liberada, Fadira, de retorno a su verdadero ser. La obra se abre con dos citas místicas, una de San Juan de la Cruz (Entremos más adentro en la espesura) y otra de San Agustín (Ama y haz lo que quieras). La primera especialmente tiene para mi el sentido de escudriñar lo racional, descubrir las razones ocultas del universo.
El libro sobre Argelia me ha encantado, emocionado e interesado enormemente. No es solo que hable de la revolución argelina, uno de los últimos hitos de las luchas de liberación coloniales y unos de los primeros estallidos del terrorismo integrista musulmán, es que su lenguaje está muy cerca de mi sensibilidad sureña, de mi manera mestiza de entender la vida. Incluso del fatalismo y del sentido exacerbado del honor. La vida en la colonia de Río Salado parece tan idílica y al mismo tiempo hay tanta corriente de malestar subterránea, tanto rencor escondido que parece lógico el estallido de sangre y muerte que se produjo con la independencia de Argelia. Según Younes, el protagonista, deja claro como respuesta a la razones de los bodegueros colonialistas, se trata del enfrentamiento entre dos formas de vida, dos conceptos de la vida que triunfan en el norte y el sur, uno defendiendo el trabajo como razón suprema y otro la libertad como fin en si mismo...
No tengo las respuestas a esta antítesis, pero la siento en mi, formando parte de mi vida y de mi ser. T, la amiga que me ha dejado el libro de tan hermoso título, un libro en el que ella me comentó que solo por la descripción de un trigal al principio de la obra merecía la pena leer, tiene en la página de guarda final muchas notas manuscritas de su vida y sus viajes. Eso lo hace mil veces hermoso, no solo por el autor, la obra y la esperanza que rezuma, sino por la lectora que lo ha enriquecido con su propia alma.
Afuera sigue soplando el viento desasosegante y enloquecedor y dentro sigue la tormenta del dolor de I. y su locura y nuestro afán por salvarla del abismo. Si el viento sigue asediando el paraíso, no se cuanto podremos aguantar. Me gustaría un poco de sol y mar en calma, que P. disfrutara del recién descubierto buceo y poder volver al Norte con la mochila cargada de Sur. No sé si será posible. Mientras, aún me quedan dos libros más, La regina de Pomerania, de Andrea Camilleri y que ya he mencionado en este blog  y Escribir en Internet, un libro de la Fundación del Español Urgente del BBVA dirigido por Mario Tascón. Ojalá se amanse el dios del viento.

viernes, 18 de enero de 2013

Cabo de Gata en enero

Viajar en enero tiene muchas ventajas. Se puede ver todo con tranquilidad y con condiciones diferentes, menos calor, aunque  también menos horas de luz. En el Cabo de Gata, la temperatura en enero está entre los 16 o 19 grados, que permite darte algún baño de impresión, con el agua algo fría, pero con el sol brillando y calentando, lo que convierte el baño en una experiencia agradable.
Y además la temperatura suave permite los paseos, algunos de ellos llenos de una hermosa melancolía, como el nuestro del pasado domingo en la playa de Mosul.

Otros hermosos paseos, algo más duros, nos han llevado desde Las Negras a la playa de San Pedro, donde junto a las ruinas de un antiguo cuartel hay una colonia ecologista, con varias casas autogestionadas y uno de los pocos manantiales de agua dulce de la zona. Y una bahía de agua cristalina, verdiazul, lo mejor de todo.
Además por primera vez hemos visitado Agua Amarga y en especial la playa de los muertos, que es una playa impresionante de gravilla blanca, que está en la parte norte del parque. Hasta ahora no habíamos pasado de Las Negras, y estas nuevas incursiones han sido muy estimulantes.
Concretamente, la playa de los muertos es una playa recta con dos grandes rocas al lado derecho, a la que se accede bajando por unas empinadas laderas, lo que no ha conseguido eliminar del todo la llegada de los vándalos, que abandonan en la playa archiperres de pesca, litronas, cajas de tabaco vacías o bolsas de frutos secos.
Aún así, esta playa impresiona, tanto avistada desde el mirador que hay en su extremo izquierdo como ya a pie de costa, con esa suave grava blanca que permite tenderse fácilmente, pero que convierte el andar o correr por ella en un difícil ejercicio.

Aprovechamos un día de viento y lluvia para andar desde la Barriada de Cabo de Gata hasta El Pocico, un pozo utilizado desde época romana y que esta cerca de la ermita de la Virgen del Mar y de la torre de vigilancia de Torregarcia. A lo largo del recorrido, a parte de la visión un poco negativa de un viejo bunker de la guerra civil, está la playa del Charco y el propio charco, en el cual anidan gran cantidad de aves marinas, y permiten a nuestros perros C y C. un baño menos salado y mucha diversión, cosa absolutamente habitual para ellos. Y eso que el viento soplaba a placer.
Y ya toca volver, y retomar las rutinas y los problemas, dejar a un lado este paréntesis de sol y de olvido, aunque se trate más bien de un recuerdo atenuado o dorado por luz tranquila de estos días

sábado, 20 de octubre de 2012

Libros en vacaciones

Nos fuimos hacia Almeria, al camping Los Escullos cerca de San José el día 28 de septiembre, y a pesar de ir por Murcia apenas nos llovió, cuando llegamos aún pudimos darnos un bañito en la playa de los Arcos. Al día siguiente si que llovió a gusto, pero leer en el bungalow es también una una buena manera de pasar las vacaciones.
Hemos estado allí hasta el lunes 8 de octubre y en general hemos tenido un tiempo magnífico y hemos disfrutado a fondo de las playas (Cala Carbón, la de los Arcos, Monsul, Los Genoveses) y de la comida (vuelvo a recomendaros La Gallineta, en el Pozo de los frailes), así como del relajo de vivir sin preocupaciones.
Así da bastante tiempo a leer, ya antes de salir de Madrid había leído Un ángel impuro, de la serie africana de Mankell, que narra la vida de Hanna, una sueca que camino de Australia se casa y enviuda y recala en Lorenço Marques, como dueña de un gran prostíbulo. La novela, como Los ojos del leopardo o Tea Bag, describe muy bien la tensión entre los africanos y sus colonizadores y el tremendo miedo que subyace debajo de esa agresividad.
Mientras llovía en Los Escullos leí de una recopilación de narraciones cortas de Empar Moliner, de quien no había leído nada y que me gustó bastante, se llama No hay terceras personas, y son relatos que hablan de la miseria intelectual y de la real, de las trampas de nuestra era y de seres humanos que se pelean en un torpe combate contra ellas. Este libro es regalo de F., riojano-catalán- madrileño y compañero de fatigas en la biblioteca. A continuación me "bebí", como me suele suceder con las novelas negras, y especialmente con las de Asa Larson, Cuando acabe tu ira, en la que me ha gustado el vagabundeo postmortem de la asesinada y su relación con la tía abuela, se la dejé después a L. y ella también se enganchó de la historia.
Por último, y por indicación de L., me leí Todas las criaturas grandes y pequeñas, de James Herriot, que al parecer es una novela autobiográfica sobre los inicios de su carrera como veterinario en el condado de Yorky que relata con humor la dureza de la profesión, más allá de idealizaciones literarias.

Tras la vuelta, todavía de vacaciones, he estado en el Hayedo de la Pedrosa, el puerto de La Quesera, y de vuelta hemos descubierto el alto Jarama, con el embalse de el Vado y también la existencia cerca del pueblo de Retiendas de un Monasterio casi derruido, el monasterio de Bonaval, que merecería que algún mecenas se dedicara a recuperarlo.
En esta semana previa a la vuelta a la rutina estoy leyendo una obra de divulgación sobre tipografía Es mi tipo, de Simón Garfield, que me recomendó F.B. y que es una obra muy entretenida y con información muy interesante sobre las fuentes tipográficas, ese mundo desconocido para el común de los mortales antes de la generalización de los ordenadores.
Alterno la lectura de esta obra con Nos compramos un zoo, una sugerencia de mi hermana M., que siempre suele acertar. Es de Benjamín Mee y aún no puedo decir mucho sobre ella, porque no he hecho más que empezarla.
Y bien, en este fin de semana sufro un anticipo del síndrome postvacacional y pienso como contar aquí una historia hilarante que me contó F. mi peluquera, una chica marroquí de "casi 40 años" cuando llegó a España con 20 años. Aunque mejor os lo cuento en directo, intentando copiar sus gestos e imitar su gracioso modo    de hablar el español.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Ahora que ya hemos vuelto

Han pasado solo diez días desde que comenzamos la vida nómada P. y yo y los dos perros C. y C. Hemos estado en bastantes sitios y casi hemos trazado un cuadrado, de Madrid hacia el sur: comenzamos con las Lagunas de Ruidera en Ossa de Montiel en Albacete, después fuimos a Torrox en Málaga, sólo para hacer noche, y de ahí al camping de los Arcornocales, en Jimena de la Frontera, entre Cádiz y Málaga. En este parque paseamos por el río Hozgarganta, subimos al Castillo y su torre del homenaje en Jimena, y otro día subimos hacia la increíble Ronda, ciudad colgada de un escenario agreste, pero llena de belleza, ni P.ni yo la conocíamos, pero es realmente magnífica.
De ahí salimos hacia Huelva por carreteras secundarias, viendo hermosos pueblos como Algar, El Bosque o San  Miguel del Valle y gracias a las encerronas de nuestro navegador Tom Tom, pudimos disfrutar de la presa de los hurones y además padecer la falta de civismo de los excursionistas que abandonan en esos preciosos parajes sus bolsas de basuras.
Tampoco conocíamos Huelva, ni la playa de la Bota, una playa paradigmática de arena dorada, enorme anchura y mareas que depositan sus tesoros cada día; pero no hubo mucha suerte esta vez, el camping no nos gustó, ni a pesar de lo que se decía en Internet, la Playa de la Bota era el lugar apropiado para los dueños de perros, así que tras una noche de dudas y alguna deliberación, cambiamos Hervás por Mérida, en una casa rural romana llamada La quinta del Triario, de la que hablaré largo y tendido en otro post.
En este lugar hemos pasado tres noches en las que hemos vuelto a ver las estrellas y la Via Láctea y tres días en los que hemos recorrido la ciudad sembrada de historia y de obras duraderas (acueductos, termas, palestras, teatros, hermosas casas) y museos. Ha sido un re-descubrimiento, y aunque no es la ciudad ideal para recorrer con perros, P. y yo lo hemos organizado bastante bien.
No quiero olvidarme de Fregenal de la Sierra, un precioso pueblo con huellas templarias y con una hermosura especial; se trata de la tierra de origen de mi amiga C., es decir de los Lupi Prati.
En resumen, tras muchos kilómetros y muchas fotos (alrededor de 2000), guardamos una infinidad de recuerdos en nuestra retina, que duraran  mientras duremos nosotros. Mejor, quizás mañana lo olvidemos todo, pero hoy son hermosos sueños.    

martes, 7 de septiembre de 2010

Estrellas y lagunas

Lo mejor de Riduera, dice P., son las estrellas, que aquí en la estepa manchega se ven como en televisión.
Y es verdad, tanto el sábado como el domingo hemos visto la Vía Láctea, esa nube lechosa de estrellas, en el negro cielo del camping. Ese camping que ha sido una experiencia ambivalente, por un lado un camping masificado, lleno de niños amantes de los perros y con mucho ruido por las noches y con unos servicios no demasiado buenos para tanta gente; y por otra el fluir de dos arroyos, uno de ellos al lado de nuestra tienda, el canto de los pájaros y las ardillas saltando de árbol en árbol sobre nuestras cabezas. Esto, sumado a lo duro que es dormir sobre el duro suelo a partir de ciertas edades...
Igualmente ambivalente es la experiencia de las propias lagunas, se trata de un turismo muy, muy especial, entre familiar, marchoso y deportivo. La belleza de éstas no la pueden eclipsar ni los desmanes de las constructoras (muchos y muy flagrantes), ni las hordas de familias que se ubican en cualquier rincón con todos loa estigmas de la civilización (teles no hemos visto, pero casi todo lo demás, si). Yo recordaba unos días pasados con mis compañeros de INEF en la orilla opuesta a un balneario de una popular laguna (podía ser quizás La Salvadora, no lo recuerdo con exactitud) y aquello había sido una experiencia más cercana a la naturaleza, con acampada, cocinando carne y embutidos a la brasa, siempre con romero y con las tablas de windsurfing, aunque con poco viento. Recuerdo haber recorrido la laguna entera sólo con la tabla sin vela, tumbada sobre ella y remando con los brazos. También recuerdo que , como ahora, pero menos, había todas las mañanas una capa de grasa y suciedad humana, que ni entonces ni ahora impedía ser felices a los patos.
Esta vez hemos aprendido el nombre de algunas lagunas, la de El hundimiento,la Redondilla, cerca de la cual está el camping, y sobre todo, la Laguna Blanca, la última de las lagunas altas, que están menos explotadas y cuyo fondo es de una arena blanca y fina, y a la que es muy difícil acceder.
Este es otro elemento negativo de este parque, todo está muy mal indicado y los servicios son pobres y discontinuos. Las lagunas no están siendo protegidas debidamente, pero además la desinformación no está limitando las tropelías, sino más bien favoreciéndolas.
P. dice  que no ha visto más fauna que campistas  rapacesalboratodores, yo le recuerdo los patos, las  rapaces, las ardillas. Claro que las expectativas de jabalíes y aves diversas se hacía difícil este fin de semana de algarabía.
Después de éste, el lunes salimos de un camping desolado, con cierto aire decadente de fin de verano. Vamos al mar, al sur, y en la tarde del lunes me baño en Torrox en unas aguas no muy limpias, con la playa llena de madrileños o de españoles. Solo estamos de paso, vamos hacia otros lugares en busca de recuerdos, de sueños para grabar en nuestros ojos.



miércoles, 8 de julio de 2009

Mientras llegan las vacaciones


Esta vez quiero hablar de tres libros, uno de ellos muy esperado y del que se ha hablado mucho, y los otros, sorpresas del camino.
El "esperado" es el tercero de Millenium La reina del palacio de las corrientes de aire, del que solo quiero decir que su lectura ha sido tan emocionante como la de los dos anteriores y que realmente apetecería poder leer algunas obras más de este autor. En este último se produce un desenlace que otorga a cada cual su merecido (eso que solo ocurre en los libros), pero en
cierto modo Stieg Larsson deja abierta la posibilidad de retomar la historia de los protagonistas. No sabía que afuera (en el mundo real) le esperaba la implacable, la inmisericorde muerte.
Los otros dos libros son regalos inesperados, encontrados al azar en el apartado Novela policíaca de unos grandes almacenes. Me ha gustado mucho el contraste entre ellos, una es una novela de una autora sueca, Åsa Larsson, Aurora boreal y otra es de una autora india Kalpana Swaminathan, Los crímenes de Ardeshir Villa.
La primera recrea un ambiente opresivo, donde lo religioso se convierte en lucha de intereses y secretos, con un horizonte cerrado de hielo y nubes y unos personajes complejos y atormentados, que me recuerdan al cine de Ingmar Bergman, llenos de sentimientos reprimidos y de traumas ocultos.
La segunda es más ligera, narra la historia de una fiesta de varios días en una Villa con asesinatos y lluvias torrenciales incluidos.
Uno de los protagonistas es un cocinero que reivindica la cocina india casera y a lo largo de toda la novela van desgranándose un sinfín de recetas exóticas. La novela debe mucho a Agatha Christie, como en las obras de ésta hay na lista inicial de personajes y un plano de los dos pisos de la villa Ardeshir. La protagonista es Lalli una policía retirada a quien sus colegas recurren para resolver casos difíciles . Es inmediato pensar en Miss Marple, pero Lalli tiene un componente oriental que atrapa. Como único inconveniente, la traducción no es muy buena, a mi parecer.
Y ya está, mientras llegan las vacaciones, que parece que no van a llegar nunca, y sin limitaciones de tiempo, de dinero o logísticas, he viajado de Kiruna a Bombay, del norte más extremo al sur mas remoto, y me he aislado de la ciénaga de pequeños y grandes problemas que es hoy siempre nuestra vida. Se trata de una evasión en toda regla que deja atrás las muchas cárceles que nos fabricamos nosotros mismos. Y también es una lucha contra el silencio que nos impone la vida: podemos oír otras palabras distintas de las nuestras.






jueves, 25 de septiembre de 2008

Zambullida en el mar con los ojos abiertos

No puedo ocultar que he estado de vacaciones. Del 10 al 19 de septiembre, un mes tan hermoso que duele, hemos estado en Torrox (el paraíso al alcance de la mano). Primero en un bungalow de un camping y luego en "el apartamento".
Pero todo eso es subsidiario: Torrox es el mar y un buen tiempo incombustible, al margen de la comodidad o de las circunstancias. Y es el mar eterno. " La mer, la mer toujours recommencée", que dijo Valery mejor que yo.
Algunos compis han hablado del moco marino (R. ¿estás de vacas otra vez?). Yo quiero hablar de algo parecido, de la zambullida en el mar con los ojos abiertos. Sé a lo que me arriesgo: los psicoanalistas y otros seguidores menos ortodoxos otorgan un significado sexual explícito a este acto.
Pero yo este año tan duro, en mi encuentro eufórico con el mar, las he disfrutado sin temor a las interpretaciones. Incluso he hecho un cálculo de que a lo largo de mi vida con toda seguridad supero las 6.000 zambullidas, desde los gozosos veranos de mi infancia en Málaga a los luchados diez días de playa de mi vida adulta. La inmersión en el agua dulce es también muy hermosa, hay piscinas que tienen el ambiente de un sueño, azul, brillante, espejeante. Pero sumergirse en el mar es otra cosa, colaboran todos los sentidos: el tacto en la piel de todo el cuerpo, sensible a la temperatura y la textura, el sabor salado en la boca y la garganta, el olor a salitre tan hermoso. Y la vista, que se pierden aquellos que cierran los ojos al sumergirse o los que jamás se mojan la cabeza; la vista que incluso si las olas levantan la arena gris de Málaga, dibuja mundos mágicos. Si el agua está en calma, el color, el brillo, las pequeñas sombras de las ondas en la arena del fondo marino son un espectáculo que me gustaría recordar cuando me muera. Se que no es posible, pero bueno, soñar sí es posible.Más prosaicamente, ha sido un tiempo bueno, de bastante andar o de correr, de pasear perros por la playa (incluyo una foto que recuerda los niños en la playa de Sorolla) y de comer pescado y vivir despacio, a pesar de mis eternas ganas de hacer cosas, las temidas (por algunos) vacaciones activas de Marina
.

viernes, 20 de junio de 2008

Ya se acaba

Las vacaciones se van acabando. Yo tengo la mala costumbre de anticiparme en el tiempo, tanto para las cosas buenas como para las malas. Eso hace que el viernes por la tarde empiece a pensar en la vuelta al trabajo el lunes por la mañana.
Como se acaban, es hora de hacer recuento. He hecho algunas de las cosas que me había propuesto y otras no. Pero he hecho las fundamentales: descansar, estar con gente que quiero y quererme a mi misma. También he tenido que asistir a alguna reunión que no me apetecía, pero que finalmente no han sido tan malas como pensaba, o sobre todo me han dado la satisfacción de hacer lo que debía.
Pero aún quedan 3 días y medio. Intentaré hacer alguna de las muchas cosas que enumeré en una lista al comenzar las vacaciones (se trata de la resaca de un curso de organización del trabajo) y sobre todo espero seguir descansando y disfrutando.
Por eso, estudiaré inglés, me bañaré y tomaré el sol con mi familia, cuidaré mi jardín y leeré y oiré música, es decir viviré, que es lo importante y lo que deseo para todos. Vivid

Cuarto día de vacaciones

El primero estuvo nublado e hizo bastante frío, a pesar de estar mediado junio, no se sabe si por enfriamiento de la corriente del Golfo o por contrarrestar las teorías del calentamiento global. El segundo ya salió el sol, ese astro este año bastante desconocido y puede estar en el jardín y sentir como el sol me reanima. Como he hecho un curso de aprovechamiento del tiempo y el sol es mi amigo pero demasiado sol produce cáncer, he hecho toda una planificación del ocio: a primera hora, hasta las doce o así, paseo a Corso, respondo correos, tomo sol mientras oigo inglés o leo y nado un poco o por lo menos me muevo en el agua. Cuando el sol esta arriba y pica que no se puede aguantar entro a arreglar cualquiera de las muchas cosas que he ido dejando sin hacer: ordenar libros y apuntes, arreglar una percha de pared que se ha caído, sacar y ordenar ropa...
En fin, cosas no demasiado interesantes para contar, aunque sí para hacer. Ultimamente pienso que la vida es tan corta y que hacemos tantas tonterías, dejando de hacer aquello que de verdad queremos.
Voy a comentar las lecturas de estos meses que no he escrito. He leído una novela Eduardo Mendoza, El asombroso viaje de Pomponio Flato, que narra las correrías de un romano del orden ecuestre, que en busca de la sabiduría y de un agua que al beberla la otorga, vive unas desternillantes aventuras en Nazaret, con un Jesús niño muy ingenuo y con historias tan interesantes como la especulación sobre unos terrenos cercanos al templo. En la gente que lo ha leído hay división de opiniones, a mi me ha parecido un buen entretenimiento.
Otra de las novelas leídas estas semanas atrás ha sido una historia de misterio con recorrido histórico. Se llama La llave maestra y es de un catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Zaragoza, Agustín Sánchez Vidal. A P. le ha parecido una novela pretenciosa y tengo que darle la razón cuando pienso que la trama habla de un código genético de la información en forma de laberinto... Casi nada. Pero a mi me ha gustado, son dos historias distantes en el tiempo que se entrecruzan la de Raimundo Randa y Mano de Plata por un lado, que viven en la España de Felipe II y la de Raquel Toledano y David Calderón en la actualidad. Además, en la historia de Raimundo Randa se cruzan Juanelo Turriano, Juan de Herrera, Arias Montano y la construcción del monasterio de El Escorial. Además hay un protagonista mudo, la plaza mayor de la ciudad de Antigua, que para mi también resulta muy atractivo. Bueno, leedla y luego me decís.
A. me ha regalado otra novela magnífica, La elegancia del erizo, segunda obra de una autora francesa que como Amèlie Nothomb tiene pinta de bibliotecaria. Se llama Muriel Barbery y nació en Casablanca (no es mal sitio) y mañana prometo transcribiros un párrafo sobre la gramática que me ha encantado. Os dejo, me reclaman el sol y el agua, ¡lástima que no podáis oler la madreselva!

jueves, 10 de enero de 2008

La pequeña Lulu y el síndrome postvacacionalito

He vuelto a casa con la cabeza hecha un bombo y los nervios en pie de guerra. Hemos estado discutiendo asuntos laborales importantes, en los que nos toca casi siempre sufrir las consecuencias de las decisiones de otros, y encima de que te comes el coco tratando de solucionar las cosas, te sueles arrepentir de discutir las cosas con más vehemencia de la necesaria. Se puede achacar a la pasión, en plan lírico, o una falta de control más cercana a fallos educativos, pero en cualquier caso deja un poco de mal sabor de boca, porque ahonda en los desencuentros con la gente y ayuda a que te sientas más solo.
Ultimamente oigo en todas partes que en España se trabaja mucho pero mal, que tenemos horarios y mentalidades atrasados, que tenemos malos jefes (o que somos malos jefes). La conversación ya empieza a molestarme, porque tiene mucho de tópico y tiende a considerar culpable de esto a cualquiera menos a nosotros. El caso es que es cierto que el trabajo es mucho y pocas las vacaciones y que además éstas provocan una serie de consecuencias psicológicas tremendas: imposibilidad de desconectar del trabajo, las temidas vacaciones activas (de las que soy una fan incondicional), y sobre todo el llamado síndrome postvacacional, que es el caso ahora de mucha gente. En mi caso se queda en sindromito, porque han sido unas vacaciones cortitas, pero producen a la vuelta al tajo muchísimo hastío y una gran multitud de preguntas filosóficas de esas que no llevan a ninguna parte pero fastidian: quien soy y adonde voy, qué he hecho yo para merecer esto, por qué no me haría yo artista o funambulista, etc. Total, que te agarras un cabreo sordo de aupa y, o te cargas de una plumazo al maldito síndrome, o estás listo.
Yo me lo voy a cargar, y para ello he buscado en la red música y recuerdos. Y entre los recuerdos, uno que me encanta, el de mis lecturas exhaustivas de los comics de Novaro de la Pequeña Lulú, de su amigo Toby y de los cuentos tan maravillosos de brujitas que le contaba a su hermanito para dormirse, que protagonizaba ella misma y la brujita Agatha. He encontrado en la red las viejas imágenes, que me despiertan una ternura increíble, y me he propuesto volverlas a leer, aunque puede que sea decepcionante porque ya no soy la que era, eso está claro.
Pero así me cargo el famoso sindromito de las narices... Os traigo una portada y un enlace a la Ciberniz en el que habla del personaje.

domingo, 6 de enero de 2008

Año nuevo en el sur


Hemos estado siete días en el sur, en el mar. Cuatro días de sol y baño corto en el mar y 3 días de lluvia y galerna. La foto es del primer de los días nublado y lluvioso y es hermosa porque recuerda que el mar no es únicamente un juguete, sino que es mil cosas mar.
Siete días dedicados a pasear por la playa, a recoger cristalitos y conchas pulidos por el mar, a hacer miles de fotos de sol poniéndose. Sin ordenador, sin Internet, sin blogs.
Ya hemos vuelto a casa, a la chimenea encendida y el viento serrano. A Internet y a las terribles noticias del mundo. Pronto habrá que volver a trabajar, a la lucha continua por la mejora y la excelencia...
Da pereza, apetece sentarse a leer al lado de la chimenea, olvidar el ruido y la furia exterior y recordar tan solo el fragor del mar tormentoso de este enero del 2008. Es lo malo de concederse un descanso, que luego cuesta volver a las mezquinas rutinas diarias. Aunque se añoren las otras rutinas del mar y de los cambios de tiempo. Pero tenemos por delante otro año, habrá que lucharlo.

sábado, 28 de julio de 2007

Cortas vacaciones de julio

Este año las vacaciones de verano se van a reducir a 7 días y sólo por eso debo aprovecharlas al máximo. De momento, el tiempo está respondiendo, pues está haciendo un calor africano, que es el que me gusta a mí, que nací en Málaga después del terral de agosto. Eso tiene un inconveniente que es una ventaja en este caso: no hay ganas de hacer nada. Pero aun así, hago aquello que me gusta, cavo y replanto madreselvas y budleyas y alguna otra planta humilde comprada: vincas, zinnias, lobelias o cóleos. Arranco yerbas, me baño y tomo el sol. También voy al gimnasio, que es una de las cosas que más me gustan, en invierno y en verano. Y sobre todo he leído bastante.
Ayer terminé otro libro, regalo de M.J., que es muy aficionada a la novela histórica o a la historia novelada, es de una autora americana que yo no conocía, Gillian Bradshaw, y se llama El faro de Alejandría. Narra la historia de Caris, una muchacha noble de Éfeso, que vive el ocaso del Imperio Romano, ya dividido en Oriental y Occidental y que sufre mil peripecias en su afán de aprender medicina y que, como consecuencia de haber sido prometida a un galo repulsivo y poderoso llamado Festino, huye a Alejandría disfrazada de eunuco (con el nombre horrible de Caritón) y en su Escuela de medicina cercana al templo de Serapis aprende el arte, (El arte es largo y la vida corta, es la cita que la protagonista atribuye a Hipócrates, a quien venera) y trabaja junto a Filón , médico judío y en un hospital, viviendo luchas religiosas y el ambiente de libertad y mezcla de esta ciudad. Como médico de Atanasio, arzobispo en permanente lucha con el poder romano, a su muerte es acusada de conspiración y arrestada y sólo consigue zafarse de esta acusación firmando como médico militar en Tracia, en el hospital de Noviduno, en los confines del imperio. Además de renovar totalmente este hospital, adaptándolo a la civilización, sufre un juicio por brujería, progresa y se enamora de Atanarico, pero sobre todo es testigo de las luchas con los pueblos bárbaros: godos, hunos, alanos se enfrentan al poder corrupto de Roma, que como cualquier imperio sufre las consecuencias de la difícil gobernación y defensa de un territorio tan extenso y diverso y del afán de rapiña de algunos gobernadores romanos((entre los que vuelve a aparecer Festino), que provoca la rebelión de los bárbaros, a pesar de la admiración que en ellos despiertan Roma y de su afán de unirse a su civilización.
Todos estos sucesos sirven para que la autora muestre su despego y amor hacia la idea del imperio, como sinónimo de civilización frente a la barbarie, su crítica de la corrupción de éste, así como una reflexión sobre la situación de las mujeres y de la ciencia, en este caso la ciencia médica, como modo de luchar contra lo irracional y contra la muerte.
En resumen, una buena novela de más de 600 páginas, que se lee sin sentir y que te da pena terminar.

domingo, 8 de julio de 2007

Todas las mañanas del mundo

Es domingo y se puede madrugar menos que entre semana, así que a las nueve, cuando Corso y yo salimos a pasear, los caminos están desiertos y el aire tiene una especial calidad de nuevo, es más ligero y transparente y el calor de julio no le ha dado aún esa densidad del mediodía, en que parece que puede tocarse.
Esta mañana me trae a la memoria otras muchas de verano, especialmente de mi infancia y de casa de mis tías en Pedregalejo. Había en la casa, además de un mínimo jardín delantero con cantos rodados (llamados chinos en malagueño) y un pacífico (hibisco rojo), un terreno trasero con algunos frutales y una gran higuera. Allí jugábamos recién levantados, mientras mis tías recogían la casa antes de bajar a la playa, con un columpio colgado de una rama de una árbol y, sobre todo, con nuestra imaginación, que convertía este pequeño espacio en un universo. Recuerdo el sol de la mañana entrando entre las hojas de la higuera y el olor de la tierra recién regada y la felicidad de un día de vacaciones por delante y de una jornada de playa y de sol.

Cierto es que la distancia embellece los recuerdos, pero a lo largo de toda mi vida, siempre el principio del verano ha tenido para mi un carácter vigorizante, algo así como un principio, como una promesa de libertad (algo tiene que ver el fin del periodo escolar, sin duda).

Entre estas mañanas de estreno del mundo me acuerdo de algunas de abril o mayo en las que con mi club de atletismo iba a entrenar a la playa, todavía algo fresca a primera hora de la mañana. Corríamos en la arena y en el agua a la altura de la rodilla, y disfrutábamos de la camaradería y del esfuerzo, con el sol y el mar de fondo. Era como en Carros de fuego, pero unos años antes y en Málaga, que tiene menos glamour académico, pero más calor en mis recuerdos. A pesar del tiempo transcurrido no se borra de mi memoria el olor de esas mañanas, su color ni su belleza.