martes, 26 de junio de 2007

Había una vez un SIGB...

Había una vez un SIGB... o mejor había una vez una biblioteca que creó un Sistema Integrado de Gestión Bibliotecaria a medida, en los tiempos en los que los sistemas se hacían a la carta, allá por los 80 en este país.
Este sistema era tipo ladrillo, es decir, muy seguro y coherente y muy poco amigable, o más bien, manifiestamente hostil. Este sistema atravesó dos décadas con su robusta fealdad, sin apenas cambios de embellecimiento y pocos cambios funcionales o estructurales. Dentro de su supuesta hostilidad, este programa tenía muchas funcionalidades que no fueron explotadas inicialmente y fueron siendo descubiertas poco a poco.
El personal de la biblioteca fue llegando a este SIGB progresivamente: algunos departamentos en los primeros años y otros mucho más tarde, como a remolque de las circunstancias. Transcurrida gran parte de su vida útil, muchas de sus funcionalidades habían sido claramente infrautilizadas.
Mientras, en el mundo exterior, los sistemas habían evolucionado muchísimo y ya no se hacían a la carta, sino que la mayoría eran programas comerciales cerrados y usados por grandes grupos de bibliotecas. Su evolución había ido sobre todo hacia la versatilidad y la posibilidad de ser configurados por las bibliotecas, es decir habían perdido en seguridad y coherencia, ganando en agilidad de recuperación y de diseño. Y sobre todo eran sistemas mucho menos hostiles, incluso demasiado amistosos o amigables.
En la susodicha biblioteca ha llegado por fin el momento del cambio y se producen situaciones curiosas: existe un apego desmedido hacia el denostado sistema ladrillo y un enorme afán en explotar todas sus posibilidades ignoradas hasta ahora y un terror pánico hacia el ágil sistema fácil. Se da la paradoja de que en los últimos meses de vida del viejo SIGB se ponen a prueba sus fuerzas diariamente, sobreexplotandolo a marchas forzadas.
Pero los tiempos han cambiado, no se puede pedir a un SIGB lo que se le pedía hace 20 años, y todas las etapas se cierran, igual que se agotan los ciclos de la naturaleza y se nublan las mentes más clarividentes. Queramos o no, solo cabe ir hacia adelante.
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