miércoles, 1 de agosto de 2007

Ya de vuelta

Sólo de vuelta al trabajo. A pesar de mis muchos añazos, continúo siendo bastante ingenua y desde luego no estoy de vuelta de casi nada.
La vuelta es dura, una se pregunta los últimos porques: por qué tengo que trabajar, por qué en esto y por qué estoy siempre en el ojo del huracán. Debe ser una forma de ser.
Pero la vuelta ha tenido alguna cosa buena: conocer a dos niños preciosos, D. y a M. Y también alguna mala: por un día no he llegado a conocer a H., que tiene nombre de héroe amigo.
El final de las vacaciones es para dos o tres libros. El año del pensamiento mágico, de Joan Didion; La comunicación no verbal, de Flora Davis y Casi perfecto, de Marina Mayoral, los dos últimos sin terminar.
A Marina Mayoral no la había leído y sólo tenía referencias de una alumna suya de la Complutense, N., que fue compañera de piso en los locos 80. Lo que llevo de esta novela me gusta bastante. También tengo en lista de espera una novela de Amos Oz, No digas noche y me van a dejar del mismo autor Contra la intolerancia.
La vuelta es dura, insisto, hay mucho trabajo, una viene con las heridas de la vida (más alguna costilla dolorida) y con el síndrome postvacacional maldito. Las últimas preguntas mencionadas más arriba se mezclan las falsas certezas: debí haber perseverado en el aprendizaje del ballet, de la escritura o de las lámparas tiffanys, y así me hubiera librado de este cáliz.
Pero todos son sueños: cualquiera que hubiera sido mi destino y mi manera de coger vacaciones, siempre habría habido un día después para soñar ser otra cosa.
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