lunes, 13 de agosto de 2007

Impaciencia de corazón

Hay varias formas de no disfrutar el momento o la vida en general. Una de ella es retrospectiva, es la del que vive siempre dándole vuelta a las cosas pasadas: si hubiera hecho o dicho algo diferente de lo que dije, si hubiera tenido la respuesta oportuna a tiempo, si hubiera estado en el lugar y momento indicado... Todos sufrimos en un determinado momento una crisis de vivencia neurótica del pasado, pero suelen pasarse cuando dormimos, comemos y descansamos bien.
Otra manera de fastidiar el presente muy popular es la vivencia agónica del futuro: soy feliz con mi mascota de 6 meses, pero ya pienso en que algún día enfermará y morirá; empiezo hoy mis vacaciones pero la imagen del día de mi vuelta me las fastidia de antemano. Esta neurosis de combate tiene una variante aún más común: ojalá pase pronto el día del examen fatídico, la visita al hospital, el melancólico mes de diciembre o las odiosas navidades. Con lo cual lo único que conseguimos es que el tiempo vuele sin sentir sobre nuestras aturdidas cabezas y que de pronto nos sintamos muy viejos, después del examen, el hospital, diciembre o las navidades. El tiempo, que ya de por si es como agua inasible, se nos escapa por todos esos agujeros.
Siempre he tenido tendencia a querer quemar rápidamente etapas, aunque últimamente hago ejercicios zen intentando disfrutar un poco del presente. Es cierto que la forma de ser de cada uno termina saliendo por otras rendijas y cabe el peligro de convertirte en un agonías del relax. Pero bueno, estamos en la lucha.
Ah, y os presento a Coco, el cachorro de A. y A. que voy a cuidar (y disfrutar) por unas semanas.
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