sábado, 25 de agosto de 2007

Serendipidad

Llevo una semana un poco melancólica y atareada, en la que en los escasos momentos de calma soñaba con escribir aquí sobre algo tan filosófico como la conciencia de sí y de como parece la puerta de entrada a al mundo,cuando en realidad la desaparición de esa conciencia no hace decrecer ni desmerecer el universo. Este fárrago triste puede estar causado por el cansancio y el trabajo atropellado, y felizmente voy a ahorraros el cáliz porque hoy ha sucedido algo que entra dentro del ámbito de lo casual y que me trae a la memoria un concepto que me es muy amable, el de la serendipidad (Millás prefiere el término serendipia). La palabra en español aún no está aceptada por la Academia y proviene del inglés, en concreto fue deliciosamente acuñada por Walpole en 1754, basándose en un cuento persa, The Three Princes of Serendipity, y alude a la capacidad de efectuar hallazgos inesperados de cualquier tipo, sobre la marcha y sin buscarlos.
En nuestro campo de conocimiento, la serendipidad se ha relacionado con la búsqueda mediante Browse u hojeo, en la más relajada de sus versiones y se ha puesto en relación directa con el surfeo en la web. Ahora bien, como siempre esto ha dado lugar a una sesuda disciplina el information encounter, de la que podéis saber más leyendo este artículo.
Cuando yo estaba en la fase final de mi tesis, con el odio africano que ésto provoca hacia la materia elegida, pensaba que debería haber elegido algo como la serendipidad o los hallazgos de información, ahora estoy segura que sólo hubiera conseguido odiar también este sugerente tema.
Porque para mi la serendipidad es algo más vital, menos sujeto a la racionalidad y profundamente poético. Alude a la suerte de que tu manos encuentren un libro hermoso en unas estanterías tan repletas como las del Corte Inglés (como me ocurrió con el libro de Tom Perrota Juegos de niños) o que al ir al supermercado topes allí con un libro que te llame y que se te presente como una posibilidad de ensoñación. Hoy me ha ocurrido, se me ha cruzado un libro del que no había oído hablar (no soy muy aficionada a best sellers ni a novelas de moda, lo reconozco, aunque me gusta la literatura sin adjetivos), todavía no lo he leído y no puedo recomendarlo, pero estoy en ese hermoso momento en que estoy averiguando quién es la persona que lo ha escrito y me dispongo a adentrarme en su mundo.
Es la hermosa palabra, serendipidad, la que hizo que nos encontráramos los amantes, que seamos amigos, y que a veces el mundo parezca perfecto.
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