lunes, 27 de agosto de 2007

Adiós

Ya me tocó decir adiós a otra directora en circunstancias parecidas, fue en los años 90, me parece. Entonces, como ahora, tenía la sensación de que muchas cosas podían quedar interrumpidas.
No pasa nada. La vida es eso: puertas que se abren y se cierran. Cuando las puertas se abren, no es que todo sea bueno (bueno, si, básicamente, nace una posibilidad). Quizás tampoco todo sea malo cuando las puertas se cierran, pero es difícil no entenderlo como algo negativo.
Rosa, muchas gracias por haber dedicado tu tiempo, tu que tienes algo mucho mejor que hacer, escribir, a nosotros, a esta biblioteca que es más madrastra que madre, que devora a sus hijos (bueno, mayoritariamente hijas, ya sabes lo de que el Cuerpo de Facultativo es en realidad cuerpa) y quema la sangre más que nadie. Aquí, como sabes, hemos venido a sufrir.
Pero no es verdad que no pase nada: cada vez que damos un pasito para delante y dos para tras perdemos un tiempo que ya no tenemos (no me gusta ponerme dramática, pero es así) y si queremos adquirir un verdadero valor profesional y social, el tiempo corre en contra nuestra.
Como ocurrió la otra vez, con A.G., en el momento de decirte adiós me parece que muchas cosas que en su momento no me gustaron se justifican plenamente por la pasión con que las hiciste, porque la pasión no es que sea un argumento muy racional, pero creo que todos la entendemos.
No es tiempo de penas, tenemos tarea, y a ti siempre te deberemos el habernos despertado de uno de nuestros muchos letargos. Tú eres de una clase antigua de luchadores, rebeldes sin tiempo, sin paciencia y sin componendas.
Yo te agradezco el terremoto, siempre he sido cañera. Salud y marcheta, ante todo.
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