lunes, 13 de septiembre de 2010

Ahora que ya hemos vuelto

Han pasado solo diez días desde que comenzamos la vida nómada P. y yo y los dos perros C. y C. Hemos estado en bastantes sitios y casi hemos trazado un cuadrado, de Madrid hacia el sur: comenzamos con las Lagunas de Ruidera en Ossa de Montiel en Albacete, después fuimos a Torrox en Málaga, sólo para hacer noche, y de ahí al camping de los Arcornocales, en Jimena de la Frontera, entre Cádiz y Málaga. En este parque paseamos por el río Hozgarganta, subimos al Castillo y su torre del homenaje en Jimena, y otro día subimos hacia la increíble Ronda, ciudad colgada de un escenario agreste, pero llena de belleza, ni P.ni yo la conocíamos, pero es realmente magnífica.
De ahí salimos hacia Huelva por carreteras secundarias, viendo hermosos pueblos como Algar, El Bosque o San  Miguel del Valle y gracias a las encerronas de nuestro navegador Tom Tom, pudimos disfrutar de la presa de los hurones y además padecer la falta de civismo de los excursionistas que abandonan en esos preciosos parajes sus bolsas de basuras.
Tampoco conocíamos Huelva, ni la playa de la Bota, una playa paradigmática de arena dorada, enorme anchura y mareas que depositan sus tesoros cada día; pero no hubo mucha suerte esta vez, el camping no nos gustó, ni a pesar de lo que se decía en Internet, la Playa de la Bota era el lugar apropiado para los dueños de perros, así que tras una noche de dudas y alguna deliberación, cambiamos Hervás por Mérida, en una casa rural romana llamada La quinta del Triario, de la que hablaré largo y tendido en otro post.
En este lugar hemos pasado tres noches en las que hemos vuelto a ver las estrellas y la Via Láctea y tres días en los que hemos recorrido la ciudad sembrada de historia y de obras duraderas (acueductos, termas, palestras, teatros, hermosas casas) y museos. Ha sido un re-descubrimiento, y aunque no es la ciudad ideal para recorrer con perros, P. y yo lo hemos organizado bastante bien.
No quiero olvidarme de Fregenal de la Sierra, un precioso pueblo con huellas templarias y con una hermosura especial; se trata de la tierra de origen de mi amiga C., es decir de los Lupi Prati.
En resumen, tras muchos kilómetros y muchas fotos (alrededor de 2000), guardamos una infinidad de recuerdos en nuestra retina, que duraran  mientras duremos nosotros. Mejor, quizás mañana lo olvidemos todo, pero hoy son hermosos sueños.    
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