viernes, 20 de junio de 2008

Cuarto día de vacaciones

El primero estuvo nublado e hizo bastante frío, a pesar de estar mediado junio, no se sabe si por enfriamiento de la corriente del Golfo o por contrarrestar las teorías del calentamiento global. El segundo ya salió el sol, ese astro este año bastante desconocido y puede estar en el jardín y sentir como el sol me reanima. Como he hecho un curso de aprovechamiento del tiempo y el sol es mi amigo pero demasiado sol produce cáncer, he hecho toda una planificación del ocio: a primera hora, hasta las doce o así, paseo a Corso, respondo correos, tomo sol mientras oigo inglés o leo y nado un poco o por lo menos me muevo en el agua. Cuando el sol esta arriba y pica que no se puede aguantar entro a arreglar cualquiera de las muchas cosas que he ido dejando sin hacer: ordenar libros y apuntes, arreglar una percha de pared que se ha caído, sacar y ordenar ropa...
En fin, cosas no demasiado interesantes para contar, aunque sí para hacer. Ultimamente pienso que la vida es tan corta y que hacemos tantas tonterías, dejando de hacer aquello que de verdad queremos.
Voy a comentar las lecturas de estos meses que no he escrito. He leído una novela Eduardo Mendoza, El asombroso viaje de Pomponio Flato, que narra las correrías de un romano del orden ecuestre, que en busca de la sabiduría y de un agua que al beberla la otorga, vive unas desternillantes aventuras en Nazaret, con un Jesús niño muy ingenuo y con historias tan interesantes como la especulación sobre unos terrenos cercanos al templo. En la gente que lo ha leído hay división de opiniones, a mi me ha parecido un buen entretenimiento.
Otra de las novelas leídas estas semanas atrás ha sido una historia de misterio con recorrido histórico. Se llama La llave maestra y es de un catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Zaragoza, Agustín Sánchez Vidal. A P. le ha parecido una novela pretenciosa y tengo que darle la razón cuando pienso que la trama habla de un código genético de la información en forma de laberinto... Casi nada. Pero a mi me ha gustado, son dos historias distantes en el tiempo que se entrecruzan la de Raimundo Randa y Mano de Plata por un lado, que viven en la España de Felipe II y la de Raquel Toledano y David Calderón en la actualidad. Además, en la historia de Raimundo Randa se cruzan Juanelo Turriano, Juan de Herrera, Arias Montano y la construcción del monasterio de El Escorial. Además hay un protagonista mudo, la plaza mayor de la ciudad de Antigua, que para mi también resulta muy atractivo. Bueno, leedla y luego me decís.
A. me ha regalado otra novela magnífica, La elegancia del erizo, segunda obra de una autora francesa que como Amèlie Nothomb tiene pinta de bibliotecaria. Se llama Muriel Barbery y nació en Casablanca (no es mal sitio) y mañana prometo transcribiros un párrafo sobre la gramática que me ha encantado. Os dejo, me reclaman el sol y el agua, ¡lástima que no podáis oler la madreselva!
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