jueves, 10 de enero de 2008

La pequeña Lulu y el síndrome postvacacionalito

He vuelto a casa con la cabeza hecha un bombo y los nervios en pie de guerra. Hemos estado discutiendo asuntos laborales importantes, en los que nos toca casi siempre sufrir las consecuencias de las decisiones de otros, y encima de que te comes el coco tratando de solucionar las cosas, te sueles arrepentir de discutir las cosas con más vehemencia de la necesaria. Se puede achacar a la pasión, en plan lírico, o una falta de control más cercana a fallos educativos, pero en cualquier caso deja un poco de mal sabor de boca, porque ahonda en los desencuentros con la gente y ayuda a que te sientas más solo.
Ultimamente oigo en todas partes que en España se trabaja mucho pero mal, que tenemos horarios y mentalidades atrasados, que tenemos malos jefes (o que somos malos jefes). La conversación ya empieza a molestarme, porque tiene mucho de tópico y tiende a considerar culpable de esto a cualquiera menos a nosotros. El caso es que es cierto que el trabajo es mucho y pocas las vacaciones y que además éstas provocan una serie de consecuencias psicológicas tremendas: imposibilidad de desconectar del trabajo, las temidas vacaciones activas (de las que soy una fan incondicional), y sobre todo el llamado síndrome postvacacional, que es el caso ahora de mucha gente. En mi caso se queda en sindromito, porque han sido unas vacaciones cortitas, pero producen a la vuelta al tajo muchísimo hastío y una gran multitud de preguntas filosóficas de esas que no llevan a ninguna parte pero fastidian: quien soy y adonde voy, qué he hecho yo para merecer esto, por qué no me haría yo artista o funambulista, etc. Total, que te agarras un cabreo sordo de aupa y, o te cargas de una plumazo al maldito síndrome, o estás listo.
Yo me lo voy a cargar, y para ello he buscado en la red música y recuerdos. Y entre los recuerdos, uno que me encanta, el de mis lecturas exhaustivas de los comics de Novaro de la Pequeña Lulú, de su amigo Toby y de los cuentos tan maravillosos de brujitas que le contaba a su hermanito para dormirse, que protagonizaba ella misma y la brujita Agatha. He encontrado en la red las viejas imágenes, que me despiertan una ternura increíble, y me he propuesto volverlas a leer, aunque puede que sea decepcionante porque ya no soy la que era, eso está claro.
Pero así me cargo el famoso sindromito de las narices... Os traigo una portada y un enlace a la Ciberniz en el que habla del personaje.
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