sábado, 20 de octubre de 2012

Libros en vacaciones

Nos fuimos hacia Almeria, al camping Los Escullos cerca de San José el día 28 de septiembre, y a pesar de ir por Murcia apenas nos llovió, cuando llegamos aún pudimos darnos un bañito en la playa de los Arcos. Al día siguiente si que llovió a gusto, pero leer en el bungalow es también una una buena manera de pasar las vacaciones.
Hemos estado allí hasta el lunes 8 de octubre y en general hemos tenido un tiempo magnífico y hemos disfrutado a fondo de las playas (Cala Carbón, la de los Arcos, Monsul, Los Genoveses) y de la comida (vuelvo a recomendaros La Gallineta, en el Pozo de los frailes), así como del relajo de vivir sin preocupaciones.
Así da bastante tiempo a leer, ya antes de salir de Madrid había leído Un ángel impuro, de la serie africana de Mankell, que narra la vida de Hanna, una sueca que camino de Australia se casa y enviuda y recala en Lorenço Marques, como dueña de un gran prostíbulo. La novela, como Los ojos del leopardo o Tea Bag, describe muy bien la tensión entre los africanos y sus colonizadores y el tremendo miedo que subyace debajo de esa agresividad.
Mientras llovía en Los Escullos leí de una recopilación de narraciones cortas de Empar Moliner, de quien no había leído nada y que me gustó bastante, se llama No hay terceras personas, y son relatos que hablan de la miseria intelectual y de la real, de las trampas de nuestra era y de seres humanos que se pelean en un torpe combate contra ellas. Este libro es regalo de F., riojano-catalán- madrileño y compañero de fatigas en la biblioteca. A continuación me "bebí", como me suele suceder con las novelas negras, y especialmente con las de Asa Larson, Cuando acabe tu ira, en la que me ha gustado el vagabundeo postmortem de la asesinada y su relación con la tía abuela, se la dejé después a L. y ella también se enganchó de la historia.
Por último, y por indicación de L., me leí Todas las criaturas grandes y pequeñas, de James Herriot, que al parecer es una novela autobiográfica sobre los inicios de su carrera como veterinario en el condado de Yorky que relata con humor la dureza de la profesión, más allá de idealizaciones literarias.

Tras la vuelta, todavía de vacaciones, he estado en el Hayedo de la Pedrosa, el puerto de La Quesera, y de vuelta hemos descubierto el alto Jarama, con el embalse de el Vado y también la existencia cerca del pueblo de Retiendas de un Monasterio casi derruido, el monasterio de Bonaval, que merecería que algún mecenas se dedicara a recuperarlo.
En esta semana previa a la vuelta a la rutina estoy leyendo una obra de divulgación sobre tipografía Es mi tipo, de Simón Garfield, que me recomendó F.B. y que es una obra muy entretenida y con información muy interesante sobre las fuentes tipográficas, ese mundo desconocido para el común de los mortales antes de la generalización de los ordenadores.
Alterno la lectura de esta obra con Nos compramos un zoo, una sugerencia de mi hermana M., que siempre suele acertar. Es de Benjamín Mee y aún no puedo decir mucho sobre ella, porque no he hecho más que empezarla.
Y bien, en este fin de semana sufro un anticipo del síndrome postvacacional y pienso como contar aquí una historia hilarante que me contó F. mi peluquera, una chica marroquí de "casi 40 años" cuando llegó a España con 20 años. Aunque mejor os lo cuento en directo, intentando copiar sus gestos e imitar su gracioso modo    de hablar el español.
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