domingo, 9 de julio de 2017

En dique seco


Fue a mi primer entrenador de atletismo, Javier Santamaría a quién oí por primera vez, hace muuuuchos años la expresión "estar en dique seco", muy náutica. Él se había roto el peroné, creo. Yo estoy con la mano izquierda con injertos y cross finger. Total, haciendo todo con una mano y ejercitando la paciencia, la virtud más extraña a mi temperamento, a pesar de que me encontrado con los mejores médicos y enfermeras... No con la mejor gestión, curiosamente privada
Esto, además de provocar el desafío de hacer de todo con la única mano, me ha hecho leer dos novelas en pocos días.
La primera es Una librería en Berlín, de Françoise Frenkel, las memorias de una judía polaca que abrió una librería francesa en Berlín en los años previos a la segunda Guerra Mundial. Es una biografía de un periodo muy triste contada con bastante humor, dadas las circunstancias, y miles de incidencias desde el éxodo y la cárcel, aliviado todo por una buena situación económica.
La otra novela es de una japonesa, Hiromi Kawakami, El cielo es azul, la tierra es blanca, y su subtítulo es  Una historia de amor, una pista de esta historia dulce y extraña de los extraños amores de Tsukiko Omachi y su maestro Harutsuma Matsumoto, profesor de japonés de su instituto. 
La protagonista es una treintañera gran bebedora de cerveza y sake, y friky, con un carácter adolescente y reservado.
Esta novela me ha impactado, con su supuesta falta de empatía, y la emoción extraña de los dos. Libro raro y de una hermosura distinta y trufado de haikus hermosísimos. Mi dedo anular izquierdo se está regenerando, espero, mientras, disfruto de los libros.


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