martes, 17 de julio de 2007

Gente generosa

D. es una persona generosa que quiso compartir durante unos meses su vida y la de su familia con un niño saharaui. Hace ya casi un mes que lo tiene en casa y que a su vida, de por si ya bastante complicada, se le ha añadido un suplemento de problemas.
Los organizadores de las estancias de estos niños, los médicos que los atienden, le sugieren que no se pueden tener este tipo de gestos si uno trabaja y está sometido a un horario, por leve que este sea. D. se indigna y yo con ella, en primer lugar porque nadie le advirtió de ello, sino que al contrario, inicialmente todo eran facilidades y promesas de ayuda y colaboración.
Pero yo me indigno un poco en plan metafísico, porque es una realidad que debería avergonzar a muchos: también la generosidad es cuestión de tiempo y en definitiva, de dinero.
Es cierto que hay mucha gente como D., que se lanza a un acto generoso, rebelándose contra el tiempo y las circunstancias y yo les doy las gracias, porque me hacen sentir que aún es posible ser un loco generoso.
Publicar un comentario