viernes, 20 de junio de 2008

Tormenta global

Anoche hubo una tormenta en la sierra, pero como tantas cosas, también las tormentas han cambiado radicalmente en los últimos años.
Me explicaré, en Collado Mediano y en los pueblos de la sierra hasta ahora, las tormentas, especialmente las de verano, son tormentas itinerantes, que recorren todo el circo montañoso. Así, lo normal en estas tormentas es que tantos los rayos y truenos como la lluvia (o el granizo, si se tercia), se acerquen y se alejen como rebotando en las montañas.
Pero anoche no fue así, comenzó en progresión, pero luego se mantuvo en el mismo sitio y con la misma intensidad durante más de media hora. Llovía con saña y tronaba continuamente, la luz de los rayos irrumpía constantemente sobre la noche cerrada, con esa luz entre azulada y blanquecina característica.
Aunque siempre me han gustado las tormentas, ayer me produjeron un punto de inquietud. Recordaba a mi madre, que siempre que yo mostraba la alegría salvaje que producen en mi éstas, me recordaba que había gente sin techo o que no pueden ponerse a cubierto. Anoche yo pensaba lo bueno que ha sido para mí tener una madre que se acordara siempre de los que lo pasan mal.
Esta mañana, cuando he salido a pasear con mi perro no me he encontrado demasiados rastros de la tormenta salvo muchas ramas de árboles o de setos arrancadas y un sin fin de rosas caídas, alguna de ellas todavía frescas. Camino del riachuelo a donde vamos nos hemos encontrado a la gorda, que se llama en realidad Dolly y es una perra grande amiga de Corso. Hoy estaba suelta y nos ha acompañado al río y se me ha ocurrido pensar si habrá pasado miedo ayer con la tormenta, porque vive en una parcela con caseta, ella, 2 o tres gatos, dos caballos y unas cuantas gallinas.
Supongo que no, mi perro ayer dormía como un tronco en lo más álgido de la tormenta. Le teme a los petardos y a los fuegos artificiales, pero se ve que las tormentas, aunque sean del calientamiento global y el cambio climático, le traen sin cuidado.
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