martes, 28 de octubre de 2008

Servicio universal

En esta lucha contra el invierno, que recuerda al hielo de Narria, estos días de final de octubre nos están deparando algunas sorpresas. A mi me sorprende especialmente el fenómeno de las conversiones comunicativas inversas, es decir evolución contra natura de nuestras tendencias naturales. Así, acabo de terminar mi lucha contra la timidez para enviar mensajes a mucha gente, que para mi reunen varias soberbias, la primera la de pensar que te van a leer y la segunda una cierta sensación de inconsistencia de todos los valores preestablecidos. Ha sido una lucha en la que ha ganado la necesidad de fijar acuerdos y sobre todo, de reforzar mediante estos comunicados urbi et orbi acuerdos muy duramente negociados.
Pero frente a esto y paradojicamente, me encuentro con que hay bastante gente tardíamente convencida de la necesidad de difusión universal del saber, y que se ha lanzado a la arena de los mensajes (en nuestro caso, los correos) universales para intentar, no difundir las voluntades generales, sino para disfrazar las suyas de generales. Gentes para las que tradicionalmente no existía la opinión más que de un pequeño grupo de iniciados se sienten ahora muy preocupados de impartirnos doctrina, sin reparar en que somos ya mayorcitos y que, o tenemos también nuestra doctrina, o que nos importan poco éstas.

Ese no es mi juego: hago lo que tengo que hacer. Hablo mucho y lucho mucho, pero nunca me inventaré un personaje que no sienta. Y no digo que sea mejor, sólo que me gusta más.
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