sábado, 2 de febrero de 2008

¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

Dice V. que no sabe como ha llegado a una tan ingente cantidad de años. Acaba de cumplir años (muchos, pero menos que yo) y lo lleva regular: uno se pregunta siempre si ha hecho bastante, si lo que ha hecho está bien, etc. Quienes han tenido niños se sienten en cierto modo justificados, como mínimo un niño es una incógnita, una promesa que se cumplirá en el futuro...
Los que como V. y yo no tenemos niños intentamos contabilizar otras tontadas, libros escritos, árboles plantados, amigos o un trabajo bien hecho; pero siempre nos queda el sentimiento de que todo esto son nimiedades frente a rotunda realidad de un hijo.
Yo siempre he sido un mar de dudas, un pregunta filosófica permanente: ¿por qué estoy aquí?. Esto es así desde que era muy pequeña, y no creo que se trate de un rasgo inteligencia profunda, sino más bien de inmadurez. En mi familia tengo fama de sufrir siempre crisis permanentes y desde luego me he pasado muchos años en que me rebelaba contra el hecho de cumplir años, como si estuviera atacada del síndrome de Peter Pan.
Ahora no. Sigo sin saber por qué estoy aquí, pero el hecho es que estoy. No queda mas remedio que jugar nuestros días como lo que son, días únicos, y esperar que el final, el regreso al no ser duela menos que imaginarlo.
O como resumo más coloquialmente: ya que estamos aquí, intentaremos molestar.
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