viernes, 14 de diciembre de 2007

Fernando Merlo

Fernando Merlo fue un poeta malagueño, nacido en el 52, un año antes que yo, pero que no pasó de la década prodigiosa, pues murió en 1981 con menos de 30 años. Recuerdo su físico vigoroso, y su participación junto con su novia Merche en asambleas, manifestaciones y saltos
Su obra más conocida es Dos cuchillos que fue cantado por Aguaviva en aquel disco tan especial, Poetas andaluces. A pesar de ser el poema de los cuchillos de una sencillez y una belleza sorprendente, el soneto que traigo hoy aquí, que conocí en los años 80 en la revista La luna de madrid, es el que llevo buscando desde hace muchos años. En primer lugar, porque no es nada edificante, narra la degeneración física producida por la droga, y en segundo lugar porque para mi entra de lleno en la estética de los vencidos, por la que no sé por qué siento más simpatía que por la de los vencedores. Además existen distintas interpretaciones: algunos interpretan que las venas devastadas son de Fernando, el autor, y otros que se tratan de las venas de Merche, su novia perpetua y liberada, que también camino por los mismos caminos. Así, algunos llaman al poema A mis venas y otros A sus venas. Me gusta más este segundo título

A sus venas

Estos cauces que ves amoratados
y de amarillo cieno revestidos,
eran la flor azul de los sentidos,
que hoy descubre sus pétalos ajados.
Besos verdes de aguja en todos lados
hieren la trabazón de los tejidos
y denuncian los brazos resentidos,
la enigmática piel de los drogados.
Las que llevaban vida y alimento
son tibias cobras de veneno breve,
blanco caballo con la sien de nieve.
Trotando corazón y sentimiento
que por las aguas de la sangre vierte
con rápido caudal la lenta muerte.

Por qué me atraen estos poemas de perdedores, no lo sé. Me parecen más hermosos que los cantos ejecutivos al triunfo y considero importante que todos sepamos qué cerca está el abismo, qué fácil es que tus venas se rompan o tu neurona se seque.
Ha sido un día algo antiestético en mi oficina, con algún ramalazo de belleza pasajera. Cuando he llegado a casa venía hambrienta de poetas malditos. Os ruego que perdonéis.
Publicar un comentario