jueves, 5 de abril de 2012

La speranza que delude sempre

Los malagueños, aun los más descreídos, sabemos lo que significa una tarde lluviosa de Jueves Santo, la incertidumbre de si podrán o no salir los pasos, y en particular si podrá salir la Virgen de la Esperanza, el último paso del día más grande de nuestra Semana Santa. Porque esta tarde noche salen la Virgen de la Paz, el Jesús Nazareno y la Soledad de Viñeros, el Cristo de la Buena Muerte y la Soledad de Mena, Jesús de la Misericordia y Ntra Señora del Gran Poder, el Cristo de los Milagros y la Amargura de Zamarrilla... Y al final, la Esperanza. Y si sale la Esperanza, todos los males se achican y se puede con todo lo que venga, que no suele ser poco.
En estos tiempos en que el lujo de la Semana Santa parece un tanto fuera de lugar, es cuando más fuerza recobra el mito de la Esperanza. La speranza que delude sempre, pero que cada día se reconstruye, porque es imposible vivir sin ella. 
Y entre nubes y claros, la gente, esa gente aperreada que sufre las crisis y las levanta, se viste y se arregla para celebrar la esperanza eterna, a pesar de todo.

domingo, 1 de abril de 2012

Sol

Hace tanto tiempo que quiero al sol, desde tan pequeña... Recuerdo el olor del aceite que nos aplicaba mi madre a toda la banda de blanquitos de piel delicada en la playa, a los 6 o a los 7 o a los 8 años. Y nuestro juego permanente en la orilla o dentro del mar, con el sol calentando o quemando en el cogote y en los hombros, en la entonces agreste playa de Pedregalejo.
Y recuerdo también los dibujos que el sol componía en aire del aula del Instituto de calle Gaona con las motas de polvo, aquella que estaba arriba junto a una terraza, en ella teníamos clase con Maribel, la profesora de griego que me hizo amar le lengua y la historia de la Grecia clásica.
Y el sol cayendo verticalmente sobre las pistas de atletismo del INEF, un mayo de mucho calor, sobre los años 80 o 90, asistiendo a una competición de esas que supone 15 horas de gradas y de pruebas, con el equipo de Málaga, el CAIM, un piña de amigos discutidores y peleones.
Y tantos días de playa precoz en Málaga, en abril o mayo, esperando entre nubes ese sol que no solo calienta, sino que también hace feliz.
Muchas, muchas horas de sol en la playa, en el monte, cuidando plantas en el jardín, como esta tarde. O en invierno en la calle, andando entre sombras hasta llegar a un trocito soleado en donde el cuerpo se reconforta y el alma se expande. O pasear entre las manchas de sol de una arboleda, allá por la Sierra.
El sol es mi combustible: luz y calor. Recuerdo un grafitti del metro de Madrid, curiosamente escrito en francés: Nous sommes du soleil (una obra del grupo Yes, al parecer). Pues eso, yo también soy del sol

sábado, 24 de marzo de 2012

Dos cuchillos...

Ya hablé en otro post de Fernando Merlo y de su poema Dos cuchillos que fue interpretado por Aguaviva, aunque nunca os copié el poema, que es tan sencillo como son los grandes poemas:


Dos cuchillos en mi pecho,
uno blanco y otro negro.
¡Ayúdame!
Que el blanco se está muriendo...


Para mi ese poema ha sido siempre la representación de la lucha entre el bien y el mal en nuestro interior. Y una petición desesperada de ayuda para defender la bondad frente a la fuerza y el poderío de lo obscuro. En estos días en que parece que nos adentramos en una nueva edad obscura, este poema cobra múltiples significados y su mensaje se hace omnipresente.
Cuando el ambiente es gris, mezquino y morne, nuestro yo se empequeñece y se desmandan las pasiones mas miserables y raquíticas. Ahora que me hago algo más que mayor, me asusta convertirme en una persona preocupada por cosas nimias, triste, violenta y amarga. 
Pero la única posibilidad es luchar contra ello, refugiarse en la música de las palabras, cuidar y mimar los sueños y disfrutar de las cosas hermosas: libros, música, la aventura de pensar y descubrir la verdad. E imaginar cómo resolver nuestro futuro

sábado, 10 de marzo de 2012

Susana, Pirra y María

C. lleva más de 10 días en el hospital, con tubos en su cabeza (ella dice que parece Makoki ¿quién le conoce ahora?). La enfermedad traidora ataca en la línea de flotación que para muchos hoy es la cabeza y a C. se le confirman las certezas: vivir es la única obligación, todos los demás asuntos son tonterías. 
No sé que decirle, yo sigo sin sustos esta vida imbécil que es la nuestra y es difícil que comunique con ella, que siempre supo cuál era la vida que merecía la pena vivirse.
Mientras, Pirra, una de mis gatas, se murió: ¡cuánto duele la muerte de los bichos de uno! y Susana, nuestra compañera de siempre, libró su último combate con la enfermedad por antonomasia, el innombrable cáncer que nos diezma sin que le tiemble mínimamente el pulso.
La muerte incomprensible es supuestamente equivalente: Pirra, V., Susana. Pero María, la hija de 11 años de Susana, no entiende de equivalencias: la muerte de Susana, su madre no tiene parangón ni medida alguna: es enorme, arcana y negra y abarca su vida entera.
Susana era una joven morena con gafas (ahora sería quizás una gafapasta), que vestía a menudo minifaldas y medias de colores vivos. Tenía una sonrisa inquisitiva, es decir, amablemente preguntaba el sentido de las cosas. Hacía bien su trabajo y se reservaba el derecho a disentir o a pensar diferente. Con María tuvo siempre una conversación muy intensa e íntima, desde el mismo momento en que nació.
Estos frutos de la edad son deleznables, ver la muerte y la enfermedad asolando tu entorno. Cierto es que María y yo sabemos, nos lo dijo Susana, que luchar es nuestra esencia. Por eso vamos a seguir adelante