sábado, 2 de junio de 2012

Pirracas y el café molido

Mi gata Pirracas se me murió el 2 de marzo pasado y la verdad es que la añoro bastante, a pesar de que tengo otra gata más y dos perros y que no tengo demasiado tiempo para nada que no sea trabajar. 
A pesar de esto, la recuerdo cada vez que, al preparar el desayuno, un poco del café molido cae al suelo. Porque a Pirra le encantaba comérselo, igual que le gustaba acurrucarse en tu regazo, y se negaba a dejarte mover. Su ronroneo era escandaloso y también su mal carácter: no he visto a ningún gato bufar de forma más violenta y convencida. 
Cuando preparaba la tesis en verano, trabajaba en el jardín y metía en una caja los documentos que tenía que revisar, y ese era el sitio elegido para mi gata especial para acurrucarse. Aunque siempre encontraba el sitio más fresco en verano y el más calentito en invierno.



Los gatos son siempre independientes, pero Pirra era dependiente malhumorada, pero nunca quiso mezclarse con los perros, sólo con dos humanos, P. y yo.
Era especial, como lo son todos los animales y, como no, todos los humanos. Eso se nos olvida, lo únicos que son todos los humanos y todos los seres vivos en general y lo que eso significa en cuanto al valor que tiene en el conjunto ese "ser especial". Si fuésemos conscientes de esto, seguro que valoraríamos a todos y cada uno de los pobladores de este viejo mundo.
Y lo peor es que son mayoría los que solo se consideran especiales a si mismos.

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