domingo, 2 de marzo de 2014

Cuando conocí a Ichi

Tengo un compromiso con S., contar cuando conocí a Ichi. Siempre la habíamos llamado Iciar, pero su enorme y estimulante grupo de amigos la llama Ichi, y el nombre tiene cierto regusto a pandilla adolescente y está lleno de ese cariño que despierta ella y que ahora tanto necesita.
Fue, cómo no, en la Biblioteca. Mi vida hace 35 años tiene como principal escenario a esta vieja, querida y reñida amiga.
Ella acababa de aprobar las oposiciones y yo estaba en Automatización, luchando con una migración de más de 3 millones de registros junto con mi equipo de bibliotecarios/héroes. Todo el grupo de nuevos bibliotecarios en prácticas "paseaban" conociendo las distintas unidades, serían entre 5 y 8 personas, entre las que destacaban María e Ichi. Recuerdo que, acuciada por el trabajo infinito y el personal escaso les pregunté por qué no habían querido venir a Automatización y entonces ella, solo sonrisa y ojos en la cara, respondió que no lo habíamos pedido.
Era verdad, no sé quien decidía a donde iban los nuevos funcionarios, pero fuese quien fuese, nosotros no habíamos tenido ni siquiera el tiempo o la tranquilidad suficiente para solicitarlo.
Finalmente Ichi estaba conmigo, pues pasó al Servicio Web y yo a tener la responsabilidad de este. Más de dos años he estado viendo su sonrisa y sobre todos esos ojos que se comen el mundo.
Tienes que sonreír, Ichi, ese tiene que ser tu destino.

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