domingo, 1 de enero de 2012

Nochevieja

Los amigos estaban cumpliendo. Los petardos sonaban cada vez más fuerte y todos los perros de los alrededores se sumaban al deconcierto. S. y yo continuamos agazapados en el parterre delantero de la casa, oyendo cada uno el castañeo de los dientes del otro. Yo sentía el miedo culpable al perro blanco, el del parche en el ojo al que había hecho ladrar cada día desde hace tantos, tirándole piedras, bolsas de Doritos y a veces rozando su hocico con el palo de latón oxidado de la fregona. 
La luz del porche delantero se enciende de repente y el "perro rata", el pequeño C. pasa rozándonos. Oigo aterrado unas pisadas lentas y veo la silueta enorme del dueño de la casa: dos metros de alto por casi uno de ancho y esa voz tan profunda que llama al perro-rata: - C., ya vale, Son solo petardos, tranquilo-
La luz se apaga y se cierran las puertas de esa casa tan calentita, en la que los perros son tan felices. S. y yo empezamos a movernos hacia al coche, esa sombra negra debajo de las columnas de la terraza... Despacio, sin hacer ruido, por que ahora los colegas han dejado de tirar petardos y la noche se deshace en un silencio previo al cambio de año. Abro aterido de miedo la puerta delantera, entro hacia el asiento del copiloto y S. se sienta en el de conductor, comenzando rápidamente la inspección. Enseguida encuentro las monedas y billetes, alrededor de 40 euros calculo, para comprar ropa, esa que me gusta y madre dice que es cara. S. abre el cubículo del copiloto en escorzo y encuentra una pantalla, ¡bien, es un navegador! Los nervios más una nueva tanda de petardos nos traicionan y vemos con horror que las lucen se vuelven a encender, y antes de pensarlo siquiera salimos corriendo con el botín, sintiendo el aliento del perro blanco con el parche negro en el ojo que tiembla de miedo, pero no llega a alcanzarnos, con el miedo poniendo alas en nuestros pies, mientras cerramos con un portazo la verja de esa casa llena de perros, gatos y gentes que tienen tantas cosas hermosas, mientras veo la sonrisa de S. entre sus ojos inundados de miedo y sombra
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