lunes, 7 de noviembre de 2011

Hablará siempre conmigo

Somos siete, éramos ocho. V., la hermana mayor, ya no está. Se fue el sábado cuando a su tozudez y tenacidad proverbial se opuso la realidad médica, tan tozuda ella, cuando le dijeron que ya no se podía luchar más, y que tampoco podían inventar una nueva tortura para su cuerpo devastado. Ella había luchado un año y medio, soñando viajes y reuniones familiares, "soñando quizás con vanidades..."
Su hija M. la ha cuidado, sin concesiones ni vacilaciones, con tierna solicitud y dedicación permanente, como siempre. Desde pequeña, ella estaba en medio de sus hermanos, sus padres y el resto, callada y eficiente. Sin plantearse, en estos tiempos, que sus hermanos compartieran la carga, sin quejarse de nada.
Con V. no era fácil compartir los días, con 500 Km. y otros obstáculos menos tangibles por medio. Pero ahora volvemos a ser yo una niña y ella una adolescente que se conocen y empiezan a contar la una con la otra. O viejas que se cuentan sus cuitas, y que abren un diálogo libre e infinito.
Llevo a todos los que he amado y ya no están a abrazar árboles y a contar estrellas. V., ven conmigo. 
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