domingo, 19 de junio de 2011

Ya está aquí

Hace semanas que llueve y hace frío, y por tanto, aunque junio está bien adelantado, hemos seguido con los calcetines y con las chaquetas para la mañana y la tarde.
Ayer el día amaneció soleado, pero un vientecillo frío estropeaba la sensación. Hoy no hay viento y hemos colgado la ropa de la casa fuera, por primera vez en muchos meses. 
Y aquí está, en el olor de las sábanas cuando las recoges, que no tiene nada que ver con el olor del suavizante, que es el olor del sol y del calor y que hace que quieras arrebujarte entre la ropa recién descolgada del tendedero.
Cuando ya tienes unos años, el verano ya no es aventura ni posibilidades infinitas, sino solo un periodo en el que se afloja un poco la estricta disciplina de la vida en invierno: llegar al trabajo de noche y volver a casa de noche, cinco de la tarde anochecida.... El tiempo volando entre fin de semana y fin de semana.
Ahora llega un tiempo largo, que se demora cada tarde en rojizas puestas de sol y, especialmente en junio, las mañanas se eternizan llenas del olor de la madreselva y la lavanda. Cuesta acostarse suficientemente pronto para madrugar e ir cómodamente a trabajar. Hay fiestas, algunas bastantes salvajes, y también cierto enaltecimiento del mal gusto. Pero viejos y jóvenes, guapos y feos cargan más levemente con su cuerpo e incluso las almas encuentran un lugar bajo el sol y las estrellas.
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