viernes, 14 de enero de 2011

Después de la lluvia

Ha estado lloviendo un tiempo que siempre parece eterno. Hoy parece que ha salido sol. Cuando volvía a casa la tarde caía y un nimbo escarlata rodeaba montañas y cielo. Por qué siempre la lluvia parece eterna y en cambio del sol se cansa uno menos, es un tema muy viejo y que responde a aspectos que nos cuesta definir.
Yo, con esta tarde rojiza que anuncia el buen tiempo, aunque todavía quedan muchas tardes cerradas como el alma de los malvados, siempre me acuerdo de los que ya no están y no las pueden ver y ni siquiera pueden equivocarse ni cometer terribles faltas de ortografía, y sobre todo, de todos los que añoramos a alguien y pensamos en lo que puede ser no ser y que alguien te eche de menos. No son pensamientos morbosos en absoluto, se trata de un entrenamiento fácil, mucho más fácil que pensar en la desaparición de aquellos con los que respiras al unísono, eso siempre me hace llorar y me parece imposible de soportar.
A P. le ha pasado, su compañero se ha ido en una madrugada desastrosa y ella está ahora luchando por recomponerse a si misma, juntar sus pedazos y seguir caminando. Siempre cuesta un milagro volver a andar, pero al final se termina avanzando, mirando los montes llenos de la luz del atardecer por los dos. Ya para siempre cuatro ojos, los tuyos y los suyos, y los sueños dentro.
Decir que te queremos ayudar es tontería, solo tú te levantarás con C. de la mano, y dentro de unos años será una historia muy hermosa que ya no dolerá.
Mientras respiremos, y quizás después si alguien nos recuerda, siempre estará el sol ahí.

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