sábado, 18 de octubre de 2014

De Excalibur y otras metáforas

Aunque no pertenezco al partido animalista, sí es cierto que tengo un gran amor a los animales, pero creo que la reacción de rebelión contra la muerte de Excalibur me iguala con un montón de ciudadanos sin especial sensibilidad hacia los animales.
Creo que Excalibur es una metáfora de lo que puede suceder con seres inocentes e indefensos ante el poder ciego que intenta justificarse y defenderse. Ante el que ignora sus derechos, no tiene dinero o es pacífico se despiertan los peores instintos de los poderosos y una parte importante de la ciudadanía se ha visto en cierto modo reflejada en esa muerte inane y soberbia. Todos podríamos ser Excalibur, si desaparecieran ciertos controles sociales - de hecho, cuando no existían ¿no está claro que pobres mendigos y minorías han sido "castigados" por males como la peste o las hambrunas? - La ausencia de leyes y mecanismos de defensa del menos fuerte es un horizonte no tan lejano hoy en día; por eso la población ha expresado su rabia ante la muerte de esa mascota.
Ocurre además, que ante los animales yo siento algo que creo que sienten muchos otros humanos, la responsabilidad frente a unos seres más.... inocentes (no me atrevo a hablar de menor o mayor inteligencia). Algo parecido a la responsabilidad del hermano mayor frente a sus hermanos más pequeños. Es seguro que todos encontraran diferencias vitales entre hombres y animales, pero disculpad que yo no me pronuncie en este aspecto. Sólo siento que ellos en cierto modo están a nuestro cargo y debemos demostrar que lo merecemos.
En estos momentos cuesta exponer las propias opiniones, porque hay mucho "opinador" profesional dispuesto a denostar cualquier opinión diferente. Pero no puedo menos que exponerla y cargaré con la cruz que esto conlleve.

miércoles, 27 de agosto de 2014

Diamante, ciego y asesino

A pesar de todas mis reflexiones sobre la imposibilidad de seguir comprando libros indefinidamente, acabo de completar la colección del diario El País Grandes clásicos de la novela negra:

Dashiell Hammett-El halcón maltés 
James M.Cain – La camarera 
Jim Thompson – El asesino dentro de mi 
David Goodis – Disparen sobre el pianista
Margaret Millar – Un extraño en mi tumba 
Marc H.Behm – La mirada del observador 
James Hadley Chase – Eva
Donald E. Westlake – Un diamante al rojo vivo 
Chester Himes – Un ciego con una pistola 
Josephine Tey – La hija del tiempo 
Kenneth Fearing – El gran reloj 
Richard Stark – A quemarropa
C.S.Forester – Los perseguidores 
Ross McDonald – El blanco móvil 
Fredric Brown – El asesinato como diversión 

Muchas de estas novelas, más que leerlas, las hemos visto en el cine y por tanto de momento me interesan más aquellas cuyo argumento desconozco. De momento he leído tres: Un diamante al rojo vivo, de Donald E. Westlake, Un ciego con una pistola, de Chester Himes y El asesino dentro de mí, de Jim Thompson.
De la historia del diamante debo destacar lo disparatado de la trama, que para conseguir un diamante africano para uno de los países que se disputan su posesión, se acomete el  robo  en un museo, la liberación de un preso, el asalto a una comisaría y a un manicomio y que finalmente, termina bien para casi todos los protagonistas. Aunque el adjetivo de “hilarante” usado en la información promocional es un poco excesivo, se trata de una obra ligera y entretenida.
Un ciego con una pistola es una obra llena de un barroquismo y una sensualidad muy cercana a la los autores de color y cuenta una serie de asesinatos en Harlem, así como una serie de movimientos reivindicativos de sus habitantes de color, dejando al descubierto intereses totalmente ajenos a la causa y una gran cantidad de personajes desalmados. La imagen que el título  invoca es una metáfora de esa peligrosa explotación de las buenas intenciones.
La de Jim Thompson es una novela obscura, en la que muchas cosas solo quedan insinuadas y donde la mente del asesino y autor de la narración, tortuosa y obscura, oscila entre nobles sentimientos y el más radical sadismo. Después de esta última, he tenido que hacer un inciso y pasarme a un clásico, una novela costumbrista y burguesa de Honoré de Balzac, editado por Ediciones Simancas en El Parnasillo, con un formato muy bonito y papel biblia y la única pega de la pequeñez de la letra.
En ello estoy sumida ahora, y me sumerjo en las vidas de estos jóvenes despreocupados por todo aquello que no sea la buena ropa y la belleza de las mujeres.

Hay que cambiar Harlem por París. Eso es la literatura. 

martes, 19 de agosto de 2014

Libros para el verano

He terminado dos nuevos libros. Por orden cronológico de lectura, voy hablar primero de Las lágrimas de San Lorenzo, de Julio Llamazares.
Es una narración que aprovecha la ocasión de un recuentro de un padre y un hijo en Ibiza alrededor de la noche de San Lorenzo y con el fin de ver las Perseidas o lágrimas de San Lorenzo, para hacer un recorrido por la historia del padre, y para hacer todo un panegírico del dolor que produce el paso del tiempo. 

En mi opinión, este sentimiento es innegablemente masculino. A riesgo de ser injusta, me parece que estos sentimientos no suelen darse entre las mujeres tan habitualmente. En general, la obra me ha parecido regular, con sentimientos de pérdida un poco manidos, y peor que otras obras de Llamazares. Y su memoria de Ibiza es un poco ingenua e idealizada y no coincide en nada con mis recuerdos de esta isla, vitalistas y energéticos.

La otra obra es mi primera lectura de Sergio Vila-Sanjuán, Estaba en el aire, la historia de un programa radiofónico que existió entre 1960 y 1964 y de la sociedad barcelonesa en esos años, en los que el franquismo parece levantar ligeramente la mano y en los que se produce el primer desarrollo industrial español, representado en esta novela con parte de la historia de SEAT y su fábrica de Barcelona-
Esta primera lectura de Vila-Sanjuán me ha dado una buena impresión, su prosa es de una sencillez magnífica y cuenta muchas cosas interesantes sobre el pasado, que los jóvenes de estos tiempos harían bien en conocer. He conocido a este autor como coordinador de un ciclo de conferencias de la Biblioteca Nacional, titulado El libro como universo, y he podido apreciar su sentido común y su capacidad para "pastorear" a los grandes escritores y personajes incluidos en el ciclo con gran facilidad y efectividad.
Esta primera lectura me ha dejado con ganas de leer más cosas de este autor, que es justamente lo que debe provocar una primera lectura.
Lo demás, esperar un poco temerosamente la llegada del invierno, este nuevo invierno para mi, lleno de libertad y de posibilidades. Espero aprovecharlo plenamente.




jueves, 14 de agosto de 2014

Sobre el arte y la belleza y todo lo que no es, supuestamente, imprescindible.

Mañana empieza el puente más famoso del verano, el del 15 de este mes tórrido que aquí y ahora no lo es tanto. Mientras, continúo mi navegación, suave y pausada en algún sentido, frenética en otros.
Y os traigo dos libros más que me he leído en estos días, uno corto y otro más largo (195 páginas contra 1143)
El corto es un Sellerio, uno de los libros de esta editorial de Palermo, que cuida tanto la forma como el fondo, con esa factura tan cuidada y sencilla. Se trata de una obra de Marco Malvaldi, autor nacido en Pisa en 1974, que tiene en sus relatos negros bastante ingenio y humor y que ha creado un escenario clásico  - el bar Lume- con sus jubilados investigadores plastas y su dueño Máximo, tan dado a meterse en los líos por culpa de estos.

Pero esta novelita negra es independiente de esta serie y trata de un estudio genético realizado en el pueblo de Montesodi Marítimo para encontrar las causas de la fuerza descomunal de sus vecinos, así como de otros caracteres genéticos, como grandes orejas o dientes separados. Pero en medio de esta invetigación se cruza una gran nevada y un crimen que parecería muerte natural si no fuera por la sabiduría del protagonista, Piergiorgio Pazzi, que junto con Margherita Castelli llevan a cabo la investigación, un genetista y una archivera. La historia es clásicamente bien diseñada y mantiene hábilmente la atención. No sé si Malvaldí está muy traducido al español, pero me temo que no.
El siguiente  libro no sé si considerarlo un bestseller, y tampoco me importa cual sea su consideración. Se trata de la segunda novela de Donna Tart y se llama El juilguero, como el cuadro de Carel Fabritius que se exhibe en el museo Mauritshuis de La Haya. Es en cierto modo una novela de iniciación y también una intriga policíaca, pero es sobre todo una reflexión sobre el bien y el mal y sobre la belleza. Aunque no sé si puedo estar de acuerdo con todas las opiniones que defiende la autora, la historia, a pesar de su difícil verosimilitud,  se sostiene y te mantiene pendiente de las desventuras de su protagonista Theodoro Decker. 
La historia empieza con un atentado en un museo y con la muerte de la madre del protagonista, así como un robo de arte, el de la obra El jilguero, que está siendo exhibida allí en una exposición temporal. De ahí surge todo un río de tristeza y angustia para Theo, que tiene 12 años y es el autor del robo, así como innumerables peripecias, que le llevaran a conocer a uno de los personajes más poliédricos, Boris un polaco-ruso que vive en Las Vegas y que en cierto modo representa el mal, pero que para mí es uno de esos malos intrínsecamente bondadosos y leales. Junto a él, el personaje de Hobie, literal e inequívocamente bondadoso y un sin fin de personajes complejos e interesantes, incluidos el padre de Theo o la señora Barbour. 
En fin, lo que parece más difícil es que la obra tenga un final más o menos feliz, y eso me recuerda a ciertas películas de Almodóvar, aunque sin la vena de locura ochentera.
En fin dos buenas historias y la segunda sobre todo que hace reflexionar sobre lo que la belleza hace en nosotros, como nos da la ilusión de eternidad.
Y Nueva York es otro protagonista con peso en la historia.
Leed El jilguero y hablamos