domingo, 29 de septiembre de 2013

El paraíso humanizado

Llegamos el domingo 22 a Los Escullos, en el Cabo de Gata y hasta el sábado 28, el paraíso ha he estado cumpliendo con su cometido, dando la talla en lo que se espera de un paraíso: sol perpetuo, mar en calma y transparente, silencio y felicidad. Pero a partir del viernes por la noche se pone en marcha una pesadilla renuente, que cambia el gorjeo de los pájaros y el sonido de las esquilas del rebaño de cabras por el ruido más inhumano de electro latino y otras flores de discoteca. La razón, una fiesta de Erasmus que ya nos sacudió el año pasado y que se ve que nos ha tocado en suerte también este año.  Unos 50 jóvenes de ambos sexos dispuestos a divertirse durante todo el fin de semana con las músicas más tontas y los juegos más insulsos. A ello se suma un viento huracanado que silva entre los bungalows por la noche y que durante el día hace difícil permanecer en la playa, no tanto por lo rizado del mar como  por el suplicio de los granos de arena horadando la piel o dejándote ciego. 
Como siempre, la solución para mi han sido los libros. Me he leído, en medio de la furia de la música gritona, El amante lesbiano, de José Luis Sampedro y Lo que el día debe a la noche, de Yasmina Khadra, seudónimo del escritor argelino Mohammed Moulessehoul. 
El de Sampedro se lo había regalado yo a C.N., compañera del la Biblioteca, y me lo ha dejado con la consigna de que se trataba de un libro apasionante. Para mi es un libro extraño que trata sobre el sexo, el género, las preferencias y la dominancia. Es un libro de iniciación que sucede a un viejo en el umbral de la muerte en un territorio de nadie, Las Afueras, donde es posible luchar contra todos lo errores y las imposiciones de la existencia. En este territorio neutral, el protagonista, Mario, se deja guiar por una bereber liberada, Fadira, de retorno a su verdadero ser. La obra se abre con dos citas místicas, una de San Juan de la Cruz (Entremos más adentro en la espesura) y otra de San Agustín (Ama y haz lo que quieras). La primera especialmente tiene para mi el sentido de escudriñar lo racional, descubrir las razones ocultas del universo.
El libro sobre Argelia me ha encantado, emocionado e interesado enormemente. No es solo que hable de la revolución argelina, uno de los últimos hitos de las luchas de liberación coloniales y unos de los primeros estallidos del terrorismo integrista musulmán, es que su lenguaje está muy cerca de mi sensibilidad sureña, de mi manera mestiza de entender la vida. Incluso del fatalismo y del sentido exacerbado del honor. La vida en la colonia de Río Salado parece tan idílica y al mismo tiempo hay tanta corriente de malestar subterránea, tanto rencor escondido que parece lógico el estallido de sangre y muerte que se produjo con la independencia de Argelia. Según Younes, el protagonista, deja claro como respuesta a la razones de los bodegueros colonialistas, se trata del enfrentamiento entre dos formas de vida, dos conceptos de la vida que triunfan en el norte y el sur, uno defendiendo el trabajo como razón suprema y otro la libertad como fin en si mismo...
No tengo las respuestas a esta antítesis, pero la siento en mi, formando parte de mi vida y de mi ser. T, la amiga que me ha dejado el libro de tan hermoso título, un libro en el que ella me comentó que solo por la descripción de un trigal al principio de la obra merecía la pena leer, tiene en la página de guarda final muchas notas manuscritas de su vida y sus viajes. Eso lo hace mil veces hermoso, no solo por el autor, la obra y la esperanza que rezuma, sino por la lectora que lo ha enriquecido con su propia alma.
Afuera sigue soplando el viento desasosegante y enloquecedor y dentro sigue la tormenta del dolor de I. y su locura y nuestro afán por salvarla del abismo. Si el viento sigue asediando el paraíso, no se cuanto podremos aguantar. Me gustaría un poco de sol y mar en calma, que P. disfrutara del recién descubierto buceo y poder volver al Norte con la mochila cargada de Sur. No sé si será posible. Mientras, aún me quedan dos libros más, La regina de Pomerania, de Andrea Camilleri y que ya he mencionado en este blog  y Escribir en Internet, un libro de la Fundación del Español Urgente del BBVA dirigido por Mario Tascón. Ojalá se amanse el dios del viento.

domingo, 25 de agosto de 2013

Varias lecturas y Todo lo que era sólido

Llega el verano y todos recuperamos la lectura. Verdad es que yo nunca lo dejo del todo. Últimamente he leído varios libros regalados o prestados por mi amiga T., una recién jubilada, que trabajaba en una empresa de yates y que se jubiló el pasado día 18 de julio. Que con la jubilación haya tenido algún problema de salud es la consecuencia lógica de unos años muy difíciles, con mucha ineficacia y mucho pelotazo empresarial.
Su empresa o es italiana o ella tenía mucha relación con Italia, el caso es que ella me ha dejado dos libros en italiano, el último una celebración de la editorial Sellerio, de Palermo (una obra traducida de Anatole France, Il procuratore della Giudea). No conocía esa editorial pero es una joya formal e intelectualmente.
Me encanta leer en italiano, me sirve para recuperar recuerdos antiguos, de mi Nonna y de mi madre y también de mi amiga Anna Maria Coccozza, profesora de italiano en la Universidad de Málaga. Pero además, conocer la editorial Sellerio ha supuesto para mi una sorpresa veraniega estupenda. 
El viernes, al salir de la BNE me subí a la librería Pasajes y me compré dos obras de Camilleri en esa editorial, La reina de Pomerania,  de la serie de Moltalbano y La revoluzione de la luna, que narra una historia del siglo XVII, al parecer. Pero además he comprado otra obra, Todo lo que era sólido, de Antonio Muñoz Molina, que ya he leído y que me ha gustado mucho. E.S. me había hablado admirativamente de él y siempre he respetado mucho su opinión
Habla de los años que han propiciado la llegada de esta crisis y es un ensayo, que expresa muchas ideas con las que no estoy de acuerdo. Pero si con las principales: la de que en este país no existe la independencia de criterio y solo se favorece la "disciplina de partido" y la "adhesión incondicional",  sea del signo que sea.Y también la buena prensa que tienen aquí los pillos y sinvergüenzas. 
Esas ideas y la de la que la regeneración nacional solo sera factible si todos hacemos nuestras tareas rutinarias de forma excelente, si nos dedicamos más a lo ordinario que a lo extraordinario y si nuestro funcionariado se profesionaliza y deja de estar sujeto a los avatares políticos, me han impactado con su sencillez y su claridad.
También señala Muñoz Molina que somos un pueblo que no sabe disentir civilizadamente y que nos cuesta especialmente discrepar de las opiniones de nuestros correligionarios. Así cuesta que avancemos como país, sin duda y sobre todos que superemos esas divisiones eternas que solo nos llevan a la ruina y al permanente conflicto.
En resumen, que han sido unas lecturas magníficas y os dejo unas portadas de la editorial  Sellerio, que son prácticamente perfectas.


domingo, 4 de agosto de 2013

Traganubes o comenubes

Dicen que K. no está terminado, que ha nacido sin el sistema digestivo completo. I. su madre dice que es que viene con vocación de ángel, ángel comenubes o tragasueños.
Cierto, angelito devorasueños, el mundo está muy necesitado de utópicos y soñadores. Pero mira, lindo niñito, para ser soñador hay que comer muchos biberones, y luego mucha sopa de verduras, y garbanzitos cuando llegue la hora.
Este mundo necesita visionarios con los pies en la tierra, bien comidos y queridos, como mucho carácter y mucha flema.
K., tengo tanta esperanza en ti, devoramiedos y fundepenas... 

sábado, 6 de julio de 2013

Cosas que nunca te dije

Pepa se murió el martes, sin que me enterase, mientras yo disfrutaba de mi último día de jardín y piscina, antes de incorporarme de nuevo a la batalla. Por lo tanto, el título de esta entrada no tiene nada que ver con la película de Isabel Coitxet, que no he visto, sino con cosas que me hubiera gustado hablar con mi amiga, con la que tantas cosas hablé, pero con la me gustaría seguir manteniendo una conversación permanente.


Cuando llegué a la Biblioteca desde Málaga, Pepa estaba en la sección de Publicaciones periódicas, que fue mi primer destino. Eran los primeros tiempos de lo que se ha llamado después la transición y ella, hija de un republicano que se murió esperando que los aliados llegaran a España a derrocar la Dictadura de Franco, era una espécimen algo peculiar entre muchas bibliotecarias con un talante conservador y manifiestamente de derechas. Era el azote de estas señoras y señoritas de buena familia, porque siempre dijo lo que pensaba con absoluta sinceridad y con gran pasión. Y su sentido de la responsabilidad social era imposible de evitar, más que excesivo. Siempre tuvo, además, una vena de locura que la hacía inmune a cualquier tipo de miedo.

Pero también era una persona dedicada intensamente a saborear la vida. Casada con el poeta Jacinto López Gorgé, sin hijos (esta carencia, más para Jacinto que para ella, supuso mucho en sus vidas), su ranking de viajera era inalcanzable. Después de cada viaje volvía llena de historias y de risas, pues de todo lo vivía con una vitalidad infantil y siempre con extrema intensidad. Jacinto había dejado la enseñanza para dedicarse solo a la poesía y sus alrededores (conferencias, antologías, artículos) y entonces aún un funcionario tenía media vida (a partir de las 3 de la tarde). Iban al cine, al teatro, a la ópera, a los conciertos, a cualquier acto cultural o fiesta de intelectuales. Pepa lo veía todo con mente ávida y no solo lo disfrutaba ella sino que nos lo contaba a nosotras, sus compañeras más cercanas de Publicaciones Periódicas, las que desayunábamos con ella.

A mi me prohijó desde el primer momento, quizás por venir del Sur que ella quería tanto, pues vivió en Ceuta, Melilla y Tetuán, más lugares del Norte de África; en Marruecos Jacinto y ella dibujaron a su alrededor un círculo de amigos y poetas que dio lugar a revistas como Ketama y sobre todo a una isla de razón y de belleza entre dos sociedades que se han entendido a menudo a trancas y barrancas.

Jacinto se murió en diciembre de 2008. Aún recuerdo el último día que los vi juntos, uno de principios de verano aquí en Collado, puede que en 2006, no lo recuerdo con exactitud. Pepa estuvo en mi casa destilando la energía de siempre, pero Jacinto se medió adormeció al sol del jardín, como quien se deja acunar por la muerte anticipadamente.

Después de su muerte, Pepa tuvo un bache, las pocas veces que la vimos estaba delgada y llorosa. Yo siempre sentía que debía llamarla y verla más, pero la vida estúpida de trabajo de sol a sol solo dejaba hueco para ese remordimiento, viejo conocido, porque también lo experimenté con la larga enfermedad de mi madre. Siempre dije que Pepa era mi otra madre, la madre biblioteca, la que te enseña a buscar, encontrar y poner en la mano del lector eso que necesita. Y a ella también le fallé.

Pero me llamaron ayer y me contaron su muerte, que parece elegida por su temperamento de genio alegre y hedonista. Trabajó hasta el final en la ordenación del archivo de Jacinto que había donado en 2010 a la Fundación Jorge Guillén de Valladolid, y tras un año de mejora de la salud y del ánimo, pero de mucho trabajo, decidió darse el premio de una estancia en el balneario de Medina del Campo.

Y allí la atajó "la pelona", pero no pudo con su espíritu de acero, con su sangre de alegría inquebrantable. Se fue como vivió, sin miedo y disfrutando. Y se llevó mi remordimiento, porque nada puede impedir esta permanente conversación que ahora nace.

Pepa, recuerdo que me contaste que unos de tu viajes, en una piscina de hotel había un cable suspendido encima del agua y te empeñaste en atravesarla deslizándote por él. Y que al final, lo conseguiste. Sea o no cierto esta anécdota, es la metáfora de tu vida, difícil pero gozosa siempre, y en eso quiero yo seguir tus pasos: nada es difícil con la sonrisa a cuestas.

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Comentario: La foto que incluyo no hace justicia a una persona llena de vitalidad y de sentido del humor, pero no tenía otra, me la dio M. y es anterior a mi llegada a la Biblioteca. Cuando pueda añadiré otra más acorde.