domingo, 27 de abril de 2014

Otra generación

Harto de conmemoraciones, centenarios, obituarios y otras hierbas, R. compartió en FB un enlace a El Mundo Today sobre la muerte de GGM. Comparto con él este hartazgo, en estos tiempos se diría que todos somos medios de comunicación compitiendo por el prime time, de acuerdo con esa idea tan extendida de que hay que estar continuamente rozando la conciencia del ciudadano con noticias, sean estas malas o buenas.
Pero se nos olvida, por contra, que dar mal una noticia o difundir mal algo es peor que no hacerlo y, sobre todo, que salvo para periodistas y medios de comunicación, para muchas otras organizaciones, la difusión, por muy importante que sea, es sólo una parte de su misión.
Además de eso, las conmemoraciones, aniversarios, etcétera., tienden a ser los únicos momentos en nos ocupamos de esos temas, olvidándolos el resto del tiempo.
A parte de esta larga digresión, la entrada del Mundo Today es tan buena como suele, y retrata una realidad fácilmente constatable: gran parte de las generaciones posteriores a la de los que en los últimos 60 o primeros 70 leímos a GGM, no conoce a este autor más que como lectura obligada o una tarea de clase, es decir como posible candidato a pregunta en los exámenes de selectividad. Aviso: esto es una generalización y como tal es inexacta, en esas generaciones hay magníficos lectores que conocerán no solo a Gabo sino a cualquier escritor del llamado boom.
Es una pena que estas generaciones no puedan experimentar el deslumbramiento que le produjo a la nuestra el descubrimiento de este autor, su uso exacto del lenguaje y su universo en el que recreaba la realidad con la magia literaria. Y tampoco el tremendo respeto que Sudámerica despertó entonces en nosotros, dejando de ser como dice el médico de El coronel no tiene quien le escriba: "Para los europeos América del Sur es un hombre de bigotes, con una guitarra y un revólver".
No podrán sentir el placer de leer por primera vez esas historias llenas de realidad pero doradas con la luz de la poesía, ni seguir los avatares de las siete generaciones de la familia Buendía, que al parecer tenía mucho de la historia de los antepasados de Gabriel García Márquez pero también transfigurada por la magia y lo poético.
Aunque el olvido arrase nuestras neuronas, esas historias se han quedado en nuestros genes, en una forma concentrada y esquemática, y para siempre mariposas amarillas serán la sombra del amor oculto, o el hielo una metáfora del aprendizaje...Y la lluvia tendrá más significado después de los diluvios de Macondo, y ante una abuela centenaria con la que sus nietos jueguen siempre tendremos presente a Úrsula Iguarán sentada en su mecedora. 

Los homenajes que no me gustan han servido para traerme a la memoria esas maravillas de Cien años de soledad, un libro como una casa de grande (según una expresión ya casi en desuso), como un universo entero y verdadero. Nunca releo, pero los atisbos de recuerdos de estos días, me hacen desear hacerlo y sumergirme a fondo en este mundo tan bien escrito. 

Eso sí, me gustaría leerlo en las ediciones clásicas de la Editorial Sudamericana, con la cubierta de sellos diseñada por Vicente Rojo, la que no llegó a tiempo para la primera edición de 1967.
La primera cubierta se cuenta que la improvisó Francisco Porrúa, y es la imagen de una galeón en una selva muy estilizada, representada por tres plantas amarillas, aquí os dejo las que expone la Biblioteca Nacional de España a la entrada del Salón General, como parte del homenaje que le ha rendido a GGM este sábado, en la Jornada de Puertas Abiertas.
Por cierto que ese Galeón en la selva me trae a la memoria una gran película, Fitzcarraldo, de Werner Herzog y con Klaus Kinski en uno de sus mejores papeles.

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