lunes, 11 de octubre de 2010

El mucho leer

Si digo que estoy leyendo tres o cuatro libros a la vez, parezco una gran lectora, pero en realidad es justo lo contrario, soy una lectora en dique seco, es decir con crisis de lectura. Sucede a veces cuando uno vuelve de vacaciones y casi nunca cuando uno está muy liado y más cansado de lo habitual: la lectura es un refugio y un remanso de paz en el turbio vivir del estresado.
Digo bien, tengo dos libros en inglés empezados, The collected stories of Richard Yates (que incluye en primer lugar la obra sugerida por F., Eleven kinds of loniless) y The dead hand de Paul Theraux; y además uno español Rosas de piedra, de Julio Llamazares, que recorre algunas catedrales españolas y que realmente es un libro para leer a saltos, me parece a mi. Con Richard Yates me ha ocurrido que a pesar del notable interés de su narrativa, me he topado con un inglés informal, casi jerga, muy difícil para la eterna estudiante que soy de esta lengua. La novela de Paul Theraux es una policíaca ambientada en India y la leo un poco antes de dormirme, cuando ya estoy al borde del desvanecimiento total.
Pero no todos son libros inconclusos, en esto días he terminado tres. El primero de ellos, The garden party and others stories, de Catherine Mansfield, que leí hace mucho tiempo en español pero que casi no recordaba y que leído al tiempo que escuchaba el audio libro que le acompañaba. El segundo es una policíaca de un autor gallego, Domingo Villar, Ojos de agua, que me ha gustado menos que su primera novela, La playa de los ahogados; me parece a mi que en estas segundas partes está menos conseguido el ambiente y la trama de asesinatos y chantajes es más inverosímil, e incluso los rasgos del ayudante aragonés están más estereotipados.
Y Saramago: El evangelio según Jesucristo, una obra que ha despertado las iras de muchos católicos y que está llena de sentido común, de poesía y de bondad. Saramago la escribe lleno de cazurrería, de retranca y de omnisciencia: es lo que tiene el que el narrador sea dios. Muchas cosas pueden escandalizar a los más ortodoxos de éstos, entre otras los amores de María Magdalena y Jesús, o la constante presencia y la ambivalencia del diablo, que es llamado el Ángel o el Pastor; pero lo que debería horrorizarnos a todos sería el catálogo de muertes individuales y colectivas futuras que dios enumera a Jesús hacia el final de la obra.
Saramago es para mi como esos duros/tiernos hombres de izquierdas de antes, con la cruz de su dogma a cuesta, pero con cabeza, corazón y sobre todo agallas; aunque no tiene mucho que ver me recuerda a Labordeta, que se ha muerto recientemente y que para mi ha sido un hombre íntegro y honesto.
En fin, el mucho leer ya sabemos que no es garantía de nada, pero da igual, seguiré leyendo mientras la luz de mis ojos aguante.
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