domingo, 21 de marzo de 2010

Tombuctú

Acabo de terminar un libro de un antiguo ministro, Manuel Pimentel Siles. La novela se llama El arquitecto de Tombuctú y habla de la mítica ciudad de Malí, en el Sahel, en la curva del río Niger. Cuenta la vida de Abu Isaq El Saheli, un granadino nacido alrededor de 1300, hijo de un perfumista, que habiendo llegado a tener un puesto de escribano en la Alhambra, debido a su vida disipada, su amor a la poesía, el vino y el anacardo, pierde su trabajo, su esposa y es exiliado del reino. 
Recorre las grandes ciudades islámicas de la época, El Cairo, Damasco, Bagdad, y a la vuelta de su peregrinación a la Meca, conoce al emperador Kanku Mussa, con quién habría de iniciar su trabajo de arquitecto en Malí, el llamado reino de los negros.
En Luxor, al poeta granadino se le había despertado un amor por la arquitectura, que se materializa en este reino de los negros en la construcción de varias mezquitas, entre ellas la mezquita de Djinguereiber, una de las tres aún existentes en Tombuctú y que ahora constituyen la Universidad de Sankore. Según el autor de esta novela, se inspiró para su construcción en los termiteros, hechos solo de barro. La verdad es que este tipo de arquitectura, después llamada estilo sudanés, tiene un aspecto extraño, con sus torres de barro con estacas de madera incrustadas. Según lo que he podido leer, las estacas sirven para ascender a las torres cuando hay que renovar el barro, creo que anualmente. Pero el aspecto es hermoso y singular.
Tombuctú fue una ciudad muy rica parece que fundamentalmente debido al comercio de la sal, que al parecer se cambiaba por oro, también parece un lugar especial para los manuscritos, su universidad conserva gran cantidad de ellos, musulmanes en su mayoría y parece ser que bastantes andalusies. 
A lo largo de la novela se habla del sufismo musulmán, tolerante y ecumenista y lo enfrenta a una corriente intolerante e integrista; parece que ese binomio se da en todas las situaciones y desde luego en todas las religiones.
En resumen, un personaje interesante, una ciudad atrayente del mágico continente africano y una novela que enseña y entretiene. No se puede pedir más para este largo fin de semana de una primavera que no termina de llegar. 
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