sábado, 8 de noviembre de 2008

Mis compis de desayuno

Desde hace treinta años, todos los días laborables he desayunado con tres compañeras de trabajo que en un principio estaban en la misma unidad funcional, la que procesaba las publicaciones periódicas, pero que tras los primeros ocho años estaban en departamentos diferentes. Ahora dos de ellas se jubilan y me dejan sóla con M. Ya antes se jubiló P., a la que siempre me sentí muy ligada y que me enseñó mucho no solo de bibliotecas, sino de la vida en general y en especial del entusiasmo y de la alegría de vivir. Más tarde se incorporó R., que ahora también se jubila. Cuando pienso en como se generaron estos grupos cambiantes, recuerdo el término afinidades selectivas y me pregunto si esto definirá nuestro conjunto disjunto: somos todas tan diferentes y sin embargo hemos continuado juntas durante tanto tiempo que a veces resulta difícil de entender.
Las dos se van contentas de hacerlo, porque han trabajado duro y no han obtenido muchas satisfacciones de este trabajo, ni en recompensa efectiva ni en reconocimiento de ningún tipo. La administración es así, desperdicia muchos buenos individuos con su manera supuestamente igualitaria de recompensar. Yo creo que con un empresario inteligente, M. y R. las compañeras que se van hubieran obtenido muchísima mejor posición y reconocimiento, pues cada una de ellas tiene una de esas cualidades imprescindibles en el trabajo: la meticulosidad y la organización del trabajo, el sentido práctico o la actitud de colaboración y ayuda, etc.
Sin embargo, se han desaprovecharon sólo en parte estos talentos, porque ellas han seguido haciendo bien la parte del trabajo que les correspondía y también han representado un papel importante en la institución, resolviendo gran cantidad de problemas que ahora ya no lo son.
Para mi han sido las amigas con las que contrastaba mis informaciones sobre el trabajo y sobre el mundo en general y con las que aprendía a exponer opiniones diferentes. Pero básicamente han sido buena gente que me ha soportado (mi impaciencia, mis ganas permanentes de correr, mis malos rollos).
Han sido muchos años de oírnos, de esperarnos, de no coincidir, de despedirnos para las vacaciones o de contarnos las tristezas. Estoy segura de que nos seguiremos viendo, aunque no sea en todos los desayunos.
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