sábado, 8 de marzo de 2008

Libros, libros, libros...

Hace ya una semana que he terminado un libro policíaco, de P.D. James, A certain justice, leído en inglés como parte de la estrategia de aprendizaje de esta lengua. El libro trata sobre el asesinato de una abogada en la corte de Londres y tiene cierto tufillo conservador, con su argumento trata de forzar las conciencias en contra de algunas decisiones judiciales, terreno este que me parece siempre peligroso: las decisiones judiciales pueden ser erróneas, pero peor error es prescindir o actuar por encima de éstas. Por lo demás, es un buen libro, muy bien narrado y con el consabido morbo que suele imprimir su autora en algunos personajes: Garry Ashe es un personaje extraño, psicópata pero no de una pieza y aparecen más personas con temperamentos y actitudes muy reales por la contradicción que entrañan. En cuanto al inglés, te introduce en la jerga legal y llega a convertirse en una lectura fácil.
Luego he vuelto a la lengua paterna y estoy leyendo Tu rostro mañana. III. Veneno y sombra y adiós y como siempre me ocurre con Javier Marías, me voy adentrando poco a poco en su español tan rico y en su mundo personal, lleno de cosas interesantes, como la prolijidad y minuciosidad de sus descripciones de estados de ánimo, su dibujo de los personajes. J.L. dice que no le gusta Marías porque en sus novelas no pasan cosas, yo creo que está equivocado, pasan muchas cosas, pero además las acciones están repletas de reflexiones, y al principio eso se hace un poco duro, luego te encanta y te envuelve literalmente, entras en su mundo ensoñado y lo vives como si fueras Jacobo Deza.
Después pienso volver al inglés y leer La historiadora, que espero que se trate de una lectura fácil. Además, de resultas de una conversación de almuerzo, he recuperado a una vieja amiga Natalia Ginzburg y me han entrado ganas de releer Las pequeñas virtudes, contra mi costumbre.
Estoy además trabajando en un grupo que estudia la aplicación de los blogs, wikis, etc. a los clubs de lectura y encuentro mucha información oficial sobre cómo organizarlos, como siempre produciendo cierta rigidez, absolutamente incompatible con el ánimo lector. La lectura para mi la máxima expresión de la libertad y cualquier campaña para favorecerla tiene que tenerlo en cuenta, así también los clubes de lecturas sólo deben ofrecer posibilidades, pero no imponer demasiadas cosas.






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