martes, 25 de septiembre de 2007

La espuma de los días


Cuando llega septiembre siempre tengo un sentimiento muy vivo de la fugacidad de la vida y también de su liviandad. Yo creo que se debe al aire, a su levedad en este tiempo, que al atardecer se vuelve transparente y dibuja la linea del horizonte con un hermoso color entre rojizo y azul. El día se acorta, pero aún no es tan corto como en pleno invierno. Además de ceder algo el calor, disminuye el flujo de veraneantes y el movimiento de gentes incesante del verano, que convierte los pueblos de la sierra en verdaderos hervideros.
Conviene en estas fechas preparar el cuerpo y el espíritu para el tiempo profundo que nos llega, para la introspección que supone el frío y la limitación de la luz. Hoy todavía luce un sol amable que invita a pasear y a disfrutar de la vida, que es tan corta.

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