lunes, 4 de agosto de 2014

Algunos libros buenos

Es la época. En agosto casi con toda seguridad las estadísticas de lectura deben superar la de el resto de los meses del año, bien por las vacaciones, bien por la relajación del horario laboral o por trasnochar más debido al calor.
Yo hoy voy a hablar de tres libros, pero alguno lo leí allá por el mes de junio, como El caso Collini, de Ferdinand von Schirach,  que es la historia de una venganza servida fría y sin ninguna necesidad de clemencia ni ningún rechazo de la propia culpa. El autor es un experto conocedor de las leyes y de él he leído también el libro de relatos Crímenes, en el que algunas narraciones los tremendos delitos parecen absolutamente perdonables, pues retratan un ambiente de presión continuada y parecen hacer justificables algunos de ellos. Aún tengo que leer otro titulado Culpa, pero antes tengo otros en cartera (algún Sellerio, una obra de julio Llamazares...). El autor, a pesar de su pericia legal, refleja los abismos personales en los que se cuecen ciertos crímenes y escribe claro y bien.

También J. escribe claro y bien y además resulta muy entretenido, aunque hay en la obra mil tics y expresiones que a los que le conocemos nos identifican sin margen de error al autor.
No sé si le gustará, pero tengo que decir que está obra no habría podido escribirse sin el manga, sin Harry Potter, Ana María Matute, ni sin ciertas películas chinas de fantasmas. Pero en Atropos Carol está también el Ciberespacio y los anti-héroes nacidos ya en los años sesenta del pasado siglo. Y cierta parodia de los góticos y vampiros y mucha peli de monstruos de serie B.
JPF es un periodista, bibliotecario y community manager (fea palabra, ¡pero a ver quién encuentra otra!)
Sólo se le puede acusar de rehuir lo difícil, lo técnicamente complejo. Pero estoy segura de que ese será un mal pasajero. 
Ha escrito un libro electrónico para Kindle y ha hecho una versión de urgencia en papel para los que no lo tenemos, que es la que he leído yo. Se titula El examen final y cuenta la octava convocatoria del examen para obtener el título de parca de una joven de buena familia de Mort, la ciudad de las parcas. Esta joven, llamada Átropos Carolina, descubrirá durante este examen su pasado oculto y el de su familia y luchará con fantasmas terribles y con un mestizo de parca y humano a punto de convertirse en demonio. Su carácter acomplejado, su amor al chocolate y su sentido del humor la ayudaran a recorrer un camino durísimo que incluye etapas extracorpóreas y bastantes sangre y casquería. Y a nosotros nos llevará felices por ese camino hasta un final previsible, aunque no fácil de alcanzar.
J., felicidades por este libro. Es un buen primer libro. 

jueves, 17 de julio de 2014

Espacios vacíos

Siempre he amado los espacios vacíos; así como hay gente a la que le gustan las ruinas, a mi estas me llenan de zozobra por los afanes humanos fracasados, pensando en lo que cuesta crear y mantener la casa y el ajuar y cómo cualquier golpe de fortuna o el simple paso del tiempo pueden llenar de polvo y silencio un hueco hecho para el amor y los sueños.
Pero ciertos espacios vacíos -teatros, estaciones, escuelas- hechos para llenarse de gente y de voces me producen una calma y una sensación de belleza tremenda.
Sobre todo hay dos espacios que me resultan especialmente bellos. Uno de ellos lo he estado viendo durante años, se trata del hall de la Biblioteca Nacional, antes de que esta abra y se inicie el normal ajetreo de lectores y empleados. En una foto de la puerta desde el interior quise captar  ese misterio de voces antiguas, visto de dentro hacia afuera, con toda la vida que encierra esta biblioteca
Cada mañana durante mucho tiempo mi corazón se ha ensanchado con esta belleza humana y latente, pendiente del inicio de nuestro trabajo tan hermoso, aunque a veces lo olvidemos.

El otro espacio vacío es más bien la suma de muchos lugares, y es cualquier gimnasio o pista deportiva. Aunque vacíos, siempre están llenos de los sueños y el sudor de mucha gente y despiertan en mi una gran fe en que siempre es posible, luchando, alcanzar todas las metas. Incluyo en estos espacios las pistas al aire libre, porque no hay nada  más  profundamente estimulante que una pista de atletismo vacía.
Muchas mañanas, cuando he ido a entrenar o a ejercitarme, la llegada a esos edificios construidos de esfuerzo e ilusión a partes iguales me ha hecho sentir parte de un grupo humano enorme y ubicuo, el que tiene en la lucha su razón de ser y asume que la única batalla perdida es la que no se emprende.
Nada es eterno, pero hay momentos que tienen aspiraciones a serlo

viernes, 4 de julio de 2014

FASM y los demás que se fueron

Julio no suele ser un mes para nostalgias, ni para echar de menos a los ausentes. Pero este julio es un desastre en su especie, llueve, truena, graniza y sobre todo hace mucho frío.
Y además se me ha ocurrido preguntar por FASM. 
Decían que era mi hermano porque tenía una asimetría parecida en la alineación de los ojos, y además, porque era cascarrabias como yo.
Pero era infinitamente mejor que yo, perfeccionista, amigo de sus amigos, organizado, valiente. Recuerdo un día en que lanzando jabalina (no sé si fui yo, creo que no) "pinchamos" a un sobrino suyo de pocos años, en una Ciudad deportiva de Málaga desierta un medio día de calor. Recuerdo su sangre fría, como entre los dos sujetamos la jabalina y la sacamos, sin derramar una gota de sangre, porque había cogido entero el paquete muscular. Luego fuimos a Carlos Haya, el hospital que lindaba con la Ciudad deportiva y todo salió bien. 
Infinidad de veces hemos tomado hamburguesas y cervezas e infinidad de veces le he visto entrenar fondo solo, sufriendo infinitamente, con el gesto de dolor en la cara y el cuerpo tenso de dolor.
También era un dandy que cuidaba el aspecto personal y la equipación deportiva y una persona que valoraba tanto la amistad que siempre se sentía decepcionado, por uno u otro motivo. 
El me ayudó a comprar mis primeras zapatillas de clavos, azules y de piel vuelta, en la tienda de un amigo (siempre tenía amigos que ayudaban a otros amigos) y he estado en su casa y molestado a su madre algunas veces.
Empiezo a tener el síndrome MPM, que cada vez que pregunta por un intelectual o un escritor, resulta que se ha muerto. FASM se ha muerto, no se cuándo ni por qué, no sé si quiero saberlo. 
Hace poco fue que se me ocurrió preguntar por JdeM, un pintor malagueño que convivió con nosotros en nuestros años comunes de facultad, y resulta que había muerto en el 86, mientras yo estrenaba movida y amores, mi querido Juaco, tan listo y tan cáustico, tan artista y tan interesante. Guardo una postal que grabó para nosotros cuando preparábamos el viaje a Italia, al que no vino, pero que nos ayudó a financiar con una subasta de artistas malagueños de los primeros 70. Fue siempre una persona dulce envuelta en una capa de amargura espuria, y era divertido y genial y por tanto se fue. Este mundo es solo de los muermos, está claro.

Y hace unos meses, quizás un año, se me ocurrió buscar información sobre FA, un jugador de balonmano de Málaga bastante bueno, que durante un verano fue compañero de juergas de mi equipo de balonvolea y de su entrenadora E. Era uno de los hombres más cuadrados que conozco y de piel más obscura y cantaba muy bien, con una garganta de arena. A pesar de que la pareja que yo le conocí era bastante pacífica y dulce, en algún modo debió seguir esa vida excesiva que llevaba y que conocí y amé. Y murió hace también algunos años de un accidente cerebro vascular, si no me equivoco.
Total, que hoy es un día magnífico para recordarlos a todos, para no preguntar por nadie y desear que todos aquellos amigos con los que viví, soñé y amé sigan en este valle de lágrimas por mucho tiempo.
Por lo demás, os quiero igual o más ahora que debo hablar con vosotros de alma a alma.

martes, 24 de junio de 2014

El fuego de la razón y la noche obscura

Foto de Óscar
La noche de San Juan tiene fama de noche de los sentidos y la pasión, de celebración del verano y el buen tiempo, aunque a menudo caen chuzos de punta, como esta pasada noche. Pasada por agua, en realidad.
Personalmente siempre he sentido muy vivo el mito de la llegada del verano y de la consagración de la vida nocturna que esto supone, pero igualmente siempre he tenido inconvenientes que me impedían disfrutarlo como quería. De estudiante, siempre coincidía con el esfuerzo de los exámenes finales, de los que nunca me he librado, y cuando he trabajado, los madrugones que esto supone hacían poco sensato trasnochar demasiado.
Siempre he tenido la certeza de que este día se celebra algo tan antiguo como el mar, y he imaginado ya a los Neardentales celebrándolo. Y he tenido la pena de no poderme sumar a ese canto de la humanidad entera, por uno u otro motivo.
Este año podía haber sido la excepción, ya que estreno libertad, pero la lluvia lo ha impedido. Pero no importa, quedan muchos años para vivirlo y pensarlo, porque para mi empieza a ser la celebración de la razón, del conocimiento. Por eso y porque es también hermoso ese desear y soñar una fiesta, casi más que festejar y celebrar.
Empiezo a verlo como celebración del conocimiento porque sin duda para los primeros homínidos supone la compresión de los ciclos y también de los beneficios que estos producen en la naturaleza y en la tierra. Y es un símbolo de la luz del fuego ganando la noche para el hombre aterrorizado por la obscuridad. Los mitos son fruto de la inteligencia y de la imaginación, y la noche de San Juan es uno de los más hermosos que conozco.
En resumen, que aunque llueva a cántaros siempre podré soñar que bailo a la luz de la luna y las hogueras una danza inventada para agradecer la belleza de la vida floreciendo en las plantas, los animales y los hombres.