sábado, 13 de diciembre de 2014

In-civismo

Puede que a veces achaquemos a nuestra mala educación lo que no es más que un accidente debido a factores incontrolables como las fuerzas de la naturaleza o similar, pero lo cierto es que hay demasiados ejemplos de mala educación ciudadana como para seguir manteniendo la fe en la inocencia de nuestros conciudadanos. No solo es que se tiren a la calle todo tipos de envases de bebidas y papeles, es que se roban plantan pertenecientes a la comunidad y también se destruyen bienes comunitarios, como sistemas de riego o iluminación pública. Todo ello demuestra una un cabreo sordo y sobre todo cobarde, que destruye por el simple hecho de jorobar, sin más beneficio que la descarga de mala baba.
En la dehesa boyal de mi pueblo hay tres o cuatro alcornoques grandes y antiguos, de uno de los cuales ya hablé aquí. El más antiguo, de alrededor de 300 años, ha sido catalogado como árbol singular y se ha incluido un cartel que lo comunica y explica sus características


 Pues bien, a menos de un mes, ya está desmontado el cartel y tirado al pie del árbol. Como la cosa coincide con la entrada de las vacas, cabría suponer que han sido ellas la causa de este desastre. Pero a mi ya no me queda ingenuidad para creerlo, hace unos días uno de los junquillos estaba suelto y lo clavé con una piedra, ayer ya estaba deshecho y lo que veo en este pueblo, como en tantos otros, es una incuria y una falta de civismo generalizados, tanto de los originarios del pueblo como de los que tienen aquí una segunda residencia.

Este árbol, como mi preferido que mencioné en otra entrada y que esta más abajo en la misma dehesa, es un superviviente que ha visto varias guerras, y miles de cambios en este país de gentes incívicas, menos el único cambio con el que soñamos todos los que lo queremos.
Yo creo que el cambio que necesitamos es el que signifique más educación, más respeto hacia el otro más flexibilidad y más ponerse en la piel y en los zapatos de los demás. Que nos ayude a escuchar más y a chillar menos. A buscar el éxito con tiempo para madurar, a trabajar la inteligencia creadora, más allá del golpe de ingenio efectista que manejamos a la perfección.
Somos un buen pueblo, los españoles, a pesar de la fama y también a pesar de nuestras realidades. Pero a lo mejor el problema es que nos gusta demasiado ese carácter chulesco y a contracorriente. Cómo decía V., mi amiga adolescente, "no puedo luchar contra mis defectos porque... ¡en el fondo, me gustan!"
Todo se acelera cada vez más y da la impresión de que no queda ya mucho tiempo para seguir equivocándonos. Seguro que es una falsa impresión, pero yo parafrasearía a Ortega y Gasset y diría: "Españoles, a las cosas", y esas cosas serían las verdaderamente importantes: la educación, el respeto al bien común (de verdad, no de boquilla), el amor al trabajo bien hecho (aunque sea lento) y el respeto al otro, que es la germen de la concordia y la convivencia.
Esto me ha salido un poco paliza, disculpadme los que me leáis.

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