domingo, 31 de marzo de 2013

A la sombra de Pompeya

Stabiat es la ciudad que hoy conocemos como Castellammare de Stabiat y está a 4,5 kilómetros de Pompeya, y es por eso que sus villas han quedado eclipsadas por las de Pompeya. Fue destruida en el año 89 AC por Lucio Cornelio Sulla durante la Guerra Civil, pero volvió a renacer de sus cenizas y en el año 79 DC. era un próspero lugar de vacaciones para los romanos adinerados, con colinas que ofrecían hermosas vistas sobre la bahía y con el Vesubio al fondo.

Cuando se produjo la erupción del Vesubio, al parecer el 24 de agosto, Stabiat debió de sufrirla después que Pompeya y Herculano. Así como en Herculano el problema fue el lodo y la ceniza y en Pompeya los vapores de azufre y las piedras pómez, podemos imaginar que una mezcla de ambas pudo inundar estas hermosas villas: la señorial villa San Marco, la coqueta villa de Arianna, o la villa del Pastore. Durante la erupción, Plinio el viejo, el amante de los volcanes, navegó por la bahía salvando a los que huían de esta y disfrutando de la emoción que tanto persiguió y soñó. Al parecer murió en Stabiat, y sobre él, como sobre muchas otras cosas, se puede leer en la novela El amante de volcán, de Susan Sontag.
La historia de las excavaciones en Stabiat también fue bastante azarosa, el yacimiento fue descubierto en 1749 por el caballero Rocco de Alcubierre, un ingeniero a las órdenes de Carlos VII de Nápoles, que excavó con ayuda de Karl Weber entre 1749–1782, pero lo excavado termino enterrado y no fue redescubierto hasta 1950.
La entrada a la villa San Marco da una sensación de modernidad y de calma, de casa donde sus dueños han sido felices y entre cuyas paredes las risas de los niños y los murmullos de los amantes siguen flotando.
Pero en la villa Arianna es donde está el fresco más misterioso y más radicalmente vitalista. 
Los de Diana o Leda responden al tópic, son diosas o mitos conocidos, habituales en las villas romanas, y que abundan en Pompeya y Herculano, junto con las representaciones de Cupido o los frescos eróticos. Pero el fresco del que hablo, el que supuestamente representa a Flora o la primavera es otra cosa. 
En primer lugar por su sencillez y por su uso del color. Y después porque la figura femenina que representa está de espaldas y vestida con absoluta simplicidad y con cierto descuido, en su brazo derecho lleva una especie de lienzo o papel envolviendo unas pequeñas flores blancas, de una planta que está a la derecha. Las flores son un delicado juego de puntos blancos, que flotan sobre el fondo azul del fresco como pequeñas estrellas en un cielo verdiazul.
¿Quién sería el artista de esta primavera, que vivió al comienzo de los tiempos? Esa explosión del mundo en la se sumergió Plinio nos ha traído tanta belleza y tanta emoción. Todo ese dolor y toda esa  muerte nos han permitido este mágico privilegio. 


Publicar un comentario