domingo, 3 de abril de 2011

Sobre la tolerancia

He nacido en un país y en una época en que la mención más frecuente a la tolerancia era la temible expresión "santa intolerancia", es decir que era un concepto muy poco apreciado, porque solo se hablaba de su opuesto.
Tanto es así, que todos tenemos cierta desconfianza de la palabreja y nos parece algo un poco blando y desde luego indicador de cierta debilidad.
Pero mi madre hablaba siempre de la tolerancia como de una virtud de ciudadanos y, lo que es más y mejor, de personas enteras y verdaderas. Y lo decía en ese medio ambiente poco propicio, lo cual tenía su mérito, indudablemente. 
Y el tiempo pasa y seguimos siendo un país de intolerantes, y además las personas siguen apreciando más la intolerancia que la tolerancia, y de acuerdo con esto, sólo cuenta la opinión propia, la verdad propia; y con todo este tráfago, lo primero que se pierde es inteligencia y conocimiento, porque ambos nacen de la suma y no de la resta, de saberes y voluntades.
Ahora que hay crisis, mucho más. Y sin embargo sería momento de ser tolerantes y de oír y entender al que no piensa como nosotros, para intentar encontrar soluciones entre todos a los grandes problemas que nos afligen. Incluso desde el punto de vista de nuestra estabilidad psicológica, aprender a evitar el estrés y conflictividad que nos ocasionan las personas que no opinan como nosotros podría ayudarnos a crecer enormemente. Nos ayudaría a asumir lo que somos mucho mejor.
Mi madre jamás decía nada que pudiera contradecir las creencias un tanto extremas de mi padre, nada salvo esta llamada permanente a la tolerancia que era más subversiva que cualquier llamada a la revolución. Y me alegro de haberle oído ese discurso y de que aún sea importante para mi ese término. Gracias.
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