sábado, 11 de abril de 2009

La muerte, parte de la vida, y un libro

Inducida por un artículo en el EPS de la pasada semana he leído mi primera obra de Haruki Murakami. También me ha influido la buena opinión de mis dos amigos de blogs, R. y M., y admás que estaba en Macondo para comenzar con Tokyo Blues: Norwegian wood. 
A pesar de todas las opiniones favorables, no me ha gustado demasiado. Se trata de una obra demasiado adolescente y encuentro que ese es uno de los males de nuestra época, el que toda la sociedad se resienta de esta edad del pavo permanente, cargada de un hedonismo simplón y de una inconciencia que se permite jugar incluso con la idea de la muerte y del suicidio. Cuando leo estas historias poco creibles siempre me acuerdo de la frase de mi nonna Barbara, que decía " vi puzza il benessere", algo así como os apesta el bienestar.
Y también "os apesta" la juventud, es fácil juguetear con la idea de la muerte si uno tiene 20 años, la carne firme (que decía Serrat), y la sangre fresca. Pero morir no es una broma, es el fin de todas las bromas, y de todo lo serio, de todo lo que soñamos y de aquello de lo que disfrutamos.
Mayor, pero lleno de amores y de intereses se ha muerto el padre de R., un hombre que enseñó bien a sus hijos y a sus nietos a ser honrados y buenos y que disfrutó siempre de su amor a la sabiduría y a aprender cosas, especialmente de su pueblo, Madrigal de las Altas Torres y que por este cariño y su afán de conocer, fue internauta tardío. Como ocurre a menudo no pude estar con R. sujetando su corazón desbocado y echando una mano en lo que se pudiera, pero igual estaba mi voluntad y mi mente con ella, en estas fechas de celebración de la muerte tan curiosamente oportunas.
Morir no tiene ninguna gracia, y deja solos a los que queremos.
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